lunes 2 de enero de 2012

La imagen como herramienta de denuncia

Unido a la fotografía desde hace 12 años, Gabriel Galan se volcó al oficio documental en la búsqueda de un relato que tome partido y supere los patrones estéticos. Meses después de haber montado su muestra Realidades Encontradas en el Centro Cultural Islas Malvinas, dialogó con La Pulseada sobre su recorrido, los alcances de la obra y la necesidad de que la imagen motorice conciencias.

Por Josefina Garzillo


El fotógrafo puede ser efímero; no su mirada, no su acción.
Abocado a dar testimonio de su contexto a través del documentalismo, Gabriel Galan reniega de las visiones objetivistas. Argumenta que “los trabajos siempre van a estar atravesados por nuestra vida y nuestra historia”. Primero fueron las artes plásticas, hasta que la fotografía lo atrapó: “Tenía 24 años, ya estudiaba fotografía, pero era algo que mantenía en segundo plano. En unas vacaciones por la Quebrada de Humahuaca e Iruya me di cuenta de que empezaba a romper con el método que había aprendido, porque las situaciones me lo demandaban. Sin saberlo, estaba haciendo documentalismo de cada cosa que vivía, entrando en relación con la gente, compartiendo, aprendiendo. Cuando volví a La Plata me aboqué de lleno y ya no quise salirme de ese camino”.
Gabriel prepara mate, mientras despliega sus trabajos. La serie de Realidades Encontradas, las imágenes del recorrido por el norte y muchas otras, se irán sumando a la mesa de su cuarto-estudio durante las dos horas de charla.
Mientras repasa aquellos primeros registros documentales que determinaron su modo de hacer y entender la fotografía, reflexiona sobre el oficio: “El impacto de estar inmerso en una situación de tensión te pone en perspectiva con la responsabilidad que estás asumiendo. El documentalismo –agrega- constituye la herramienta a través de la que se puede expresar e informar sobre el pulso de nuestro contexto, dando a conocer ciertas cosas con toda la fuerza que la imagen posee como herramienta de denuncia”.
Consciente de que las escuelas de la imagen no forman en esa ramaGalan explica que debió desandar el camino del método y la estructura aprendidos para incursionar de manera autodidacta en un modo de registro más profundo. “En la mayoría de los casos, el alumno recibe un ambiente de estudio armado, con una iluminación direccionada y con pocas posibilidades de explorar más allá de ese ambiente montado. Me costó mucho salirme de esa primera educación que recibí, que es netamente ‘paisaje urbano’, un tipo de rama que hace mucho hincapié en la composición, una foto muy estructurada en función del equilibrio del espacio y los objetos; todas herramientas muy útiles, pero que en demasía hacen desviar la vista del pulso social que tiene una escena”.
Recuerda que en ese momento se “mantenía haciendo eventos, cosa que no era mi meta, pero me ayudaba a solventar mis clases y a la fotografía documental no la entendía mucho, era la pata en la que me faltaba incursionar. Cada foto que hacía era una postal, fotos muy bellas, pero le faltaba sentimiento, le faltaba sangre. Ese viaje implicó un quiebre. Antes decía que hacía fotografía; recién a la vuelta asumí un rol definido y me dije ‘soy fotógrafo’”.



El lugar de los pibes
Su serie Realidades Encontradas, expuesta en mayo en el Centro Cultural Islas Malvinas, buscó generar un espacio para discutir el modo en que se aborda la problemática de la inseguridad. Las imágenes fueron recolectadas en los distintos hechos policiales que cubrió para el Diario Hoy y el sitio de comunicación colectiva Indymedia.
Galan recuerda el impacto de aquella muestra“Mucha gente se acercó a agradecerme, a alentarme y otros a decirme que no podía estar mostrando eso, que era de mal gusto”. Mientras los visitantes recorrían la sala, un audio relataba aquello que el fotógrafo había experimentado durante los registros: “Mi realidad fue estar ahí, chocando con otras. (…) Mostrar la mía en estas imágenes, es mostrar la de otros también. Delincuencia, necesidad, gatillo fácil, impunidad, responsabilidades, diferencias e indiferencias, faltas y sobras. (…) La realidad de uno afecta en la del otro y viceversa. Las responsabilidades asumidas y aquellas a las que les damos la espalda, constituyen otra forma de crear una realidad. (…) Aquí me paré para capturar estas imágenes”.
Pensar una serie que discutiera las escenas y la concepción del delito, surgió después de que Gabriel se acercara a una jornada de la Asamblea Permanente por los Derechos de la Niñez, donde trabajó sobre la brutal represión que la policía ejerció en 2008 contra los chicos que dormían en Plaza San Martín. A partir de ahí, se dedicó a recolectar material durante dos años. “Emprender este trabajo fue chocarme conmigo mismo, con mi realidad y la de los otros y esos otros eran chicos en su mayoría. Hablo de ‘realidades encontradas’ porque es ese el concepto que incluye a la infinidad de escenas que viven en cualquier hecho policial. Ese cruce fue lo que me llevó a preguntarme ¿qué hago con todo esto, desde qué punto lo muestro? ¿Voy a mostrar algo frívolo, manteniéndome a un costado o voy a tomar partido? El modo en que se están haciendo las cosas no está bien. El miedo y el rechazo de la opulencia generan violencia. Es necesario que se haga algo por los chicos. Esa es mi posición porque ellos deben estar bien. Con el trabajo apunto a por lo menos generar conciencia”.
La muestra concluía con la imagen de unos nenes saltando a la soga. “Ese es el lugar que deben ocupar, quería que mi visión quedara bien clara”, asegura para La Pulseada.

