martes, 18 de octubre de 2011

Historia de los pueblos zafreros - Detrás del cañaveral


Para Revista Sudestada
Fotografías - Daniel Ayala

Nacieron ante la necesidad empresaria de tener a los obreros cerca de los campos. Ligados al poder político, muchos ingenios dominaron la región hasta su cierre durante el golpe de Onganía. Cuarenta años después Lules, Santa Lucía y Mercedes son algunas de las comunidades que continúan padeciendo los efectos de un desarme económico no subsanado.



Los crímenes que el derecho no contempla
Siguiendo la ruta de los ingenios cerrados hacia el sur, y a pocas cuadras de Lules, aparece Mercedes. El recelo ostentado por muchos luleños despunta preguntas por todas partes: ¿Qué fue de aquel lugar que supo ser el más importante de la zona? ¿Qué sucedió con sus trabajadores tras el cierre del ingenio?
Previenen de no ir: allí hay asentamientos que pueden ser foco de robos. Pese a que todos reconocen que la zona es tranquila, piensan que igual los pueden asaltar.
Las abuelas esperan a las nueve de la noche para sacar su silla a la vereda y ver pasar la noche. Las casas duermen con las ventanas abiertas. Recuerdo los televisores de la estación de micros de San Miguel, que por $1 proyectan los noticieros de Buenos Aires y la novela de las tres. "También nos pueden asaltar".
Con el correr del tiempo y los diálogos, se comprende qué quiere decir “Mercedes es inseguro”. Ya no hay trabajo, el ingenio que cerró hace más de 40 años es hoy un depósito de maquinarias y las familias tienen que conformarse con ganarse la vida recogiendo limones o frutillas, que son el orgullo del Municipio de Lules.
Mercedes es inseguro para los que aún se empeñan en habitarlo. La inseguridad emana de las puertas ya oxidadas del ingenio, del olor a puchero y caldo estirado que brota de las casas después del mediodía. En Lules también cerró la fábrica y las chimeneas de la construcción fueron demolidas hace un año. Una nena de 10 años no cena, tuvo la merienda a las 4 y a la noche tomará mate para ir a acostarse. Los separa una ruta angosta, los une el clamor de los más viejos por el cierre de los ingenios.
El primer cordón de Mercedes está formado por una seguidilla de construcciones, hechas a base de chapa y madera, resguardadas por un improvisado alambrado sostenido por cañas. Más adentro aparecen otras, las anteriores, esas levantadas a base de concreto, cuando el pueblo era la tierra de la abundancia y el trabajo. La comuna que se forjó ante la demanda del ingenio para tener a sus obreros alrededor ya no ofrece la opción de sobrevivir ajándose en las cosechas, ni los galpones tienen bajo llave la historia de sus vidas. La cercanía dejó de ser un bien preciado y la fábrica que supo ser el corazón geográfico de la zona, hoy yace en un extremo.

El Imperio del azúcar
Cuando en 1767 la corona española dictamina la expulsión de los jesuitas de todos sus territorios, son obispos y cardenales los que ocupan estos sitios, y lo reforman todo en 1880. El templo de Lules, ubicado al sur de la capital tucumana, queda librado al abandono, y las ruinas se convierten en eso: cáscaras de lo originario descubiertas recién en 2000. “Yo, el Rey” sentencia la carta que ordenó el destierro y hoy cuelga de una de sus paredes, reivindicando aquella primera historia que no pudieron borrar.
El siglo XIX se abre paso con el trapiche en las manos empresarias y así, la industria azucarera se convierte en el arsenal del “oro blanco” a costa de sus propias comunidades y trabajadores
 Hasta 1911 el gobierno salteño es deliberadamente manejado por los dueños del azúcar. Las gentilezas político-empresariales generan una rápida concentración fabril que reconfigura por completo la escena; de 82 ingenios se pasa a 34 en propiedad de pocos apellidos, apoyados por el tendido férreo en forma de abanico destinado a chupar las riquezas norteñas y venderlas a través del puerto de Buenos Aires.
Siglo XIX. Se erige el feudo. Indiferencia y represión son las respuestas estatales para quienes no se subyuguen a convertirse en mano de obra cautiva de los cañaverales. Avanza el siglo XX y con él, la nula aplicación de la regulación laboral de los 40 para proteger los minifundios.
El crimen es perpetuo. La Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera –FOTIA- sufre la persecución del Perón que tiempo antes sentaba las bases para su creación.
1968. Los años represivos del golpe de Onganía disparan a la resistencia obrera con el Operativo Tucumán: un plan de desmantelamiento que cierra 7 ingenios, y deja a 17 mil personas en la pobreza.
El sacrificio señorial para la buena cosecha. 1976, el golpe genocida secuestra y desaparece a los referentes más combativos de la FOTIA. Los pueblos norteños entran en los años 80 marcados por la desidia y el abandono. La oleada de privatizaciones iniciadas en 1990, con el cese definitivo de muchos ramales y estaciones de ferrocarril, descuartiza las economías regionales, destruyendo los incipientes emprendimientos y frenando el desarrollo de las comunas creadas por los ingenios. 


