lunes, 2 de enero de 2012

La imagen como herramienta de denuncia

Unido a la fotografía desde hace 12 años, Gabriel Galan se volcó al oficio documental en la búsqueda de un relato que tome partido y supere los patrones estéticos. Meses después de haber montado su muestra Realidades Encontradas en el Centro Cultural Islas Malvinas, dialogó con La Pulseada sobre su recorrido, los alcances de la obra y la necesidad de que la imagen motorice conciencias.

Por Josefina Garzillo


El fotógrafo puede ser efímero; no su mirada, no su acción.
Abocado a dar testimonio de su contexto a través del documentalismo, Gabriel Galan reniega de las visiones objetivistas. Argumenta que “los trabajos siempre van a estar atravesados por nuestra vida y nuestra historia”. Primero fueron las artes plásticas, hasta que la fotografía lo atrapó: “Tenía 24 años, ya estudiaba fotografía, pero era algo que mantenía en segundo plano. En unas vacaciones por la Quebrada de Humahuaca e Iruya me di cuenta de que empezaba a romper con el método que había aprendido, porque las situaciones me lo demandaban. Sin saberlo, estaba haciendo documentalismo de cada cosa que vivía, entrando en relación con la gente, compartiendo, aprendiendo. Cuando volví a La Plata me aboqué de lleno y ya no quise salirme de ese camino”.
Gabriel prepara mate, mientras despliega sus trabajos. La serie de Realidades Encontradas, las imágenes del recorrido por el norte y muchas otras, se irán sumando a la mesa de su cuarto-estudio durante las dos horas de charla.
Mientras repasa aquellos primeros registros documentales que determinaron su modo de hacer y entender la fotografía, reflexiona sobre el oficio: “El impacto de estar inmerso en una situación de tensión te pone en perspectiva con la responsabilidad que estás asumiendo. El documentalismo –agrega- constituye la herramienta a través de la que se puede expresar e informar sobre el pulso de nuestro contexto, dando a conocer ciertas cosas con toda la fuerza que la imagen posee como herramienta de denuncia”.
Consciente de que las escuelas de la imagen no forman en esa ramaGalan explica que debió desandar el camino del método y la estructura aprendidos para incursionar de manera autodidacta en un modo de registro más profundo. “En la mayoría de los casos, el alumno recibe un ambiente de estudio armado, con una iluminación direccionada y con pocas posibilidades de explorar más allá de ese ambiente montado. Me costó mucho salirme de esa primera educación que recibí, que es netamente ‘paisaje urbano’, un tipo de rama que hace mucho hincapié en la composición, una foto muy estructurada en función del equilibrio del espacio y los objetos; todas herramientas muy útiles, pero que en demasía hacen desviar la vista del pulso social que tiene una escena”.
Recuerda que en ese momento se “mantenía haciendo eventos, cosa que no era mi meta, pero me ayudaba a solventar mis clases y a la fotografía documental no la entendía mucho, era la pata en la que me faltaba incursionar. Cada foto que hacía era una postal, fotos muy bellas, pero le faltaba sentimiento, le faltaba sangre. Ese viaje implicó un quiebre. Antes decía que hacía fotografía; recién a la vuelta asumí un rol definido y me dije ‘soy fotógrafo’”.



El lugar de los pibes
Su serie Realidades Encontradas, expuesta en mayo en el Centro Cultural Islas Malvinas, buscó generar un espacio para discutir el modo en que se aborda la problemática de la inseguridad. Las imágenes fueron recolectadas en los distintos hechos policiales que cubrió para el Diario Hoy y el sitio de comunicación colectiva Indymedia.
Galan recuerda el impacto de aquella muestra“Mucha gente se acercó a agradecerme, a alentarme y otros a decirme que no podía estar mostrando eso, que era de mal gusto”. Mientras los visitantes recorrían la sala, un audio relataba aquello que el fotógrafo había experimentado durante los registros: “Mi realidad fue estar ahí, chocando con otras. (…) Mostrar la mía en estas imágenes, es mostrar la de otros también. Delincuencia, necesidad, gatillo fácil, impunidad, responsabilidades, diferencias e indiferencias, faltas y sobras. (…) La realidad de uno afecta en la del otro y viceversa. Las responsabilidades asumidas y aquellas a las que les damos la espalda, constituyen otra forma de crear una realidad. (…) Aquí me paré para capturar estas imágenes”.
Pensar una serie que discutiera las escenas y la concepción del delito, surgió después de que Gabriel se acercara a una jornada de la Asamblea Permanente por los Derechos de la Niñez, donde trabajó sobre la brutal represión que la policía ejerció en 2008 contra los chicos que dormían en Plaza San Martín. A partir de ahí, se dedicó a recolectar material durante dos años. “Emprender este trabajo fue chocarme conmigo mismo, con mi realidad y la de los otros y esos otros eran chicos en su mayoría. Hablo de ‘realidades encontradas’ porque es ese el concepto que incluye a la infinidad de escenas que viven en cualquier hecho policial. Ese cruce fue lo que me llevó a preguntarme ¿qué hago con todo esto, desde qué punto lo muestro? ¿Voy a mostrar algo frívolo, manteniéndome a un costado o voy a tomar partido? El modo en que se están haciendo las cosas no está bien. El miedo y el rechazo de la opulencia generan violencia. Es necesario que se haga algo por los chicos. Esa es mi posición porque ellos deben estar bien. Con el trabajo apunto a por lo menos generar conciencia”.
La muestra concluía con la imagen de unos nenes saltando a la soga. “Ese es el lugar que deben ocupar, quería que mi visión quedara bien clara”, asegura para La Pulseada.

Alrededor de La Mandarina

Días después de haber presentado Realidades Encontradas, Galan comenzó a darle identidad al proyecto de La Mandarina, un grupo que gestó dos instancias de encuentro entre fotógrafos de la ciudad, a través de muestras temáticas y colectivas.
Gabriel explica que “a la fotógrafa Fátima Pérez le habían ofrecido un espacio en la casa Nuestramérica de 60 entre 16 y 17, donde doy un taller de fotografía documental, y así surgió la posibilidad de explotar culturalmente una de sus salas. Nos propusimos organizar ciclos de exposiciones donde la persona que no tenía posibilidad de colgar en una sala porque recién estaba arrancando, pudiera cruzarse con quienes tienen 30 años de oficio, para que se relacionen y proyecten en conjunto”.
Durante sus dos ediciones, La Mandarina nucleó a diversos autores que trabajan en el documentalismo, con el fin de pluralizar las miradas sobre una misma temática. “Mantener la disposición visual de una sala es importante para que las obras se aprecien. Para esto decidimos hacer una selección previa de todo lo recibido y así logramos que expusieran alrededor de 14 fotógrafos”.
El grupo eligió llamar Frida Kahlo a su sala de exposición. Es por eso que el primer montaje colectivo se pensó en función de La mujer y el compromiso social. “La propuesta estuvo dirigida a fotógrafas y la respuesta fue inmensa. La segunda convocatoria también contó con una repercusión relevante dentro de las redes sociales y quienes participaron, lo hicieron bajo la temática: Contextos de trabajo”.
“Somos muchos los fotógrafos en La Plata y por esto, más allá de la exposición en sí, intentamos propiciar un ambiente donde cruzarnos, intercambiar opiniones, mirarnos y conocernos. El abaratamiento de la tecnología ayudó mucho; si bien aprender continúa siendo caro, antes esta era una disciplina para muy pocos. Con La Mandarina -concluye Galan- buscamos retomar el aspecto positivo que conlleva que cada vez más gente se acerque a la foto y aprovechar la diversidad de perspectivas que van surgiendo”.