sábado, 22 de noviembre de 2008



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lo más importante suele estar en la

Posdata



contraindicaciones:

Leer entre líneas



Agotada y reseca
Estrujada hasta la última gota

El invierno fue tan atroz
Que llegando al solsticio
La tierra, esteril,
Se agrieta

Arrancada su esencia vital
Unos cuantos la rearman de a migajas

La madre solloza en la tumba que aún no se cavó
“Oh nena, ¿qué hicieron con vos? ¿qué fue lo que pasó? No hallo tus piernas
Mi querida, vivías en una casa bajita, en las afueras de la ciudad,
Refugiada en aquella huerta labrada con tus manos trémulas, entorpecidas

Pobre hija
¡Si te hubieras visto escurriéndote entre las manos de la vida!
Quizá no hubiera sido… quizá…

..Señor ¿puede cavar más rápido? Tengo una reunión a las 10.

Hijita… mírate idiota
Al fin y al cabo te dejaste estar
Arrojándote a lo que te ofrecía el azar
¿Arroz, caviar? ¡Responde niña enferma!

Señor ¿me alcanza?
Si, si, esa caja de pañuelos, los perfumados

Oh mi niña pobrecita ¡Cómo te han dejado!
mirando hacia cualquiera parte
con los ojos ahuecados


Oh, maldición me estropeé el vestido con tanta tierra

Bueno querida vuelvo después del entierro, tengo cita con Horacio
Te traigo una docena de margaritas”


Uno busca / Se busca
en las sombras

quizá por cobardía

de hallar bajo la luz




algo demasiado bueno

lunes, 10 de noviembre de 2008





(mayo)





silencio absurdo


no hubo evaporación





el tajo que me gané


en la cara


fue a causa del silencio






silencio fúnebre



alarido introvertido





protágonico del silencio


ante la ausencia de algo más


que actores de reparto






silencio guardado en el sobre



alojado en un cajón



de entre todos los de la habitación.

domingo, 9 de noviembre de 2008



04:23


No puedo dormir,
Otra vez al insomnio
De los horarios cambiados
Los pedales,
La cuerda tan floja.
La ruta, hermosamente rota, tallada por arquitectos de oficio.

No más cenas religiosas de 21 horas cansadas
Ni despertadores asesinos del tiempo
La vigilia, cuando duermo
El sueño, cuando amanezca

Cigarrilos a deshoras
Letras corriendo en las venas
Vivas, exaltadas, voraces
Ansiadas de días

Vida,
No tránsito

Vida
Ardida
Hiriente,
Felicidad circunstancial

Ya no hay cápsulas que me protejan el cuerpo
No, lo que hay es vida,
Fulgurante, como ha de ser.

Las luces titilantes de mis amigas me guían si hay que llegar.

Cuidado cuidadoso de no cortar las alas,
Me acompaña, no me arrastra ni me lleva.


Todos los sobres me caen mal -salvo el de papel-
Sobre-protección
Sobre-presión
Sobre-cuidado

entre tanta ajena comodidad


Es tiempo de desechar las coberturas muebles,
La insipidez en las heridas
Recojo el polvo que junté para el olvido,
Lo absorbo,
Lo arrojo,
lo examino esparcido en la tumba
Cavada por mis manos temerosas.
Y escupo lo que resta en mi boca temblorosa,


Esta es mi última,
Gráfica saliva.



Vieja parábola de camas en iglues


I
No queda amor
Después de hacer el amor
Una piel tan firme, tan rígida
Y la otra, tan fría

II
Demasiada carnalidad
Para una cama de una sola plaza

III
La seducción cae en desuso
La boca
Y las uñas ya cansadas
arañan espacio en el colchón

IV
Brutal conexión
Para tan poco,
posterior reparo en el cuerpo del otro
que yace jadeante,
junto al otro aún más agitado.

Demasiada elevación para tan corto vuelo.

V
Los cuerpos ya no son cuerpos,
se vuelven cartones corrugados
que se frotan, y al hacerlo sienten escalofríos,
fruto de la posterior repulsión o el miedo…

VI
Demasiada elevación para tan corto vuelo,
piensa uno de los cuerpos
mientras lucha tibiamente contra el otro
por un pedazo más de frazada.

VII
Luego esos cartones
firman diplomáticas paces corrugadas
y se alejan
a descansar u olvidar
de aquel encuentro efímero;
que terminará en el cajón de los objetos conocidos y usados.