El hombre del cañaveral
A 40 años del cierre son contadas las voces que perduran de aquella época.
Sabino es del 30, año en que el golpe de estado de Uriburu quiebra la primera experiencia democrática del país. Bajo un contexto dictatorial afincado donde la corrupción se vuelve norma, cumple 8 años y entra al ingenio San Pablo (a 10 kilómetros de San Miguel) a ayudar a su padre en la recolección de caña.
El golpe festeja su primera década infame evidenciando las consecuencias del desguace estatal en los platos vacíos de las familias más pobres. En un punto pequeño del norte argentino, donde los dueños de la economía azucarera se fortalecen aliados al poder político, Sabino Ledesma también cumple 10 años. A la caza de peones jóvenes que cuesten monedas, un capataz mercenario del ingenio Mercedes lo lleva a la fábrica tentándolo con un puesto "el dueño anda buscando peladores de caña". Con la promesa de prosperidad, la familia se suma a la colonia del azúcar: un montón de casitas construidas alrededor de la empresa, con escuela y sala médica para que los obreros no necesiten alejarse 10 cuadras de su puesto de trabajo. Así la necesidad empresaria se asegura de mano de obra, fundando un pueblo por entero dependiente.
“Era una vida triste y era linda también”. Las sensaciones contrapuestas dan cuerpo al discurso de Sabino, que se exalta cuando recuerda a ese hermano suyo integrante de la FOTIA que hace años no ve. No quisiera hacerlo tampoco, algo de su tristeza inmensa tiene que ver con los dos; con esa necesidad de creer que si no hubiera sido por las huelgas que éste alentó, el ingenio no habría cerrado y él habría muerto un poco menos.
Ya está muy enfermo, por ahí se equivoque en algunos datos que te dé”, comenta por lo bajo su esposa, una mujer chiquita con la misma piel curtida y agrietada.
La casa de Sabino mira al ingenio y él pasa las tardes allí sentado y de frente. Cuando deja de ser interpelado vuelve, como en un acto instintivo, a mirar en dirección a aquellos galpones oxidados. Sus ojos lo atraviesan todo, cortando el aire caliente de las 2 de la tarde de enero.
En ellos su agotamiento se enfrenta a la furia hirviente de esta tierra que no lo parió para que lo oprimieran.
El día que pueda describirlos no existe.
La lucha que todavía no ganamos está en esos ojos.


Más al sur
El caso de Santa Lucía es similar al de Mercedes: ambos sufrieron el desarme de los años '60 y ninguna otra propuesta laboral estable se hizo eco en esas tierras más allá de la recolección de las plantaciones limoneras y las labores municipales que desempeña la mayoría de los habitantes a cambio de un plan de subsistencia.
El pueblo es un entramado de calles de tierra por las que de vez en cuando se ve algún grupo de niños y parejas de ancianos sentados en la vereda. Impacta la ausencia total de jóvenes; la cuarta parte de los habitantes está jubilada y la nula posibilidad de conseguir un trabajo expulsa a los adolescentes. Su impronta de tiempo detenido se desprende de la mole central y oxidada del ex ingenio. Hoy el predio es un depósito privado de productores de alcoholes de melaza -PAMSA-. La entrada está prohibida y los guardias miran con recelo la toma de fotografías.
Mientras, el contrafrente está cubierto por murales y prosas que también recuerdan. Sobre aquella pared la gente suma rezos en graffiti por la vuelta del trabajo y el fin de las brechas y el hambre.

Esta crónica Foto-Gráfica forma parte del trabajo Norte Profundo, un registro periodístico de Tucumán, Salta y Jujuy, realizado con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes. La totalidad del material se va publicando en www.norteprofundo.com.ar


martes, 4 de octubre de 2011

Por una política de medioambiente responsable



“…estamos pagando el haber impuesto un modelo de vida cimentado 
en el querer tener más y más, sin importarnos que estábamos 
hipotecando la vida…” Enrique Leff

El deterioro de arroyos y canales, la contaminación industrial, la pesca ilegal y los problemas sanitarios y sociales causados por el tratamiento indebido de los residuos sólidos y electrónicos son las principales problemáticas socioambientales que afectan a la región de La Plata, Berisso y Ensenada.

Conscientes de la ineficacia de las políticas públicas en esta materia, distintas organizaciones  socioambientales elaboraron una Agenda Ambiental, destinada a los candidatos a concejales e intendentes de la región. El objetivo es que quienes asuman los cargos incorporen el tratamiento de estos temas en su gestión.
La nota completa en LTM