Alrededor de La Mandarina

Días después de haber presentado Realidades Encontradas, Galan comenzó a darle identidad al proyecto de La Mandarina, un grupo que gestó dos instancias de encuentro entre fotógrafos de la ciudad, a través de muestras temáticas y colectivas.
Gabriel explica que “a la fotógrafa Fátima Pérez le habían ofrecido un espacio en la casa Nuestramérica de 60 entre 16 y 17, donde doy un taller de fotografía documental, y así surgió la posibilidad de explotar culturalmente una de sus salas. Nos propusimos organizar ciclos de exposiciones donde la persona que no tenía posibilidad de colgar en una sala porque recién estaba arrancando, pudiera cruzarse con quienes tienen 30 años de oficio, para que se relacionen y proyecten en conjunto”.
Durante sus dos ediciones, La Mandarina nucleó a diversos autores que trabajan en el documentalismo, con el fin de pluralizar las miradas sobre una misma temática. “Mantener la disposición visual de una sala es importante para que las obras se aprecien. Para esto decidimos hacer una selección previa de todo lo recibido y así logramos que expusieran alrededor de 14 fotógrafos”.
El grupo eligió llamar Frida Kahlo a su sala de exposición. Es por eso que el primer montaje colectivo se pensó en función de La mujer y el compromiso social. “La propuesta estuvo dirigida a fotógrafas y la respuesta fue inmensa. La segunda convocatoria también contó con una repercusión relevante dentro de las redes sociales y quienes participaron, lo hicieron bajo la temática: Contextos de trabajo”.
“Somos muchos los fotógrafos en La Plata y por esto, más allá de la exposición en sí, intentamos propiciar un ambiente donde cruzarnos, intercambiar opiniones, mirarnos y conocernos. El abaratamiento de la tecnología ayudó mucho; si bien aprender continúa siendo caro, antes esta era una disciplina para muy pocos. Con La Mandarina -concluye Galan- buscamos retomar el aspecto positivo que conlleva que cada vez más gente se acerque a la foto y aprovechar la diversidad de perspectivas que van surgiendo”.

viernes 23 de diciembre de 2011

Terrorismo legislado. Un insulto a la democracia

Mientras los vecinos de Famatima son víctimas de espionaje por defender sus derechos, oponiéndose a la explotación minera de Osisko Mining, el oficialismo abraza el proyecto de ley antiterrorista para continuar criminalizando la protesta. Entre las personas marcadas por la empresa figuran "concejales, familiares del intendente, jubilados, empleados, productores y demás vecinos que se acercaron a la asamblea contra la minera contaminante. La jerga de la lista es idéntica a la de los grupos de tareas de la dictadura".
El mismo 10 de diciembre en que asumió a su segundo mandato, Cristina solicitó la inclusión del proyecto de ley antiterrorista en el temario de Sesiones Extraordinarias. "Desoyendo la oposición de mas de 80 organizaciones territoriales de todo el país, las recomendaciones de Abuelas de Plaza de Mayo y el férreo rechazo de HIJOS, el oficialismo ayer sancionó el proyecto de ley antiterrorista".
“'Que se aprueben estas reformas puede producir un efecto de desmovilización, temor y amenaza penal. (...) El mensaje político es que se habilita a usar la justicia para restringir los derechos, más que para protegerlos'. Estas son declaraciones de Gastón Chillier, director Ejecutivo del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), entidad que junto a organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) motorizó el rechazo a la norma presentada por Cristina Fernández, Aníbal Fernández y Julio Alak.
Otro costado siniestro del  'mensaje' implícito en esta ley es agitar la palabra 'terrorismo' en un país que ha sabido hacer desaparecer a 30.000 personas

La reforma duplica las penas, lo cual convierte en no excarcelables a los supuestos delitos. La Ley en sus fundamentos plantea: 'quedan terminantemente excluidos de cualquier interpretación criminalizante los hechos de protesta social'. Chiller replica: 'El problema es que una persona puede ser encarcelada y mucho después, la justicia le reconoce que estaba ejerciendo sus derechos constitucionales, pero mientras tanto queda presa durante años y años, porque la figura penal que le aplican no es excarcelable'". 
Datos de los Informes de LaVaca: http://lavaca.org/notas/terrorista-sos-vos/ y la Red de Asistencia Jurídica contra la mega minería (RedAJ), a través de Observatorio Petrolero Sur: http://opsur.wordpress.com/2011/12/22/ley-antiterrorista-para-tods-o-la-fuerza-del-gafi/
                                                                               

lunes 21 de noviembre de 2011

Los que pierden la vida por defender su territorio - El país que no se cuenta



A raíz del asesinato de Cristian Ferreyra, -integrante del MOCASE- en Santiago del Estero, el periodista Darío Aranda (quien trabaja con las comunidades desde hace años) publicó dos notas en Página12, que fueron editadas sin su previo aval. La del día viernes salió sin el párrafo donde la organización apuntaba a la responsabilidad del Gobernador Gerardo Zamora[1]. Hoy sábado el diario volvió a violar los derechos del trabajador, no cumpliendo con el acuerdo de publicar la nota tal como Darío la había entregado. Además de alterar seriamente el primer párrafo del texto, el diario mantuvo su firma.

