domingo, 9 de noviembre de 2008






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Los tenues y los otros
Algunos fluirán correctamente por su cauce hasta llegar al vacío,

al fin, al ocaso,

otros contra la vehemencia de la corriente

lucharán por ser grandes oleajes.

Estos últimos comenzarán sus días

sin rumbo delimitado,

mareados por el humo –que en la carretera-

existe antes que ellos.


Se sentirán borrachos, enfermos y hasta locos

enfrentándose a los primeros juicios de la corte social.

Se creerán errantes, equilibristas sobre las banquinas,

hasta aceptar que es esta su condición en el globo

“Patas Arriba”[1].


Más temprano que tarde, los ojos de los tenues

mirarán a través de enmarcadas imágenes de momentos felices

que les proporcionen seguridad

y sus vidas serán sólidas paredes que ayuden a ocultar

las debilidades que esconden en sus fueros más íntimos.


Y los otros, “locos”, “borrachos” y “enfermos”,

ya desembarazados de las artes del disimulo,

sentirán correr por su piel desnuda,

la experiencia plena y ardiente de los días.







[1] Eduardo Galeano

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