martes, 28 de septiembre de 2010

Librar la lucha en medio de la fiesta



Fotografías - Daniel Ayala

“La cultura sale siempre de abajo: las clases altas se apoderan de las expresiones genuinas de la gente pobre; los cuadros de Van Gogh terminan en los museos. Y eso genera violencia. 
Los de abajo nunca pueden hacer catarsis con la cultura"
Korneta Suárez 


Hace más de dos décadas un grupo de vecinos organizaba un pequeño recital para festejar el 25 de mayo en el barrio de Lugano. Hoy el Ciudad Oculta Rock congrega a más de 10 mil personas, en donde con el mismo espíritu inicial se aprovecha la fecha para conjugar la alegría de la fiesta con sus luchas reivindicatorias



Es 25 de mayo y el micro, después de tomar por la Avenida Eva Perón, frena en Lisandro de la Torre. En el mediodía del barrio de Lugano, el Ciudad Oculta Rock está por empezar. La banda local Santo Infierno abre esta edición de un ciclo de música que se viene desarrollando desde hace 26 años gracias al trabajo de varios vecinos.
El cantante presenta al grupo y a los temas que recuerdan a los amigos que ya no están: “Pekín estaba detrás del escenario el 25 de mayo pasado; hoy está canción va para él”, dice mientras de las vallas cuelga una bandera con su nombre.
El Mono, organizador del encuentro desde hace más de 15 años, anuncia a los artistas y con la complicidad indiscutible que tiene con su gente pide vivas por la Patria y aplausos para todos los que cada año colaboran para hacer el festejo. “El arte no tiene fronteras, cada uno celebra a su gusto y nosotros lo hacemos tocando rock ´n roll. Ya saben… una lista larga de nombres debe estar arriba de una nube cagándose de risa”, agrega.




Nadie, y menos él, puede olvidar cómo comenzó todo: “En los primeros años el público entraba en una pieza. El recital se hacía dentro de los pasillos de la villa, pero el boca en boca generó esta maravilla de que hoy seamos más de 10 mil personas y podamos tener un escenario en la avenida para que se siga sumando al festejo gente de todos los barrios. Esta es la primera vez que recibimos ayuda del gobierno nacional porque se dieron cuenta de que esto va en serio. Trabajar acá es una forma de devolverle al barrio todo lo que me dio. Esta es su fiesta y va a seguir siéndolo por muchos años”.
Otra vez arriba del escenario y con un sol picante, atípico para fines de mayo, el Mono agradece y recuerda a las figuras entrañables que trabajaron duro en los primeros años del Oculta Rock: como Korneta Suárez y sus Gardelitos, como Pity y Viejas Locas, banda que volvería a actuar horas después. Los agradecimientos continúan durante toda la tarde. Con la lista se mezcla el recuerdo imborrable de cuando eran muy pocos y July, la mujer de Korneta, organizaba los primeros locros junto con los vecinos, que recibían a los pibes del barrio con una chocolatada.
El festival actual es bastante distinto de aquellos iniciales. Arranca al mediodía y termina a eso de las 20. Más de diez bandas le dan forma a esta fiesta “verdaderamente criolla del 25 de mayo”, como dice el Mono. Después de Santo Infierno le toca el turno a Se Va El Camello, un grupo de La Plata que actúa por primera vez en el Oculta Rock; continúan los Seda Carmín, después los temas de El Rey Katinga interpretados por un solista en versión acústica, más los conjuntos Percata, 7 Bancadas, Viejos Rastreros e Hijos del Oeste, con el cierre a cargo de Viejas Locas. Así van sucediéndose los grupos, muchos ya viejos amigos y colaboradores asiduos del encuentro.
   

La onda expansiva de la palabra

“Nos quieren desunir a través del miedo y… ¿saben por qué? Porque juntos podemos más”, afirma Pablo que no para de rasgar su guitarra con total conciencia e intención sobre el mensaje que busca dejar. Este es el segundo año que interviene como artista, pero viene participando desde mucho antes, detrás de escena y dentro del barrio.

