martes, 26 de abril de 2011

De la lucha por sobrevivir a la conquista de puestos de empleo

Nota publicada por Fosi Es para Prensa de PRISMA
Mejor hablar de ciertas cosas



De la lucha cotidina por el alimento y el plan, al logro de puestos de empleo, los cambios ocurridos al interior de las organizaciones sociales y territoriales denominadas piqueteras.

La lucha por puestos de empleo, ha sido una de las principales reivindicaciones de los Movimientos Sociales, Territoriales y de Trabajadores Desocupados, ante la masiva desocupación producida por la desarticulación económica y las privatizaciones de la “revolución productiva”, y que tuvo su máxima expresión en la crisis del 2001.

Ante la exigencia de puestos de empleo, el estado lo único que ofertaba a cambio era comida para los comedores y planes. En muy contados casos la lucha logró la conquista de puestos genuinos de empleo, que no alcanzaban a satisfacer la demanda. Ante la masiva participación en la lucha de las compañeras y la urgente necesidad aunque sea de alimentarse, durante el período de mayor crisis, la lucha se centró en reclamar alimentos y planes. Y a organizar comedores y emprendimientos productivos y comunitarios para continuar la lucha.

El sujeto que participa en los movimientos en su mayoría son mujeres con varios hijos que por lo general trabajan en limpieza por hora en casas particulares, hombres con baja calificación laboral y jóvenes sin oficio y que aún no consiguen acceder a un empleo estable. Una fase ascendente del ciclo económico profundiza esto.

Las primeras victorias en la lucha por puestos de empleo se dan cuando el nuevo ciclo económico está avanzado, a fines del año 2005 y comienzo del 2006, conquistando pocos puestos y de baja calificación en el estado, que podemos definir como precarizados ya que el ingreso se realiza mediante contratos individuales o cooperativas de trabajo, con salarios por debajo de los mínimos de convenio y por debajo de las mismas tareas que realizan los trabajadores de planta permanente.

La lucha hoy

La lucha por puestos de empleo toma un nuevo impulso a mediados del año 2009 con el anuncio del gobierno nacional del “Programa Argentina Trabaja”: la creación de puestos de empleo, para obras menores y mantenimiento de la vía pública municipal y provincial, con un salario de bolsillo de $ 1.200, y contratados a través de cooperativas de trabajo.

El programa creado tiene el objetivo de fortalecer las organizaciones sociales y a los intendentes del conurbano bonaerense que apoyan al gobierno nacional. Es implementado para fortalecer la red clientelar del estado a través de los intendentes y las organizaciones sociales y políticas que son parte del proyecto “nacional y popular” del gobierno kirchnerista.

Denunciando esta situación las organizaciones sociales de izquierda opositoras al gobierno emprenden la lucha por la incorporación de todos los desocupados al Programa Argentina Trabaja, exigiendo aún hoy la nacionalización del mismo, reclamando la igualdad de derechos para todos los trabajadores desocupados. Después de seis meses de lucha se logran las primeras inscripciones en el conurbano bonaerense a fines del 2009.

En la Ciudad de Buenos Aires el Programa Argentina Trabaja no se ha implementado, así como en algunos municipios del Gran Buenos Aires, porque las autoridades que los gobiernan no son afines al gobierno nacional. La lucha de las organizaciones sociales logró arrancarle una cantidad importante de puestos de empleo al macrismo. La misma continúa ante el incumplimiento en la cantidad de puestos obtenidos en la lucha.

Las asambleas semanales ahora ocupan un tiempo importante en resolver las nuevas dificultades que aparecen en cada cuadrilla de trabajo y en la lucha que continúa por más puestos de empleo. Esto sin abandonar las tareas diarias en los comedores comunitarios o en los emprendimientos productivos. Aparecen debates que giran alrededor de la conducta respecto a la tarea asignada y al horario, así como la lucha por aumento de salarios y mejores condiciones de empleo y el ingreso a planta permanente, contra la flexibilización laboral que nos impone el estado en su rol de patrón.

Los puestos obtenidos en esta etapa aún por fuera del Programa Argentina Trabaja, se caracterizan por ser contratos a través de cooperativas de trabajo constituidas por cada organización social. Esto obliga a las organizaciones a llevar una administración para liquidar los sueldos y pagar los impuestos que le corresponden a la cooperativa.

Son puestos de empleo flexibilizados en varios sentidos: con bajos salarios por debajo del convenio colectivo de trabajo, sin aguinaldo, vacaciones, ni días de licencia por enfermedad, embarazo, estudio, o día femenino; si un compañero o compañera falta hay que reemplazarlo, se trabaja con herramientas de mala calidad, la ropa de trabajo es escasa o no la hay, lo mismo que el calzado.

La imposición del contrato a través de la cooperativa también se suma a este modo de empleo flexibilizado, desligándose el estado de toda responsabilidad laboral, trasladando la responsabilidad legal al conjunto de los/as compañeros/as: por ejemplo pagar el seguro de trabajo, el monotributo que incluye jubilación y obra social, etc.

Si bien ha sido dura la lucha para obtener estos puestos de empleo, aún insuficientes en cantidad, el tener un número importante de compañeros/as trabajando coloca a las organizaciones sociales en una nueva etapa de la lucha, que ahora adquiere características sindicales.

A partir de esta nueva realidad se instaló el debate sobre la necesidad de conformar una asociación gremial con el objetivo de organizar a todos los trabajadores tercerizados, flexibilizados y precarizados. En este sentido resulta un importante primer paso la conformación de la Asociación Gremial de Trabajadores (AGTCAP) por gran parte de las organizaciones que estamos nucleadas en el “Frente Cooperativas Sin Punteros”.

Todo esto es parte de los desafíos que tenemos por delante los movimientos en esta nueva etapa de la lucha.

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