VIII
Demasiada elevación para tanto miedo a las alturas,
piensan ambos tendidos sobre las sábanas tibias
Y así respiran, tan extrañados uno del otro
tan asfixiados de la otra húmeda piel
que representa a la vez su enemigo y quizá, su kibbutz
.








Su columna vertebral

un camino de huellas dactilares.

Conciente de la irrelevancia de las cáscaras,
la mujer,
desnuda frutos con sus dedos.
Ella es origen y alimento.
Y en su energía,
el crepúsculo y ocaso del sexo.


-basado en la fotografía de Julia Sbriller-
El hombre de negocios se arranca la corbata
y corre sobre una rueda que vuela por el aire
Se deshace del cálculo rutinario,
del horario de oficina,
de la pestilente amabilidad forzada
de su comerciabilidad comprada en un bazar.

Se despoja,
libre del mandato familiar
que lo llevó a depositar su cuero en aquella silla
durante unas religiosas 9 horas diarias,

Ruge,
allí arriba

Tan por los aires,
Tan suyo
Tan consigo y sin más

(ahora se siente dios en otro rubro
el oxígeno no disipa ciertas cosas)


Basado en el video del Cirque du Soleil

Artículo






Él no se siente observado, ni siquiera se pregunta cuán expuesto está. Sus pensamientos vuelan hacia un tentador sándwich de jamón, mayonesa y aceitunas. Nunca estuvo en una cárcel de extrema seguridad, es un “buen” ciudadano y sólo quiere almorzar.
Él pasa por la esquina, dobla y se pierde entre otras historias con las que convive ligeramente.
La gente camina, corre, atraviesa cuadras a velocidad de rayo y se disipa entre sí misma. Él es un punto más en medio de aquella estampida de almas que forman su todo cotidiano.
Confía en su bajo perfil, armadura a base sumisión. Consigue un par de buenos tapones a prueba de los gemidos del cemento caliente y sigue camino. Él confía en su bajo perfil y lo cultiva con entusiasmo, mediante planes que diagrama mentalmente cada noche, antes de dormir.
Él se siente a salvo. Sólo se atemoriza cuando cruza la ciudad a las 3 de la mañana y, está dejando de hacerlo. Detesta la lluvia, colecciona paraguas y revistas de TC.
Él no ve venir el desastre, de ninguna índole. Recuerda lo bueno que estuvo su almuerzo. Dibuja un cronograma semanal de actividades y lo cuelga en su pared.
Él es rutina, mar sin oleaje. Él es coraza, hogar con cimientos de cristal. Se muestra huérfano de recuerdos que procuren hacerlo quebrar.
Él no admite que, de a ratos, lo asalta el aburrimiento por estar tradicionalmente “bien”.
Del trabajo a su casa, compra el diario para dejarlo durmiendo en el sofá. Él enciende la radio y tararea las canciones alegres que le canta cualquier dial.
Alguna voz extraña le comenta que alumno significa “sin luz”. Suena el timbre, un conocido. Mira la repisa de los objetos pequeños y comprueba que aún tiene un atado de cigarrillos sin estrenar. Él es fumador social.
Él está bien, bien, bien... Extenuantemente “bien”.

Él santifica el logro de la casa propia y, regularmente, la comparte con sus amigos; con quienes a su vez, coincide en la práctica de cualquier deporte para sentirse bien, ¡mejor aún!
Él nunca tiene que ingeniárselas para llegar a fin de mes. Su casa materna, aún hoy huele a jazmín.
Padece miedos que no asume para intentar, así, erradicarlos. Miedo a perder, a dejar de ganar, a cortarse y no saber como parar de sangrar. Él es fóbico a los grandes saltos, huye de cualquier riesgo al filo del dolor. Le gusta ir a los casinos, siempre y cuando tenga unos pesos para gastar.
Él no quiere más que rozar otra piel de manera trivial. En todo espacio, reduce sus encuentros a fórmulas concretas y sencillas. Se resguarda del dolor y de todo aquello que lo invite a arder.
Él es práctico, haya respuestas en informes de TV. Nunca oyó hablar de dudas existenciales, no se pregunta ¿por qué? o ¿por qué no?
Él se siente -y, piedad ante la repetición- bien, caminando en sentido recto por aquel camino trazado por otros con anterioridad.
Él quiere seguir dibujando en su cabeza los mismos planes que esbozó para el día de ayer.
Estoy segura, él seguirá pasando por esta esquina para luego, doblarla y perderse como siempre -como todos los esquematizados días de su vida- entre esas otras historias con las que convive ligeramente.