Una vez abajo, continúa expresando todo aquello tiene por decir. Sabe que este 25 es simbólicamente particular. En sus palabras están muy presentes esos 200 años de historia tergiversada, de pueblos masacrados y olvidados. Sabe del movimiento interno que genera esa conciencia y, por sobre todo, de la lucha que se sigue librando para ganarle al silenciamiento. “Hemos tenido muchos héroes de bronce –asegura- para que nadie vea a los héroes de carne que verdaderamente lucharon por el país. Por eso escribí una canción con un amigo que luchó en Malvinas y le pedí que suba conmigo al escenario. La diferencia es una herramienta de poder virtual que se usa para dividirnos. Eso lo tenemos que tener claro. La única diferencia que existe entre las personas es el punto de partida, el lugar desde donde nos toca arrancar en esta escala piramidal. Todo el tiempo nos están inculcando la cultura de los productos sintéticos, para que nos volvamos inseguros de nuestra propia capacidad de producción. Nos ofrecen comida sintética, ropa sintética… En cambio, es necesario que se enseñe a sembrar y cosechar la tierra, dar herramientas para que todos nos sintamos seguros de nosotros mismos”. Mientras habla sobre la necesidad de poner fin a todos los métodos que debilitan el espíritu del hombre, mira la cantidad de gente que se sigue sumando al festival y se convence de que darle este festejo al barrio y a los que se acercan, es una forma de lograrlo.

La acción que sostiene el escenario

Yoana, una de las encargadas de la seguridad del Oculta Rock, participa desde hace años en diferentes trabajos barriales. Se decía que iba a estar Infantería, pero lo cierto es que la seguridad la hace la propia gente del barrio identificada con chalecos verdes. Los mismos vecinos cuidan a la gente y organizan este encuentro con un público cada vez más desbordante.
Yoana también forma parte del grupo que se reúne en torno al centro cultural La Esquina del Arte. Cuenta que un día, cansados de ver cómo sus amigos caían víctimas de la droga, “empezamos a trabajar con la idea de generar espacios en donde los chicos estuvieron en contacto con otras cosas. Organizamos festivales solidarios en donde ellos fueran los encargados de hacer los juegos de las kermesses y armamos talleres dentro de los comedores”.
La mayoría de los integrantes de este centro cultural tiene contacto con organizaciones políticas, de las que reciben donaciones, pero con parámetros ideológicos muy claros y consensuados: “No les ponemos banderas a los chicos. Ellos son fanáticos de Perón, Evita y el Che. Si deciden engancharse en alguna actividad, pueden hacerlo. Pero nadie va a subirlos a un micro para que estén en una marcha a cambio de algo”.
El proyecto más fuerte es quizá el iniciado en las paredes de esa Esquina de las Artes. Se invita a los jóvenes del barrio a que se acerquen y formen grupos para hacer pintadas. “Son jornadas de cinco horas, en las que los chicos están en contacto con un canal de expresión que les hace bien y disfrutan. Entendemos que la esquina tiene que seguir manteniendo su aspecto original. Es un descampado que limpiamos, arreglamos un poco y le pusimos unos toldos por el frío, pero sigue siendo un lugar al aire libre, en donde se sienten más cómodos. Por eso eligen quedarse y se animan a volver: sigue siendo su lugar”.
A las cinco de la tarde, el sol ya castiga menos y el público espera con ansiedad a las dos últimas bandas prometidas: Hijos del Oeste y Viejas Locas. Atrás del escenario, Yoana y otros compañeros empiezan a charlar sobre el futuro ciclo que finalmente se hizo el 9 de Julio en el que se juntaron libros y alimentos. El Mono mira admirado a toda la cantidad de gente ya congregada sobre la avenida. Y así, mientras transcurren el tiempo y las bandas, va tomando forma el último tramo del festival. Esa conquista del espacio, de la palabra y del festejo que se hace carne en cada Oculta Rock.



No hay comentarios: