sábado, 26 de octubre de 2013

Continente Sonoro


En demasiados puntos de Latinoamérica nos siguen educando con corrientes europeas. Si en los relatos aparecemos nosotros es de pura casualidad, cosechando granos y regalando tierras para otras economías. Subordinados, masticando visiones críticas de otros, digiriendo dependencias.

---

En un aula llena de latinoamericanos estudiamos teorías contemporáneas.  Repasamos la 1° parte del siglo XX. Los pensadores/escritores son europeos y la historia que se nombra es siempre escrita desde esas tierras.
A la 1° guerra europea le seguimos regalando el mote de "mundial". Más adelante en el cronograma: nazismo, 2° guerra / Ni Asia, No Oceanía, ni África, ni América aparecemos hablando, pero a las ideas nos las siguen presentando como mundiales.

¿Qué es lo único que estos hechos tienen de globales?
La prepotencia con que se nos han impuesto en nuestras aulas, nuestros libros, nuestras mentes. ¿Acaso la América Latina, colonizada, oprimida todavía no se ganó el derecho de pensarse y escribirse a sí misma dentro de las universidades?
¿Ahí dentro conocen, nos enseñan nuestras historias?
Sí, por suerte hay excepciones que nos salvan de la monotonía y son tan pocas que llegamos a contarlas.
Les agradezco su incomodidad, la subversión permanente. Su esencia- agitadora de modorras.

---

Volvamos al tema de la materia: teorías para pensar las sociedades.
Nuestra geografía: un aula de facultad de una universidad centenaria de argentina.
Ahí estamos sentados y en silencio: colombianos, chilenos, hondureños, argentinos, mexicanos, cubanos, venezolanos / en silencio como nuestras ideas, entre tanta bibliografía donde lo propio son las ausencias/

Escuchamos. Apuntamos las teorías, corrientes de pensamiento, doctrinas, postulados, categorías de análisis desde Francia, Alemania, Italia, Inglaterra.

---

Ahora en la clase estamos en el período de entre guerras.
Corre el año 1930. En Argentina la democracia cumple 16 años (si fuera hoy, podría votar) y es quebrada por el 1° golpe de estado: la década infame. En nuestras tierras hace siglos vienen naciendo hombres y mujeres que reflexionan, actúan, construyen... pese a la lucha no ganan un lugar de relieve en nuestras aulas para hablarnos de actualidad, cultura y posibilidad de cambio.

De la América amordazada en 1492, recolonizada por las aristocracias criollas del siglo XVIII, hoy asfixiadas de capitalismo transnacional aún nos la siguen enseñando con los ojos demasiado puestos en el norte. ¿Simple casualidad? Poca mirada introspectiva no genera proceso reflexivo. 

Pilas de repeticiones, 
pasos en falsos.
Pies distintos, 
mismos errores 

---

Es verdad, hay clases latinoamericanas donde contamos nuestras historias (en bimestres, cuatrimestres y semestres), pero poca historia hacemos de nuestras ideas.

Pareciera que todavía no nos damos permiso para mirarnos y hablar desde adentro.

---

En el aula seguimos en silencio, llenando hojas de trazo latino con ideas anglosajonas.
Mano de obra barata
RE PRO DUC TO RA
Lleno otra hoja,
(y esto ya me suena a mutismo)

El silencio sabe a mordaza y duele.

Lastima la boca,
este dominio viejo
esta muda colonia intelectual
llena de voces contenidas.



viernes, 25 de octubre de 2013

"Vivir el cotidiano como si fuera un viaje"

.
La frase me la regaló una hermana de vuelo un día en que andaba hecha un harapo. Íbamos caminando por un barrio que, temporalmente, es de ella: el mondongo.

Y el "temporalmente" está bien dicho porque la Vito es
                                                                   una mujer itinerante.


Valijita con fantasías y algunas ropas adentro, turbante en el pelo; la cabeza un nido de pajaritos.
Casa donde entra te arma un refugio o un santuario.
Pero esa es otra historia que también me muero por contar.

(La lapicera me quema en las manos y a veces, de la ansiedad mental, no termino bajando ninguna. "Esencia del geminiano" diría mi amigo enamorado del horóscopo)

Cuestión que andaba hecha un harapo, desperdiciando luces en la invención de sombras. ¡Tiradísima en lo más barroso de mis ríos metafísicos!
De esos estados nublados en que gravitás tan bajo que atraés todo lo que no resiste a la gravedad y las frutas maduran te caen en la cabeza. "Vení, ¡damela!... si total estoy hecha pelota", le contesto a las naranjas silvestres que no paran de rodar calle abajo.

Y por las cuadras apenas iluminadas del mondongo íbamos caminando cuando me dijo: "yo trato de vivir cada día como si fuera un viaje". Salir a la calle, hacer otro camino para llegar al mismo lugar, abrir bien los ojos, romper a patadas el piloto automático. "Como cuando viajas, ¿viste? que todo es nuevo... Bueno tratar de no perder la sorpresa"
Dejarse habitar por ella, suprema dadora de vida.
---
Desde esa nochecita no me olvidé más de sus palabras, que más que eso son una filosofía, una forma de caminar y mirar y vibrar Claro, ella me hablaba con su valijita sensorial siempre en la mano.
Desde ese día yo estoy sacando el polvo de la mía. Encontré algunos tickets de viajes viejos, caricias en reversos de pasajes de larga distancia, restos de la que dejé de ser hace años.
Y tiré todo.
Viaja ahora conmigo lo que mi memoria abrace.

(Créditos no mencionados en el texto: 
al micro que frenó más de lo que debía 
en una esquina y me dejó cerrar la idea)


postales de senso-percepción viajera con la Vi
         

viernes, 11 de octubre de 2013

Ritual

Tomo a Francisca Márquez para ilustrar estas palabras. 
Hermoso encuentro después de una larga búsqueda en las redes

#- Después de bailar tenés los pelos como cuando terminamos el amor
0- ¿Te gusta?
# - Mucho... Baile y amor tienen demasiado que ver.
0- ¡Que nos lo digan a nosotros! Que de cada encuentro hacemos una danza

0 Está en esos días en que reflexiona en voz alta

0- ... además, de otra forma, decime vos ¿tendría sentido? ¿Te imaginás cómo sería un amor sin baile, un baile sin amor?
#- Con menos gracia, seguro. Menos sonrisa y espontaneidad.

            Los dos pares de ojos se clavan en las pupilas que tienen enfrente.
            La coincidencia los seduce. Sienten saborear algo dulce.
            Se llenan de ríos, de juegos y de azares 
            que saben que no lo son ni un poco,
            pero les gusta creer por un minuto en la casualidad.  

0- Es clara la cosa en común. Digo, entre el baile y... ¿me seguís?

# asiente con la cabeza

0- Amar, flaquito,  es estar elevado y la danza... ¡uffff!
           
0 Cierra los ojos y recrea los últimos minutos en que sus brazos fueron ramas livianas
arrastradas por el viento y al instante, látigos serpenteantes contra el suelo. Y las piernas, raíces despertando de la tierra. Caminan, repique y salto, círculo en el aire y los brazos que -otra vez-
se estiran dibujando uno más grande de la cabeza a los pies.

Después de este recuerdo,
 0 tiene los párpados soñando en una canoa que se mece suave.

0- ...y la danza, ¿qué te voy a decir a vos de la danza que tenés el ritmo en la piel?

El río metafísico (lugar por excelencia en el que se van dando cuenta que les gusta jugar) aumenta su caudal y baja la fuerza de la corriente. Mientras los ojos se buscan más y más profundo, se meten hasta las rodillas y sienten la caricia fresca del agua corriendo por sus piernas.

#- Dijiste que amar es estar elevado... y el baile y la música siempre te sacan a volar un buen rato. ¡Otra coincidencia!
0- Te sacan a volar para volver a empezar
 #- ¿Con el amor?
0- ¡Y el baile! De ahora en más para nosotros son sinónimos, de la familia de palabras.

            # Sonríe intenso / achinado
y le nace un río por los ojos.
Desde su cara / baja y se suma al cauce del primero
que ya les salpica las caderas en lento vaivén

Los cuerpos se pegan, encuentran tibieza en medio del frío.
Les brotan movimientos suaves de las plantas a la cintura.
Se contornean / se frotan / se derraman
Las manos en el agua componen un ritmo nuevo

Las pupilas ya no necesitan mirarse para entender
           
            Se asfixian de un beso / mueren de risa
            inhalan profundo en un mismo aliento.
            Se caminan los cuellos con los dedos.

            Las panzas pegadas sienten la mutua respiración
            y el pecho, un manojo de adrenalina:
            tuc - tuc - tuc - tuc          tuc - tuc - tuc - tuc

Después de un rato ya no pueden acordarse dónde empezó el amor, cuándo termino o si todavía están ahí: haciendo y deshaciendo 
con el tacto / el olfato / el gusto y el oído.

Despacio,
            vuelven a abrir los ojos a los del otro
            que sonríen extasiados
      
            Hace rato suenan tambores en el valle al que viajaron con la mente.
            De ahí vienen bajando / empapados / plenos de sol
            hasta el colchón del que despegaron cuando empezaron a hablar
            del baile enredado en el amor
            y el juego y los ríos.



martes, 8 de octubre de 2013

Conversaciones inmediatas a la siesta


J- ¿Ya es mañana? ¿Ya es otro día?
L- Sí, hoy ya es ayer
J- Entonces… ¿soñando podemos ir para atrás?
V- Claro! Viajamos

El sol de las 4 de la tarde entra cálido por la ventana,
las cortinas bailan, se enriedan entre ellas
Dos pares de ojos semidormidos se sorprenden cómplices en la sonrisa

J-Sí, entramos en el tiempo
 

Agüita


Este es el punto de mi casa donde, cuando me paro,
lloro.

El lugar del sismo
 
Lloré en abril o mayo de 2011
Fuerte, bien fuerte;
era agüita contenida
detrás de los ojos lo que tenía


 
Lloré de bronca e indignación en julio de ese año,
con negras noticias que de Jujuy
venían arrastrando gritos, llantos desgarrados...

y algunas veces en 2012
que ahora no recuerdo

En 3 otoños y 2 años
demasiada poca agüita
ha caído de estos ojos

Tengo historias enteras
amarradas a la garganta

Tejiendo imágenes, olores
transformándose en vapor
-agüita no llorada-

---

Hoy las nombro y,
como fina telaraña,
veo cómo se me desprenden del pecho

Toman aire los relatosaguaditos
postalesAvapor
óleosdemimemoria

y levantan vuelo

viernes, 4 de octubre de 2013

Contra el virus del silencio


Estrella Azul: trabajo, dignidad y autogestión


En Tolosa, hace más de diez años una organización autoconvocada pelea para mejorar la vida cotidiana de quienes conviven con VIH. Saben que el tabú es tan peligroso como esta epidemia, que está atendida pero no controlada, y trabajan por demandas históricas que tienen como grupo. El depósito abandonado que transformaron en comedor, guardería, radio y cooperativa textil fortalece una experiencia inédita en América Latina.

 Por Josefina Garzillo
Producción Agustina Sarati y Josefina Garzillo 
Fotos Luis Ferraris 

Tenían opciones: transitar solos una enfermedad desatendida por el Estado y temida por muchos, o luchar por sus derechos. Eligieron la última. En torno a la consigna “La sangre no se negocia”, se autoconvocaron y enfrentaron al mercado de los laboratorios y al poder político. Hoy siguen de pie y con la causa que defienden: los derechos humanos de las personas que conviven con el virus del Sida, un mal sobre el que ya se sabe y se puede hacer más pero no está controlado y castiga más a los sectores humildes.
El frío del invierno está envuelto en humedad. En una de las ventanas del comedor del galpón de Tolosa recuperado por los Autoconvocados en Defensa de los Derechos Humanos de los Enfermos de Sida (ADDHES) resbalan unas pocas gotas de lluvia. Adentro el horno está prendido y se cocina un pastel de papas para 50 personas. Es jueves y hay asamblea y reparto de mercadería. Nenes y nenas juegan en las habitaciones que serán su guardería cuando por fin sus viejos puedan dar arranque a las máquinas de coser.
Cuando entraron por primera vez a ese galpón, en 2008, el cielo era amplísimo. “Esto parecía un monte, no había techos y los árboles atravesaban las paredes”, recuerda Samuel Palavecino, referente de la cooperativa textil que está ahora a punto de nacer, en la tarde que compartió con La Pulseada.
Era el galpón más grande de los que habían quedado abandonados por el ferrocarril y para el grupo significó la posibilidad de concretar proyectos vitales por los que venían luchando en la calle: alimentación saludable, trabajo digno, contención, encuentro. “Esto era tierra de nadie. Nos metimos en un monstruo… Y lo dominamos”.
Mientras Palavecino relata, las fotos de esos primeros días pasan de mano en mano: muestran a algún compañero trepado al techo en construcción o escenas de jornadas de limpieza, de sueños y convicción. En las “buenas épocas” se pagaban su propio trabajo con “un dulce de batata y una botella de aceite —recuerda Gastón Melio—; cada compañero que pasó por acá dejo su granito de arena”.
Los granitos se convirtieron en un proyecto muy importante que están a punto de concretar: la cooperativa textil Estrella Azul, que empleará en la confección de guardapolvos escolares a 100 personas que conviven con VIH, e incluirá comedor y guardería para los hijos de los trabajadores. Si con el tiempo logran armar dos turnos, los puestos de trabajo serán aún más. El subsidio para adquirir el equipamiento lo consiguieron en 2010 a través del Ministerio de Desarrollo Social de Nación, que comprará la producción.  La experiencia es única en Latinoamérica.

El trabajo de los primeros días de la organización en Tolosa

“Queremos volvernos visibles, que la gente se entere de lo que pasa acá —explica Melio—. Esta será una fábrica sostenida por gente con VIH para compañeros con VIH. Algunas empresas te mandan a hacer los estudios, algo que está prohibido, y como ‘no servís’ te inventan una excusa”. La estigmatización de quienes padecen la enfermedad complica su acceso al trabajo. Por eso Melio acentúa la necesidad de que la sociedad conozca sus logros: la reconstrucción de los galpones y todo el proyecto en general. “De a poco algunos vecinos se nos acercan, preguntan y nos felicitan por recuperar y activar este espacio —cuenta el referente—. Esos gestos ayudan a seguir luchando en lo cotidiano”.
ADDHES tiene claro que el VIH es un asunto público y político que el tabú de muchos años presenta como una cuestión privada. El último informe del Ministerio de Salud de la Nación grafica los efectos del silencio: “4 de cada 1.000 personas tiene VIH. El 40% no lo sabe” (ver aparte).

Nacimiento y desarrollo
Las primeras acciones de ADDHES datan de 1999, cuando las ferias de trueque le hacían frente al hambre y los tratamientos para el VIH eran cócteles agresivos de decenas de pastillas que recién empezaban a circular y escaseaban en los hospitales públicos sin muchos profesionales preparados para contener la situación. Por entonces, un análisis de VIH positivo implicaba un destino casi terminal: pese a que toda persona tiene derecho a recibir información, análisis y medicación de manera gratuita, el miedo, el desconocimiento y el tabú eran más peligrosos que el propio virus, y mucha gente moría sin saber la causa.
Hoy, rodeado de compañeros, Melio comparte con La Pulseada memorias de esas primeras épocas de resistencia. De ese contexto crítico en el que la inserción laboral se transformó en la primera meta del grupo, que antes de llegar a Tolosa había pasado por un local de Madres de Plaza de Mayo y por el Club Sporting y, después de algunas reuniones en la plaza Belgrano consiguió un aula propia (que se mantiene) en la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de La Plata.
—¿Cómo se trataba el VIH cuando surgió ADDHES?
—No había trabajo. Estaba el doctor Jorge Cueto, que trabajaba mucho, y en el marco de la Argentina de ese momento era bastante, desde la salita sanitaria Nº 13, una de las primeras en hacer algo; pero se estancó y eso fue una decisión política. Se podría haber implementado un programa que abarcara a toda la atención primaria, y no quedarse en una sola salita…. En ese momento había 36 unidades sanitarias en La Plata.
—¿Cómo creció el grupo y con qué reclamos?
—Se formó de boca en boca. Algunos compañeros dentro de los hospitales hablaban de nuestro grupo y de a poco nos fuimos organizando. Después de un tiempo ya no queríamos hablar más de bolsones de comida, entregas y planes: queríamos hablar de puestos de trabajo para los compañeros. Así, desde 2004 exigimos la conformación una mesa interministerial, para que se trabaje la enfermedad desde los distintos ámbitos del Estado: salud, educación, vivienda, trabajo. Ahora eso está aprobado por ley pero no pudimos concretarlo y el reclamo sigue en pie. En 2006, el gobierno provincial lanzó un plan de pensiones para personas con VIH. Nuestra mayor apuesta era generar empleo para la inclusión.
“La mesa interministerial está desarticulada —explica la trabajadora social Melisa Carnabali, integrante de ADDHES—. Sólo se trabaja con algunos ministerios de manera aislada”. En el ámbito municipal, la organización exigió un programa descentralizado de VIH. Lo que había, la atención en la salita ubicada en 41 entre 10 y 11, “para nosotros eso no era un programa, era simplemente una salita”, critica Melio.
El Municipio no generó un programa descentralizado, como se demandaba, y hoy la salita 13, como desde 2001, brinda lo que puede: asistencia, información, acompañamiento.

Cooperativa, guardería y comedor arrancarán juntas en el galpón recuperado

“La epidemia no está controlada sino atendida”
Si bien en el plano clínico hay más herramientas e información, los hospitales brindan atención (aunque faltan insumos), la medicación está más difundida y se consiguió la “tarjeta alimentaria”, el VIH “en la Provincia no está estancado, sigue avanzando. La epidemia no está controlada, sino atendida, que no es lo mismo —plantean desde ADDHES—. El virus disminuyó en sectores económicos medios y altos pero se ancló en los pobres.
“La enfermedad es crónica y no avanza si tomás la medicación, comés y tenés un techo. Por eso decimos que el VIH necesita una atención integral. Construir una fuente de trabajo mejora la calidad de vida, porque no te tiene todo el tiempo pensando en la enfermedad”, enfatiza Melio. El problema, resume, es la falta de un presupuesto acorde y actualizado a los costos de 2013.
Como la alimentación es una de las cuestiones más importantes, ADDHES produce verduras de manera orgánica y buscan evaluar si estos cambios inciden de manera positiva en los cuadros clínicos de las personas que conviven con el virus. Este proyecto surgió en 2008, también con financiamiento del Ministerio de Desarrollo, para fortalecer la iniciativa de la cooperativa textil que ya venía creciendo en el galpón.

Difundir desde los barrios
“¡Tuvimos que mostrarle al Municipio que existía la necesidad de trabajar en el nivel primario! Para nosotros éste es el foco para dar la lucha contra el VIH, porque estamos en los barrios. Y el tiempo nos dio la razón…”, cuenta Sandra López, “en los papeles” la presidenta de una cooperativa de promotores de la salud impulsada por ADDHES tras años de organización y pedidos al Estado. Arrancaron en 2009, hoy son 12 integrantes, dialogan semanalmente y trabajan en equipo para distribuir información sobre la enfermedad. Se distribuyen en grupos de tres promotores y están en las salitas sanitarias de Los Hornos (66 y 143), City Bell (7 y 477), Lisandro Olmos (45 entre 187 y 187 bis), Arana (7 y 632) y desde hace poco, en Villa Elvira (7 y 82).
“Nuestra tarea principal es la prevención y el acompañamiento. No tuvimos quién nos contuviera y sabemos lo importante que es eso ni bien te enterás”, cuenta López. Y recuerda que no fue fácil ser aceptados como trabajadores porque “la discriminación, el miedo y el desconocimiento también están en médicos y enfermeros”.
Hace dos meses, el programa de promotores de salud se empezó a implementar en hospitales del conurbano sur (Avellaneda, Lanús, Quilmes, Lomas, Solano, Berazategui y Florencio Varela), además de en La Plata, Berisso y  Ensenada. A partir de un relevamiento y entrevistas realizadas a trabajadores sociales y médicos, ADDHES concluyó, por ejemplo, que “en la gran mayoría de estos centros faltan reactivos para los análisis de carga viral e insumos básicos como gasas y medicamentos”.
Contienen, difunden y recolectan información (sobre el conocimiento del virus y su tratamiento en cada zona) y tratan de que los pacientes ya medicados continúen con el tratamiento. Bruno Barleta, coordinador de ésta área, explica: “Trabajamos dentro de los hospitales con médicos, trabajadores sociales y el servicio social. Es importante discutir qué y por qué no se habla del VIH. La prevención no es sólo el 1º de diciembre (Día Mundial de Lucha con el SIDA): hay que hablar todo el año”.
 Desde sus inicios ADDHES se dedicó a exigir una tarjeta alimentaria y
trabajo digno para quienes conviven con la enfermedad

Cifras de un mal que avanza / Por Agustina Sarati
Según la Organización Mundial de la Salud, 34 millones de personas padecen VIH. Se calcula que en 2011 se infectaron 2,5 millones. La gran mayoría, “en países de ingresos bajos y medianos”. En nuestro país, según el último boletín de la Dirección de Sida y Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) del Ministerio de Salud de la Nación (de diciembre de 2012), se estima que viven unas 110.000 personas con VIH. Cuatro de cada mil jóvenes y adultos están infectados con el virus y el 40% de ellos no lo sabe.
ADDHES plantea que la epidemia está controlada en los sectores económicos medios y altos pero en los más desprotegidos avanza y se agrava por la falta de acceso a la vivienda y a una buena alimentación y salud.
En la última década aumentó el uso del preservativo en todos los segmentos sociales, pero de las 5.000 personas a las que se les diagnostica VIH cada año el 90% de las mujeres y el 88% de los varones se infectó por mantener una relación sexual sin protección.
Las regiones sanitarias bonaerenses que presentan índices más elevados de personas que conviven con VIH son la VI (Avellaneda, Lanús, Almirante Brown, Berazategui, Esteban Echeverria, Ezeiza, Florencio Varela, Lomas de Zamora y Quilmes), con 12,5%, y la XI La Plata y alrededores), , con 12,8%. En 2010, en el sur del GBA, la incidencia más elevada estuvo, en el conurbano sur, en Lomas de Zamora (17,4%); en el conurbano oeste, en José C. Paz (13,1%); y para el norte, en San Fernando (13,4%).

ADDHES produce verduras orgánicas en Colonia Urquiza para evaluar 
cómo ayuda a las defensas de cuerpo el consumo de alimentos saludables.

Para hacer valer el derecho a la salud / Por Agustina Sarati
-La ley nacional de Sida (Nº 23.798, de 1990) postula nociones básicas que deben ser respetadas: que haya “consentimiento informado” durante toda la relación médico-paciente, basado en el diálogo y el respeto mutuo; que la información sea confidencial (se refiere al resultado del examen positivo de VIH); que no se mienta sobre el estado de salud de una persona; que no se discrimine a quienes viven con el virus; que se garantice el acceso a la atención de la salud (contemplado además en la Constitución). Esta leytambién obliga a obras sociales y prepagas a brindar tratamiento médico para el VIH, garantizado por hospitales públicos para quienes no cuenten con dicha cobertura.
En la provincia de Buenos Aires, la ley 11.506 establece la conformación de una junta intersectorial e interministerial para prevenir y controlar la enfermedad, y por otro lado existe desde 2005 la Comisión Provincial de Coordinación y Control de Políticas Asociadas a la Problemática del VIH/Sida, que nuclea a todos los ministerios y a organizaciones de la sociedad civil para generar políticas públicas en la materia. ADDHES denuncia que lo primero no se ha concretado y lo segundo no está en funcionamiento.

Cómo se transmite y se trata
El Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) ataca el sistema inmunológico del organismo; es decir, las defensas. Se transmite mediante relaciones sexuales (vaginales, anales o bucogenitales) mantenidas sin protección. También por transfusiones de sangre que tenga el virus y por intercambio de agujas, jeringas y otros objetos punzantes. Además, puede ser transmitido de la madre al hijo durante el embarazo, el parto o el amamantamiento. Para todos los casos es fundamental hacer circular la información: realizarse un simple análisis de sangre lo detecta y usar preservativo lo previene tanto como hablar del tema.