(Él es fragmento y desglose. O bien, la conjunción de rasgos de un sin fin de personas que conocí a lo largo de mis 19 años; incluyéndome)






marzo de 2007





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Los tenues y los otros
Algunos fluirán correctamente por su cauce hasta llegar al vacío,

al fin, al ocaso,

otros contra la vehemencia de la corriente

lucharán por ser grandes oleajes.

Estos últimos comenzarán sus días

sin rumbo delimitado,

mareados por el humo –que en la carretera-

existe antes que ellos.


Se sentirán borrachos, enfermos y hasta locos

enfrentándose a los primeros juicios de la corte social.

Se creerán errantes, equilibristas sobre las banquinas,

hasta aceptar que es esta su condición en el globo

“Patas Arriba”[1].


Más temprano que tarde, los ojos de los tenues

mirarán a través de enmarcadas imágenes de momentos felices

que les proporcionen seguridad

y sus vidas serán sólidas paredes que ayuden a ocultar

las debilidades que esconden en sus fueros más íntimos.


Y los otros, “locos”, “borrachos” y “enfermos”,

ya desembarazados de las artes del disimulo,

sentirán correr por su piel desnuda,

la experiencia plena y ardiente de los días.







[1] Eduardo Galeano

Furia

-pintura al óleo de Fabio Lafroce-





Contenida en la rutina/
De lunes a lunes venden furia por las calles/

sin envoltorio ni etiqueta/
sólo te grita ¡ahhhh, aquí estoy!/
y lanza una carcajada/
y se cuela entre tu ropa/
entre los orificios de tu crédula camisa desprendida


Maldita seas furia, te maldigo hasta mi muerte/
dilapido tus brotes perniciosos/ inoportunos/
flechas hirientes apuntando a los terceros, cuartos, quintos.

Eres plaga que se ofrece/
se regala/ se hereda y contagia.

Te veo cómodamente recostada en la cara de mis amigos y no puedo menos que absorberte/

Perversa, me siento a tu lado/
y jodida hasta nuevos cielos/
todos somos jodidos y lo estamos con vos.

¡Lejos, lejos!
Espera a que algún aviso se digne a llamarte/
perra incorpórea/
sí, incorpórea/
carente de formas/
te apoderas de un puñado de cuerpos vulnerables/
Tan miserable/
tan amiga de las futuras arrugas de mi frente/

Luego/ cuando te vuelves liviana


y liviana te escondes/
el cuerpo saborea el alivio de creerte lejos/
entregándose al estado letárgico que reina en toda ausencia




espiral






Niña ¿podrás barrer toda esta mugre que existe antes que vos?
¿Podrás crearte un espacio de paz entre tanto caos encapsulado?
3 meses,
Familia vieja
Oxidada
Cansada
Aunque te quieran
Llegarás a odiar a toda la mierda que te vio nacer.

Los golpes errados lloran contra las paredes que te envuelven
Te arropa una manta tejida en el miedo

El primer mes dijeron “no ve”
Se olvidaron de los sentidos restantes
No han de tener cuidado por ellos
Quienes confían en la vista

Mañana se preguntarán por qué no dormís
Por qué corrés a refugiarte en la plaza
en pijama, con un lápiz y un papel.

-Rompecabezas-

Y todo será historia contada
Vieja
Oxidada
Cansada
Pero andante.

La crueldad del sistema

El hombre tiene un trabajo mediocre que no le llega a los tobillos. 
El hombre brilla, persevera, pierde, gana y continúa jugando.
Brilla entre la ausencia, en la música, su catarsis absoluta.
Se desprende de un traje que no eligió para vestirse de sí mismo sobre cualquier escenario.
Más tarde o más temprano, frente a un espejo advierte el cínico reflejo del sistema que no admite la pasión en los actos, 
que obliga a perseguir la subsistencia, sublimando –uno a uno- los deseos.

El hombre enarbola su bandera en la tormenta. 
Y así persiste, del mediocre trabajo a su catarsis absoluta, 
rezándole a la oportunidad que lo arranque de esa inmunda necesidad.