viernes, 10 de diciembre de 2010

entre paréntesis


El problema es cuando uno siente que no tiene nada para decir,
pero a la vez hay algo en el pecho que hace presión para salir
Quizá la impotencia ante la incapacidad personal hace que uno las categorice como extrañas,
cuando en realidad son cotidianos indescriptibles.




todo el silencio que circunda la habitación no es en vano
(es la exacerbación del temor)
y así él se termina volviendo lo más corpóreo del ambiente,
fiel expresión de ese temor que se impone,
y nos enfrenta para susurrarnos
“Acá estoy. Soy tu imposibilidad de decir
Soy tu pánico a abrir los ojos mientras me estás sabiendo,
Soy el temblor de tus labios por no nombrarme.
Soy todo el dolor tragándose lo que supiste bello alguna vez"

El silencio emerge profundo 
arremetiendo hasta con el vaivén del viento.

Cuando realmente estemos arrinconados, muertos de miedo
no quedará otra opción 

habrá que gritar
(lo más desgarrante que se pueda)