El reciente asesinato de Cristian y la desinformación que impera en los grandes medios sobre el hecho, llama a reclamar por una causa que apila crímenes impunes. “En sólo dos años fueron asesinados cuatro militantes por la defensa del territorio. En ningún caso están detenidos los autores materiales ni intelectuales”, detallaba Aranda. Esta nueva muerte se suma a una triste lista histórica, en donde la represión continúa siendo la respuesta principal a un reclamo de cinco siglos.
El viernes, mientras distintas organizaciones se reunían ante la casa de Santiago del Estero en Buenos Aires, y en los Tribunales y la Gobernación de Santiago para demandar el esclarecimiento del asesinato, el portal oficial Télam titulaba:  ”La muerte de un campesino fue por una disputa entre vecinos”.
A través de Internet Darío difundió: “La nota que hoy aparece en Página12 con mi firma no se corresponde con la que escribí. Específicamente el primer párrafo (lo más importante de una nota periodística). Un derecho básico de los periodistas es tener la posibilidad de retirar la firma. No me han respetado ese derecho. Por este oficio que abrazo y por las organizaciones sociales en lucha (y por los asesinados por este modelo extractivo) es imprescindible esta aclaración”
La cabeza original de la nota, acordada con el editor decía: “Asesinado por el agronegocio. Cristian vive, la lucha sigue”, resumía la extensa bandera al frente de la marcha que ayer reclamó justicia por el asesinato del campesino santiagueño Cristian Ferreyra, ocurrida por una disputa territorial.El Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), donde militaba Ferreyra, enumeró cuatro niveles de responsabilidad: el modelo agropecuario, el gobernador Gerardo Zamora, el Poder Judicial provincial y el Gobierno Nacional. Desde la puerta de la Casa de Santiago del Estero en Buenos Aires el vocero del MNCI, Adolfo Farías, fue explícito: “Hacemos público que vamos por el Gobernador, es el responsable de las represiones. No habrá más asesinatos en el monte santiagueño. También hubo marchas en Santiago y Córdoba”.
Finalmente el diario publicó: “Asesinado por el agronegocio. Cristian vive, la lucha sigue”, resumía la extensa bandera al frente de la marcha que ayer reclamó justicia por el asesinato del campesino santiagueño Cristian Ferreyra, ocurrida por una disputa territorial. La marcha partió del Obelisco, se dirigió por avenida Corrientes y terminó en Florida 274. Dos cuadras de personas y dos consignas que se repitieron: “¿Quiénes somos? Campesinos. ¿Qué queremos? Tierra, trabajo y justicia” y “Alerta que camina la lucha campesina por América latina”.

Ante estos hechos de atropello al reclamo campesino, medios y organizaciones debemos manifestamos en repudio a la censura, demandando el esclarecimiento por el asesinato de Cristian.


[1] “El gobernador Gerardo Zamora, que no respondió los llamados de este diario, va por su segundo mandato y denominó a la provincia como la “capital nacional del kirchnerismo” luego de obtener en las últimas elecciones el 82 por ciento de los votos. Se autodefine “radical k”. El Mocase lo señala –en cuanto a la represión al campesinado– como la continuidad del juarismo”.

viernes 18 de noviembre de 2011

El derecho a la tierra: un reclamo centenario

En 2010 Darío Aranda publica un trabajo sobre resistencias indígenas en Argentina, donde deja en claro el punto de lucha y encuentro más importante de todas las organizaciones del país: "En la lista de derechos básicos, el primero siempre es el mismo: 'Territorio', entendido con la carga de costumbres, cultura e historia, y no como un bien económico; por eso no utilizan la palabra tierra".

El reciente asesinato de Cristian Ferreyra, integrante del MOCASE - Vía Campesina, en Santiago del Estero, llama a reclamar por una causa que apila crímenes impunes. "En sólo dos años fueron asesinados cuatro militantes por la defensa del territorio. En ningún caso están detenidos los autores materiales ni intelectuales". Su muerte se suma a una triste lista histórica, en donde la represión continúa siendo la respuesta principal a un reclamo de cinco siglos.

Hoy, mientras distintas organizaciones se reunían ante la casa de Santiago del Estero, en Buenos Aires, y en los Tribunales y la Gobernación de Santiago demandando el esclarecimiento del asesinato, el portal oficial Télam titulaba:  "La muerte de un campesino fue a causa de una disputa entre vecinos".
Dejo el texto completo de Aranda, con el párrafo que Página/12 no quiso publicar.

ASESINAN EN SANTIAGO DEL ESTERO A UN CAMPESINO MILITANTE DEL MOCASE
Otra víctima por defender su territorio
Cristian Ferreyra, de 23 años, fue baleado por dos hombres cuando intentó resistir un desalojo en el campo donde vivió toda su vida. Desde el Mocase denunciaron que los homicidas trabajan para un empresario agropecuario de la zona.
Por Darío Aranda


Legisladores y dirigentes de distintos sectores expresaron su repudio en una conferencia de prensa en la Cámara de Diputados.
Imagen: Pablo Piovano.

Cristian Ferreyra nació y vivió sus 23 años en el mismo lugar: el paraje San Antonio, al norte de Santiago del Estero. Quería mantener una forma de vida que implica trabajar la tierra, criar animales, sembrar y cosechar su comida. Pero un disparo de escopeta lo hirió cuando se negó a dejar el territorio, pretendido por un empresario. “Esto es el Lejano Oeste, no se cumplen nuestros derechos, nos matan como animales”, denunció Marilena Santillán, compañera de militancia de Ferreyra e integrante del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase-Vía Campesina), con voz entrecortada, aún conmovida. También fue herido Darío Godoy, de 26 años. En los últimos dos años fueron asesinados en la Argentina cuatro campesinos e indígenas. La organización campesina denunció que la represión tiene directa relación con el avance del modelo de agronegocios, con la soja y la ganadería intensiva, sobre territorios comunitarios.
Ferreyra formaba parte de la comunidad indígena lule-vilela de San Antonio, que habita dos mil hectáreas comunitarias desde hace generaciones. A pesar de su juventud era identificado como un referente, tranquilo, pero decidido a permanecer en territorio ancestral, a 60 kilómetros de Monte Quemado. Desde hace dos años, la comunidad denuncia el acoso de empresarios que pretenden las tierras comunitarias: cierre de caminos vecinales, amenazas a niños cuando iban a la escuela y matanza de animales.
El miércoles, a la hora de la siesta, según contó ayer Jualián Roqué, un compañero de la víctima, llegaron hasta la casa de Darío Godoy dos personas encapuchadas. “Eran los hermanos Javier y Anton Juárez, dos guardias privados enviados por el empresarios santafesino José Ciccioli”, aseguró Roqué. “Buscaban a Cristian Ferreyra y, sin mediar palabra, le dispararon a sangre fría con una escopeta”, concluyó. Ferreyra falleció desangrado, ante la impotencia y desesperación de su esposa y su hijo de 2 años. Además fue herido Godoy (también integrante del Mocase), con disparos en las piernas. Aún permanece internado en el hospital. Los agresores huyeron y hasta ayer no habían sido detenidos.
“Mataron a Cristian porque era un joven fuerte, decidido a defender el territorio de sus padres y de su hijo. El hablaba, dialogaba, pero no negociaba el territorio. Por eso lo mataron”, lamentó Santillán y precisó que el ataque fue un día antes de una asamblea que iba a realizarse en casa de Ferreyra con el objetivo de definir un plan para frenar las topadoras.
El Mocase-VC emitió un comunicado: “Esto ocurre con complicidad y alevosía de parte de autoridades provinciales y funcionarios del Poder Judicial e instituciones como la Dirección Provincial de Bosques, que autorizó desmonte en un lugar donde viven familias campesinas indígenas de varias generaciones. A todos ellos los hacemos responsables directos del asesinato de Cristian”.
Desde el Mocase-VC, que integra el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), explicaron que las tierras ancestrales, que familias rurales y originarias habitaron durante generaciones, comenzaron a ser pretendidas por empresarios a medida que la frontera agropecuaria, principalmente para plantaciones de soja, comenzó a expandirse.
La Secretaría de Ambiente de la Nación precisa que Santiago es de las provincias líderes en desmonte: 515 mil hectáreas entre 2003 y 2007, un 72 por ciento más que entre 1998 y 2002. Avance del monocultivo y devastación de bosques tienen directa relación.
La soja transgénica con uso intensivo de agrotóxicos fue autorizada en 1996, cuando abarcaba una superficie de 6,6 millones de hectáreas en todo el país. En 2000 ya había trepado hasta las 10,5 millones. Y en la actualidad cubre 19,8 millones de hectáreas, el 56 por ciento de la tierra cultivada de la Argentina, 50 millones de toneladas de soja.
El geógrafo y docente Marcelo Giraud analizó el avance agropecuario en Santiago. En 1996, en la provincia había sólo 95 mil hectáreas con soja. En 2008 había saltado a 629 mil hectáreas y dos años después, en 2010, al record de 1,1 millón de hectáreas. “En sólo dos años aumentó un 75 por ciento”, afirmó.
La ONG Red Agroforestal Chaco Argentina (Redaf) publicó el relevamiento “Conflictos sobre tenencia de tierra y ambientales en la región del Chaco Argentino”. Hasta octubre de 2010 había contabilizado 164 conflictos de tierras y ambientales, casi 8 millones de hectáreas.
En sólo dos años fueron asesinados cuatro militantes por la defensa del territorio. El 12 de octubre de 2009 ejecutaron en Tucumán al diaguita Javier Chocobar. El 13 de marzo de 2010 falleció de un paro cardíaco frente a una topadora la campesina santiagueña Sandra “Ely” Juárez. El 23 de noviembre de 2010 fue asesinado en un corte de ruta el qom de Formosa Roberto López. El miércoles, la lista sumó a Cristian Ferreyra. En ningún caso están detenidos los autores materiales ni intelectuales de los crímenes.
El Código Civil establece el “derecho veinteañal”, que reconoce a quienes ocuparon y trabajaron un terreno durante dos décadas. Y también están vigentes leyes específicas para pueblos originarios (Convenio 169 de la OIT, Ley 26.160 de suspensión de desalojos, artículo 75 de la Constitución Nacional), pero (salvo excepciones) el Poder Judicial no aplica esas leyes.
“El asesinato de Cristian Ferreyra no va a quedar impune. Con toda la rabia y el dolor que sentimos, sus compañeros reafirmamos una vez más que en la defensa de nuestros territorios llegaremos hasta la últimas consecuencias”, advirtió el Mocase-VC. Diego Montón, del MNCI, aseguró: “El agronegocio se cobró otra vida campesina, esta vez la de un joven militante. No es posible la convivencia con el agronegocio, su lógica es de muerte y lucro, es un modelo donde no hay lugar para la vida”.


http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-181517-2011-11-18.html
Hoy a la mañana, a través de facebook, Darío compartió el párrafo que no fue publicado en el diario: "El gobernador Gerardo Zamora, que no respondió los llamados de este diario, va por su segundo mandato y denominó a la provincia como la “capital nacional del kirchnerismo” luego de obtener en las últimas elecciones el 82 por ciento de los votos. Se autodefine “radical k”. El Mocase lo señala --en cuanto a la represión al campesinado-- como la continuidad del juarismo".

martes 18 de octubre de 2011

Historia de los pueblos zafreros - Detrás del cañaveral


Para Revista Sudestada
Fotografías - Daniel Ayala

Nacieron ante la necesidad empresaria de tener a los obreros cerca de los campos. Ligados al poder político, muchos ingenios dominaron la región hasta su cierre durante el golpe de Onganía. Cuarenta años después Lules, Santa Lucía y Mercedes son algunas de las comunidades que continúan padeciendo los efectos de un desarme económico no subsanado.



Los crímenes que el derecho no contempla
Siguiendo la ruta de los ingenios cerrados hacia el sur, y a pocas cuadras de Lules, aparece Mercedes. El recelo ostentado por muchos luleños despunta preguntas por todas partes: ¿Qué fue de aquel lugar que supo ser el más importante de la zona? ¿Qué sucedió con sus trabajadores tras el cierre del ingenio?
Previenen de no ir: allí hay asentamientos que pueden ser foco de robos. Pese a que todos reconocen que la zona es tranquila, piensan que igual los pueden asaltar.
Las abuelas esperan a las nueve de la noche para sacar su silla a la vereda y ver pasar la noche. Las casas duermen con las ventanas abiertas. Recuerdo los televisores de la estación de micros de San Miguel, que por $1 proyectan los noticieros de Buenos Aires y la novela de las tres. "También nos pueden asaltar".
Con el correr del tiempo y los diálogos, se comprende qué quiere decir “Mercedes es inseguro”. Ya no hay trabajo, el ingenio que cerró hace más de 40 años es hoy un depósito de maquinarias y las familias tienen que conformarse con ganarse la vida recogiendo limones o frutillas, que son el orgullo del Municipio de Lules.
Mercedes es inseguro para los que aún se empeñan en habitarlo. La inseguridad emana de las puertas ya oxidadas del ingenio, del olor a puchero y caldo estirado que brota de las casas después del mediodía. En Lules también cerró la fábrica y las chimeneas de la construcción fueron demolidas hace un año. Una nena de 10 años no cena, tuvo la merienda a las 4 y a la noche tomará mate para ir a acostarse. Los separa una ruta angosta, los une el clamor de los más viejos por el cierre de los ingenios.
El primer cordón de Mercedes está formado por una seguidilla de construcciones, hechas a base de chapa y madera, resguardadas por un improvisado alambrado sostenido por cañas. Más adentro aparecen otras, las anteriores, esas levantadas a base de concreto, cuando el pueblo era la tierra de la abundancia y el trabajo. La comuna que se forjó ante la demanda del ingenio para tener a sus obreros alrededor ya no ofrece la opción de sobrevivir ajándose en las cosechas, ni los galpones tienen bajo llave la historia de sus vidas. La cercanía dejó de ser un bien preciado y la fábrica que supo ser el corazón geográfico de la zona, hoy yace en un extremo.

El Imperio del azúcar
Cuando en 1767 la corona española dictamina la expulsión de los jesuitas de todos sus territorios, son obispos y cardenales los que ocupan estos sitios, y lo reforman todo en 1880. El templo de Lules, ubicado al sur de la capital tucumana, queda librado al abandono, y las ruinas se convierten en eso: cáscaras de lo originario descubiertas recién en 2000. “Yo, el Rey” sentencia la carta que ordenó el destierro y hoy cuelga de una de sus paredes, reivindicando aquella primera historia que no pudieron borrar.
El siglo XIX se abre paso con el trapiche en las manos empresarias y así, la industria azucarera se convierte en el arsenal del “oro blanco” a costa de sus propias comunidades y trabajadores
 Hasta 1911 el gobierno salteño es deliberadamente manejado por los dueños del azúcar. Las gentilezas político-empresariales generan una rápida concentración fabril que reconfigura por completo la escena; de 82 ingenios se pasa a 34 en propiedad de pocos apellidos, apoyados por el tendido férreo en forma de abanico destinado a chupar las riquezas norteñas y venderlas a través del puerto de Buenos Aires.
Siglo XIX. Se erige el feudo. Indiferencia y represión son las respuestas estatales para quienes no se subyuguen a convertirse en mano de obra cautiva de los cañaverales. Avanza el siglo XX y con él, la nula aplicación de la regulación laboral de los 40 para proteger los minifundios.
El crimen es perpetuo. La Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera –FOTIA- sufre la persecución del Perón que tiempo antes sentaba las bases para su creación.
1968. Los años represivos del golpe de Onganía disparan a la resistencia obrera con el Operativo Tucumán: un plan de desmantelamiento que cierra 7 ingenios, y deja a 17 mil personas en la pobreza.
El sacrificio señorial para la buena cosecha. 1976, el golpe genocida secuestra y desaparece a los referentes más combativos de la FOTIA. Los pueblos norteños entran en los años 80 marcados por la desidia y el abandono. La oleada de privatizaciones iniciadas en 1990, con el cese definitivo de muchos ramales y estaciones de ferrocarril, descuartiza las economías regionales, destruyendo los incipientes emprendimientos y frenando el desarrollo de las comunas creadas por los ingenios. 


El hombre del cañaveral
A 40 años del cierre son contadas las voces que perduran de aquella época.
Sabino es del 30, año en que el golpe de estado de Uriburu quiebra la primera experiencia democrática del país. Bajo un contexto dictatorial afincado donde la corrupción se vuelve norma, cumple 8 años y entra al ingenio San Pablo (a 10 kilómetros de San Miguel) a ayudar a su padre en la recolección de caña.
El golpe festeja su primera década infame evidenciando las consecuencias del desguace estatal en los platos vacíos de las familias más pobres. En un punto pequeño del norte argentino, donde los dueños de la economía azucarera se fortalecen aliados al poder político, Sabino Ledesma también cumple 10 años. A la caza de peones jóvenes que cuesten monedas, un capataz mercenario del ingenio Mercedes lo lleva a la fábrica tentándolo con un puesto "el dueño anda buscando peladores de caña". Con la promesa de prosperidad, la familia se suma a la colonia del azúcar: un montón de casitas construidas alrededor de la empresa, con escuela y sala médica para que los obreros no necesiten alejarse 10 cuadras de su puesto de trabajo. Así la necesidad empresaria se asegura de mano de obra, fundando un pueblo por entero dependiente.
“Era una vida triste y era linda también”. Las sensaciones contrapuestas dan cuerpo al discurso de Sabino, que se exalta cuando recuerda a ese hermano suyo integrante de la FOTIA que hace años no ve. No quisiera hacerlo tampoco, algo de su tristeza inmensa tiene que ver con los dos; con esa necesidad de creer que si no hubiera sido por las huelgas que éste alentó, el ingenio no habría cerrado y él habría muerto un poco menos.
Ya está muy enfermo, por ahí se equivoque en algunos datos que te dé”, comenta por lo bajo su esposa, una mujer chiquita con la misma piel curtida y agrietada.
La casa de Sabino mira al ingenio y él pasa las tardes allí sentado y de frente. Cuando deja de ser interpelado vuelve, como en un acto instintivo, a mirar en dirección a aquellos galpones oxidados. Sus ojos lo atraviesan todo, cortando el aire caliente de las 2 de la tarde de enero.
En ellos su agotamiento se enfrenta a la furia hirviente de esta tierra que no lo parió para que lo oprimieran.
El día que pueda describirlos no existe.
La lucha que todavía no ganamos está en esos ojos.


Más al sur
El caso de Santa Lucía es similar al de Mercedes: ambos sufrieron el desarme de los años '60 y ninguna otra propuesta laboral estable se hizo eco en esas tierras más allá de la recolección de las plantaciones limoneras y las labores municipales que desempeña la mayoría de los habitantes a cambio de un plan de subsistencia.
El pueblo es un entramado de calles de tierra por las que de vez en cuando se ve algún grupo de niños y parejas de ancianos sentados en la vereda. Impacta la ausencia total de jóvenes; la cuarta parte de los habitantes está jubilada y la nula posibilidad de conseguir un trabajo expulsa a los adolescentes. Su impronta de tiempo detenido se desprende de la mole central y oxidada del ex ingenio. Hoy el predio es un depósito privado de productores de alcoholes de melaza -PAMSA-. La entrada está prohibida y los guardias miran con recelo la toma de fotografías.
Mientras, el contrafrente está cubierto por murales y prosas que también recuerdan. Sobre aquella pared la gente suma rezos en graffiti por la vuelta del trabajo y el fin de las brechas y el hambre.

Esta crónica Foto-Gráfica forma parte del trabajo Norte Profundo, un registro periodístico de Tucumán, Salta y Jujuy, realizado con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes. La totalidad del material se va publicando en www.norteprofundo.com.ar


martes 4 de octubre de 2011

Por una política de medioambiente responsable



“…estamos pagando el haber impuesto un modelo de vida cimentado 
en el querer tener más y más, sin importarnos que estábamos 
hipotecando la vida…” Enrique Leff

El deterioro de arroyos y canales, la contaminación industrial, la pesca ilegal y los problemas sanitarios y sociales causados por el tratamiento indebido de los residuos sólidos y electrónicos son las principales problemáticas socioambientales que afectan a la región de La Plata, Berisso y Ensenada.

Conscientes de la ineficacia de las políticas públicas en esta materia, distintas organizaciones  socioambientales elaboraron una Agenda Ambiental, destinada a los candidatos a concejales e intendentes de la región. El objetivo es que quienes asuman los cargos incorporen el tratamiento de estos temas en su gestión.
La nota completa en LTM

domingo 25 de septiembre de 2011

Jesús Olmedo: una misión social en la frontera


Imagen - Daniel Ayala
En un pueblo asediado por el desempleo y el clima, la organización social que surgió para resistir el desguace neoliberal en los ´90, hoy muestra sus frutos. Veinte años después de las primeras manifestaciones encabezadas por el cura Jesús Olmedo, la obra continúa fortaleciéndose.

“Señor Presidente: nos dirigimos a usted, para decirle que el pueblo de La Quiaca está en agonía, condenados a una muerte lenta (…) Nos negamos a desaparecer como personas y a ser los más indigentes entre los pobres, no nos callarán porque lo que pedimos es dignidad, este grito de silencio será escuchado y cuando quieran callarnos no podrán, porque hasta las piedras gritarán”.
Corría el año 2003 y el cura misionero Jesús Olmedo escribía esas palabras al entonces jefe de Estado Néstor Kirchner, como antes había hecho con otros dirigentes.
Olmedo es una voz fuerte de su pueblo desde que regresó al país en el ´91, luego de haberse exiliado durante la última dictadura militar. “La desocupación estaba haciendo estragos y la gente se estaba muriendo de hambre”, recuerda el panorama a su vuelta.
Decidido a no quedarse de brazos cruzados fundó la Comisión de Desocupados, con la que encabezaría los primeros cortes de ruta por pan y trabajo. Evocando parte de las reivindicaciones encarnadas por el Malón de la Paz que peregrinó por sus tierras en 1946 (La Pulseada 74), la Comisión organizó marchas hasta Jujuy y Capital Federal, cortando rutas provinciales e incluso el paso fronterizo.
A principios de los ’90 instalaron una carpa verde con un doble objetivo: reclamar puestos de trabajo y pronunciarse en contra del pago de la deuda externa. La manifestación se mantuvo durante un año, sostenida por muchas familias decididas a vivir ahí hasta que alguien las oyera. Sin embargo, la crucifixión de trabajadores fue el reclamo más efectivo que llevaron adelante. “Había que generar algo en los otros, mostrar hasta que duela”, recuerda Olmedo. Montaron cruces por toda la ciudad y 50 desempleados se crucificaron con las familias a sus pies.

 

La Quiaca

“Una vez que atrajimos a la prensa nacional e internacional y nuestra realidad comenzó a ser difundida, nos empezaron a tener un poco más en cuenta. Antes de todo esto la ciudad no se conocía, muchos hasta decían que era parte de Bolivia”. Jesús rememora aquellos episodios mientras camina por la vereda de la parroquia; el viento constante arrastra la aridez de la puna hasta nuestros pies. Ya en los primeros días de marzo el frío se mete en los huesos, “el clima es difícil, el aire es crudo hasta en verano”.
La Quiaca es para muchos un lugar de paso, sólo para los que están cercados de un lado y del otro por la frontera con Villazón, ese lugar representa el suyo; hostil, pero suyo. Considerada una de las ciudades más importantes de su provincia, pertenece al Departamento de Yavi que alberga apenas a 18 mil habitantes -el 0,04% del país-, pero sus valores de desempleo y desnutrición infantil afectan al 50%. Y la mitad de la población está desempleada. En suelo quiaqueño, la palabra industria resuena como el deseo postergado de familias enteras que se vuelcan al trabajo informal para sobrevivir.
En la Provincia de Jujuy, el ferrocarril pasó por última vez en 1994. Todas las estaciones quedaron abandonadas y cientos de familias, sin sustento. Hoy las antiguas construcciones fueron reconfiguradas en mercados de frutos y otros alimentos, lo que provee de una fuente de ingresos a más de un centenar de personas.
“No sólo nos enfrentamos al desafío de autogestionar puestos de empleo, que la gente tenga para comer, sino el ir tratando de desterrar la discriminación. Fueron y siguen siendo muchos años de olvido y opresión, por eso el silencio de la gente, la introversión y el temor a lo extraño, a lo ajeno”, dice Olmedo, que casi nunca usa el hábito. Su ritmo hiperkinético tiene mucho más que ver con el equipo de gimnasia y la boina a cuadros que lleva puestos mientras recorre la parroquia con La Pulseada. Allí va presentando a los distintos integrantes de la Comisión que están trabajando en las aulas cercanas a la iglesia, que “se encargan de coordinar talleres de capacitación”. Además de estas tareas el grupo mantiene un pequeño local de artesanías donde se ofrece información turística.
Olmedo advierte que la estigmatización racial sigue muy arraigada en ciertos ámbitos eclesiáticos. Recuerda que más de una vez debió cruzarse con religiosos que se horrorizaban al ver a su padrecito rodeado de kollas. “En una oportunidad yendo a Tucumán me crucé con una mujer, se decía muy creyente ella; cuando se acercó y me saludó, me preguntó: ‘¿A dónde va padre con esos chicos?’. ‘A Tucumán, para que ellos conozcan su tierra’, le dije y le salió del alma: ‘no vaya con esos kollas que nos van a dejar mal parados’”. 

Los ’70

La obra de Olmedo se remonta a cuatro décadas atrás, cuando en 1971 pisó por primera vez el país. Eligió La Quiaca como destino y educado bajo la línea claretiana, hizo carne la causa de pregonar por los más oprimidos. “Esta es una zona históricamente marginada por el Estado e incluso por la iglesia: cuando yo vine sólo había tres sacerdotes en toda la Prelatura de Humahuaca. Los primeros años fueron de puro conocimiento para mí, ya que desconocía por completo la zona. Todo este universo cultural me llamaba la atención y más aún el hecho de que se escondían de mí cuando celebraban sus costumbres, como si eso estuviera mal o fuera vergonzoso, hasta que comencé a acercarme a sus tradiciones y a ejercitarlas con ellos, como por ejemplo con el bello tributo a la Pachamama. ¡Tanto que se habla ahora de los ecologistas, pero si estas personas son ecologistas de siempre!”. En toda la Prelatura se extiende esta forma de entender y pregonar la religión, signada por el respeto hacia la cultura y las tradiciones originarias, como es el caso de Humahuaca en tiempos de Carnaval. El día del desentierro del diablo, que simboliza la liberación del pueblo, las comparsas se acercan a la iglesia y sus banderas y el festejo reciben una bendición.
Los primeros tiempos de Olmedo en suelo norteño coincidieron con el recrudecimiento de la represión militar y con ella, su necesidad por denunciar los atropellos a la comunidad. Recuerda que los primeros reclamos fueron por “el tremendo abuso que los militares cometían con las personas que atravesaban la frontera”. A eso siguió la denuncia de la represión a la huelga minera conocida como el “Aguilarazo” de 1973, donde un trabajador fue asesinado y otro desaparecido.
En esa ocasión y pese a las intimaciones recibidas, proyectó unos videos sobre estos hechos en un curso que estaba dictando en Tilcara. Lo delató la sobrina de uno de los jefes de la mina, que se encontraba en la sala, y la Federal apareció con tres vehículos militares. El episodio marcó el fin de su vida en Argentina.

 

La obra que camina

Con más de 27 años ininterrumpidos de trabajo, los integrantes de la Comisión están orgullosos de que muchas banderas por las que tanto lucharon hoy sean una realidad.
Detrás de la iglesia, donde en el año 2000 montaron la carpa verde contra la deuda externa, se construyó una guardería gracias a fondos obtenidos por entidades de España y a las donaciones que una familia otorgó luego de recibir una indemnización por sus hijas, secuestradas y desaparecidas por la dictadura del ’76. Ese espacio alberga a los hijos de desocupados que colaboran con los proyectos en curso.
También se levantaron barrios para las familias más necesitadas, un comedor escolar y una panadería comunitaria que hoy produce el pan para más de 50 hogares. Semanalmente las familias que más lo necesitan se inscriben en la lista del emprendimiento y reciben la vianda para todos sus hijos. Unas cinco personas, beneficiarias de un plan social, se encargan bien temprano de elaborar el pan y cuando esa tarea termina, la misma habitación se transforma en el comedor, donde otros cinco voluntarios cocinan para los casi 150 chicos que asisten de lunes a viernes.
Los fondos son también utilizados para el mantenimiento de un plan de mujeres tejedoras y la ampliación del plan de hogares.
Esteban Cruz, integrante de la Comisión desde su nacimiento, recuerda cómo fue su acercamiento a las iniciativas de Olmedo: “Para ir a la primera marcha a Buenos Aires a pedir trabajo me escapé de mi casa. Antes de sumarme le dije ‘no soy católico, yo tengo mis creencias’ y lo aceptó sin problemas; por eso la gente lo quiere, ayuda sin pedir nada a cambio. Cuando se terminaron de construir las casas, las entregaba a las familias más necesitadas sin preguntarles si creían o no en dios, eso no es lo importante para él”.
María, la presidenta del grupo, es una de las personas que se dedica a distribuir los planes sociales y a emplear temporalmente a quienes los reciben en distintas tareas comunitarias. “Todos los subsidios que conseguimos son gracias a Jesús y a su hermano Pedro, que es el obispo de Humahuaca y la concreción de las obras no hubiera sido posible sin la entrega de la Comisión, que surgió entre 20 jóvenes cercanos a la parroquia y se fortaleció con los años”.
“Muchas veces han resonado quejas desde la institución, pedían que me saquen”. Jesús sonríe sentado a los pies de la parroquia y desestima a esas voces, mientras hace un ademán satírico al cielo cuando se le nombran a los bloques más retrógrados de la Iglesia. “Son muchas las visiones que se pueden interpretar de un mismo evangelio, yo las respeto, pero a mi entender está clarito que Jesucristo tuvo sus opciones muy marcadas. En los tiempos en que vivió en Palestina se abocó a trabajar por los más marginados, las mujeres, los enfermos y los niños, enfrentándose a todos los poderes, el económico, el político y el militar”. 

El trabajo hormiga

A las 9 de la mañana se levantan las barreras del Puente Internacional. En La Quiaca y Villazón, de un lado y el otro, cientos esperan que eso suceda. Sólo hasta las 12 permanecen abiertas. En ese lapso de tres horas, los trabajadores hormiga harán carreras incansables para acarrear la mayor cantidad de cajas con alimentos hacia suelo boliviano. Por cada traslado obtendrán entre $0.50 y $2, mientras Gendarmería vigila los tiempos de esa frontera que representa la única fuente de ingreso de muchos.
Hombres y mujeres quiebran hacia adelante sus columnas para cargar hasta 3 cajas en un sólo tramo. El puente, una calle angosta de poco más de un metro de ancho alambrada de ambos lados, llega a tener hasta 3 hileras de almas que van y vienen. Un chiquito zigzaguea a los más lentos para depositar los kilos de harina que le entregaron del otro lado, mientras varias mujeres despliegan sus gastadas telas de aguayo para amarrarse el peso a la espalda. Son sólo tres horas y se corre incansablemente en una procesión desesperada.
“Una mañana hice 20 viajes… Creí que me moría. Junté 50 pesos y no me alcanzó para quitarme las dos cosas: el hambre y el dolor de los días que vinieron”. Olga ahora mira el tránsito frenético desde el otro lado del alambrado, no quita la vista casi en ningún momento: “a la gente no le gusta que la miren; yo estuve del otro lado; nada más lejano del placer. No entiendo y sí por qué tantos lo hacen. Cuando quisieron cambiar la forma de traslado, poner carros, todos se opusieron, interponiéndose en el camino”.
Años atrás la tarea de los cargueros era mucho más riesgosa. Luego de los acuerdos firmados entre ambos países se permitió el traslado libre de alimentos de primera necesidad a Bolivia. Un hecho se mantiene: el quiaqueño que traiga productos a suelo argentino sigue siendo acusado de contrabandista. “Nosotros no podemos traer nuestros alimentos de allá; si lo intentamos los gendarmes nos quitan todo. Hoy estamos sin trabajo, recibiendo un plan social de $150 e inevitablemente tenemos que adquirir nuestra comida en otro lado. Tenemos que pilotearlo, como decimos acá, correr mucho más que los que están sobre el Puente Internacional para lograr pasar algo”, argumenta Esteban desde la Comisión de Desocupados que reclama que se corrija la situación.
A unos metros, al costado del Puente, se abre la amplia calle que divide Argentina de Bolivia, que es el pasaje utilizado por todos los que no trasladen provisiones. Si es por unas horas los turistas pasan sin siquiera mostrar un DNI; del lado boliviano hay largas colas para iniciar los trámites de migraciones y poder pasar a otro país.

“Los planes sociales no son efectivos”

Muchas de las personas que no se abocan al trabajo hormiga en la frontera o en el mercado central, se ven obligados a convertirse en obreros golondrina en los meses de zafra o el cultivo y la cosecha de tabaco. Eso provoca altas cifras de madres solas que carecen de una fuente de ingreso para mantener al núcleo familiar. Desde la Comisión de Desocupados, María declara que muchas veces los planes no se aplican de acuerdo a las necesidades reales del lugar ya que ” las mujeres quedan desamparadas cuando el hombre se va por meses a trabajar a los campos, ni siquiera reciben la asignación universal, ya que el poder lo tiene el varón. El año pasado tuvimos muchos casos en los que necesitamos traspasarle ese poder a la mamá a través de abogados” y agrega que los nuevos planes “tampoco son efectivos” dado que no le demandan a la persona una contraprestación en ningún lado, le inhabilitan el acceso a los planes anteriores y si consiguen un trabajo lo pierden. “Ahora cobrás por cada hijo, y la realidad es que con $144 no alcanza. La mamá tiene que quedarse en casa y comer también con lo que recibe por ese chico”.
En sincronía con María, Esteban considera que estas implementaciones debilitaron la fuerza social de los distintos movimientos porque “alejaron a muchas personas que hoy se quedan en sus casas”.

* Esta crónica forma parte del trabajo Norte Profundo, un registro periodístico de Tucumán, Salta y Jujuy, realizado con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes.