domingo, 17 de octubre de 2010

Ser solos, y solos desgarrar


“(…) y los locos corren sin temor al mareo(…)”
L.A.S –Guitarra Negra-



Acomoda algunos cables y vocaliza dos minutos punteada por su guitarrista, mientras una mayoría desconocida los observa. Para ellos ni escenario ni gran sonido; carencias del músico oficio que se presenta desnudo con la voz y un instrumento.
Sofía se sienta mientras Felipe esgrime los primeros acordes de una eléctrica penetrante.
Una voz grave y abrazante nos cubre a todos, y el ambiente, definitivamente deja de ser el mismo.
Afuera oscurece y adentro estamos ciegos, por ese deseo furioso de potenciar la escucha. Son las 7 de la tarde de un domingo en El Pasillo de las Artes.
Con un caudal y una energía en la voz, de esas que dejan detenido al que escuche, como el apasionado y furioso talento de Edith Piaf, Sofía Ruvitoso ancla su énfasis en las formas y el decir.
Les piden más, por supuesto, nadie quiere salirse de esa hipnosis sonora.”No nos quedan, las otras son con el teclado pero no lo trajimos” dice algo sorprendida mientras revuelve la carpeta que sostiene con un atril.
Suma de Vacíos es de esos hallazgos que salvan los días y alegran con su sola existencia. Artistas de tarea, puro oficio y talento.
Ellos, inteligentemente, dirían su nombre al final para no cortar con diplomacias el conmovedor clima generado.

(Desconozco que habrá sido de los astros ese domingo de agosto, pero algo habrán tenido que ver)
A pocas cuadras de El Pasillo, la sala de ensayo Tupé festejaba su cumpleaños con feria y cierre a cargo de Shaman y la guitarra mágica.
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El frío traspasa los vidrios empañados hacia un adentro en que no quedan más de 20 personas, y el Señor se sube al improvisado escenario con una entrega digna de teatro a sala llena. Actos que embriagan de placer…
“Soy solo, soy uno y soy el otro”
Guitarra y voz. Sólo él. Y una Cátedra monumental sobre el quehacer de la música.
Sonríe cabisbajo durante los aplausos, atrapa del recuerdo los acordes y vuelve a tocar.
Guitarra mágica que abre paso al estado de trance, piezas profundas que se van concatenando dando una impresión de ópera ad infinitum. Y él es Sólo Uno.
Domingo solista y desgarrado, hechos dignos de plasmarse y hacer girar, aunque el relato nunca resulte a la altura. Habrá que valerse entonces del collage simbólico entre la compresión en las gargantas de los escuchas, el nivel de la entrega, y lo sublime de los climas surgiendo de la música.


(Quedan a nuestros pies también las gentilezas de la bendita tecnología para escuchar,
rememorar y descubrir)


Fotos

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