jueves, 25 de agosto de 2011

(Notita vieja que reencontré sobre la primera FLIA - La Plata, publicada en De Garage, allá por septiembre de 2009... En pocos días se viene la 7° en esta ciudad, mientras afloran por decenas en Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Rosario y Chile... La semilla avanza)
 
 
“La FLIA es un colectivo de gente que construye otras formas de hacer, escuchar y leer la cultura”

“Acérquense a registrarse señores, por favor, si aún no lo han hecho significa que no cuentan con el permiso correspondiente para circular”. Con megáfono en mano, en una de las calles de la avenida 60, un joven repasa su discurso de agente de control estatal e incita a los transeúntes a acercarse a efectuar el trámite. Detrás de él se ha improvisado una “mesa de registro” regenteada por un hombre de reglamentario suéter azul y pantalón gris, que aguarda la llegada de los “morosos” con el seño fruncido y respuestas imperativas: “¿Usted se registró? ¿No? Bueno, ¿qué espera para hacerlo? Firme acá y... ¡No se olvide el comprobante! Esto permite circular. ¡Señora, no se adelante!, ¿qué le pasa, qué necesita?, espere su turno”.
Con esta gran parodia hacia los sistemas estatales de obsesiva reglamentación, la Feria del Libro Independiente esgrime una de sus primeras cartas de presentación. Es 12 de septiembre, las puertas del Olga Vázquez están abiertas de par en par, en sus pasillos aguardan muestras artísticas de diversos matices, que van desde música en vivo hasta la escultura, pasando por montajes fotográficos y poéticos. Afuera la calle explota de vitalidad, la rambla de 60 entre 10 y 11 se encuentra minada de puestos de editoriales independientes, artistas callejeros recitan en prosa sobre un pequeño escenario, mientras un centenar de personas curiosea la infinidad de libros y objetos de diseño que se despliegan a todo lo largo de la cuadra.  Es la primera edición de la FLIA-La Plata, y son apenas las 2 de la tarde de un sábado.  
A través de distintos modos de difusión los integrantes de la FLIA se han venido convocando entre sí, haciendo correr la voz. Su espacio web www.flia-laplata.blogspot.com llama a: Editoriales y escritores independientes, Encuadernadores, Fotógrafos, Ilustradores, Pintores, Artistas visuales, Poetas, Músicos, Cineastas, Historietistas, Actores, Nosotros-Vos”
De esta forma se encuentran, anárquicos, libres del condicionamiento de habilitaciones que les permitan sacar de sus cuartos aquello que hacen, son y producen. Deciden nuclearse una tarde para que quienes quieran, oigan y vean el modo en que eligen difundir el arte y la cultura de la que son gestores; uniéndose bajo las premisas de una feria que se proclama autogestiva, alternativa, amiga y artística...
Una de las integrante del grupo Pupo, que diseña e ilustra tarjetas con dibujos propios, define a la FLIA como un  colectivo de gente que cree y lucha por lo que hace; en sincronía con la visión que uno de los redactores de la Revista Qué, periodismo maleducado, tiene sobre el espíritu de estas jornadas.
“La FLIA es una madre, aunque a muchos quizá no les guste esta palabra, que nuclea y une a un montón de organizaciones y personas, que están laburando de una manera distinta, alternativa y que cree en otras formas de hacer, escuchar y leer la cultura”. Quien habla es una de las representantes de la distribuidora Cinco pantalones (www.cincopantalones.wordpress.com), la cual trabaja con escritores independientes de distintas provincias del país. “Nuestra forma de trabajo consiste en ponernos en contacto con los escritores, pero totalmente alejados de los formalismos, ya que el trato es cara a cara y en su mayoría terminamos generando reuniones de amigos, en donde acordamos la forma en que vamos a trabajar con sus materiales. Esto lo hacemos porque confiamos en una forma distinta de trabajar, basada en una confianza total y recíproca entre ellos y nosotros, ya que de otra forma el trabajo nos aburre, no nos gusta, y no podríamos hacerlo”.
El tránsito constante dentro y fuera del Olga se extiende durante toda la tarde, la gente toca los libros, aprecia sus colores y la confección manual de muchos de ellos, compra algunos e ingresa al centro cultural para observar las exposiciones y comprar algún aperitivo que calme el hambre durante la jornada.
A lo largo de todo el día, en la sala principal del centro cultural, un grupo de más de diez solistas armoniza aquella escena, entre ellos Lautaro Barceló, Ale y Poli de Sr. Tomate, Pablo Nardo, Luvi Torres, Sebastián Coronel, Ezequiel Schaerer, Pablo Matías Vidal, tano Caccavo, Sebastían Lino, Javier Lioy y El Torito Baldasarri y Compinches. Más tarde, cerca de las 00, la feria cerrará el ciclo con recitales de 
Primer Hombre Internacional, Sr. Tomate, Tropel y Vatangueando, pero para esto faltan aún varias horas.
Cuando comienza a caer el sol, alguien –seguramente intrigado- se acerca a interrogar al joven disfrazado bajo la piel del burócrata que pregona la obligación de registro en medio de calle 60, y recibe como respuesta otra pregunta “¿Ya adquirió su permiso de consulta? Si no lo tiene no le puedo responder. Yo formo parte de una organización estatal que busca que la gente cumpla las normas impuestas, y ya ve, le estoy hablando y usted no tiene aún su permiso...No, no le puedo responder, no le puedo responder...”
“Nosotros estamos acá controlándolos, porque usted paga impuestos justamente para que el Estado lo controle, y bueno acá estamos, haciendo valer sus aportes”, el hombre que se ha auto encargado de la tarea de sellar los registros, se acoda en la pequeña mesa de madera y observa por encima de sus anteojos a la cola de gente que “le queda por atender”.
Ya es de noche, son alrededor de las 9, pero esto es sólo un detalle temporal,  ya que el ciclo continúa de forma aún más intensa que al principio.
 “¡Por favor señores, quien aún no se haya registrado, acérquese a la mesa, les recordamos que hoy vence el plazo para que realicen su inscripción y no queremos que a nadie le caiga la AFIP, ¿cierto?!”; a un costado de su compañero, y en medio de la multifacética escena que lo acobijó durante todo el día, el joven del megáfono continúa parodiando a todo aquel sistema fútil que sólo quiméricamente tiene lugar en el universo Fliante.