domingo, 9 de noviembre de 2008


Vieja parábola de camas en iglues


I
No queda amor
Después de hacer el amor
Una piel tan firme, tan rígida
Y la otra, tan fría

II
Demasiada carnalidad
Para una cama de una sola plaza

III
La seducción cae en desuso
La boca
Y las uñas ya cansadas
arañan espacio en el colchón

IV
Brutal conexión
Para tan poco,
posterior reparo en el cuerpo del otro
que yace jadeante,
junto al otro aún más agitado.

Demasiada elevación para tan corto vuelo.

V
Los cuerpos ya no son cuerpos,
se vuelven cartones corrugados
que se frotan, y al hacerlo sienten escalofríos,
fruto de la posterior repulsión o el miedo…

VI
Demasiada elevación para tan corto vuelo,
piensa uno de los cuerpos
mientras lucha tibiamente contra el otro
por un pedazo más de frazada.

VII
Luego esos cartones
firman diplomáticas paces corrugadas
y se alejan
a descansar u olvidar
de aquel encuentro efímero;
que terminará en el cajón de los objetos conocidos y usados.

VIII
Demasiada elevación para tanto miedo a las alturas,
piensan ambos tendidos sobre las sábanas tibias
Y así respiran, tan extrañados uno del otro
tan asfixiados de la otra húmeda piel
que representa a la vez su enemigo y quizá, su kibbutz
.

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