En la actualidad existen medicamentos que frenan o “negativizan” al virus para impedir que avance sobre las defensas del cuerpo. El VIH no se contrae por dar un abrazo, ni por compartir un mate o los cubiertos. A la discriminación se le gana con contención, con tratamiento integral, con información y sensibilidad.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Cambiar el mundo todas las mañanas

En 2003, vecinos de Ituzaingó se organizaron en torno al desafío de recuperar lo que el Estado neoliberal les había quitado: el trabajo. Le sumaron el sueño de armar una distribuidora de productos elaborados por otras cooperativas del país, para fortalecer proyectos basados en la igualdad, la conciencia ambiental y la inclusión. Puente del Sur lleva una década demostrando que el consumo también es un acto político con el que la realidad se puede transformar. 
Fotos - Danpeople
“(…) Hay una economía que desprecia a las personas.
Y hay otra economía posible. Hay gente a la que no le da lo mismo”. 
Puente del Sur

Es hija de 2001 y su historia, hermana de muchas otras que en la crisis se jugaron por construir proyectos laborales solidarios y sin patrón. Era 2003 y “con mi compañera dormíamos con los paquetes de yerba al lado”,  recuerda César, y se le dibuja una sonrisa. No había un local, eran seis personas distribuyendo seis productos y con un préstamo de 400 pesos para la primera compra: aceite de oliva, yerba, mermeladas y conservas. Todos se conocían de la militancia en movimientos de desocupados y veían que las asambleas populares necesitaban distribuir los productos de sus emprendimientos más allá de cada barrio. “Esto nos entusiasmó. No teníamos en claro los horarios de trabajo y tardábamos meses en cobrar; lo que sí sostuvimos desde el principio es que esto tenía que ser autogestionado”, cuenta.
Las consciencias se fueron afirmando y hoy el grupo sostiene que su proyecto de vida es inseparable de un proyecto político que representa la cultura de fábricas recuperadas y movimientos sociales, de desocupados y de campesinos.
Los primeros días del mes son agitados en el galpón de la calle Rancho de Ituzaingó, provincia de Buenos Aires, donde hoy funciona la distribuidora. Es cuando está por arrancar la rueda de recorridos puerta a puerta que Puente del Sur realiza desde Luján a La Plata, pasando por la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano. Lily y Gerardo seleccionan cajas y arman bolsas de pedidos. A un costado, Gustavo y Gabriela se encargan de asentar los registros en dos computadoras. Mientras, César termina la “pizza cooperativa” con que esperan a La Pulseada, hecha con cinco de los productos que venden: harina integral orgánica, salsa de tomate, mozzarella, especias y aceitunas.
Esa cálida rutina de trabajo hace que el otro se sienta Puente del Sur. “Nosotros solos no haríamos esto. La cooperativa son todos los consumidores, los productores y los 
que se acercan al proyecto”. Hoy son once las personas que viven de esta iniciativa creada y sostenida por ellos mismos.

“Trabajar por tus ideales es impagable”, reflexiona Gustavo. Todas las voces, algunas graves, otras bajitas, más cerca o más lejos, se hilvanan en un relato: “El colectivo te cambia tu forma de pensar, de vivir y entender las relaciones. Cuando entré tenía una mentalidad materialista, me costaba entender ciertas lógicas de trabajo”. Rodeado por los colores intensos de las aromáticas, el que ahora habla es Ángel, al que dos años en el proyecto le bastan para asegurar: “Después de esta experiencia nunca más quiero otro trabajo”.
Lily enumera mudanzas y necesidades que fueron surgiendo: “Herramientas, un auto propio y otras actividades para sumar puestos de trabajo. Experimentamos con producción de dulces, panificados, fideos y conservas. Todo fue crecimiento y cambio”, cuenta. Incluso necesidades de espacios, agrega Gerardo: “De los hogares-depósito de varios, pasamos a un localcito del tamaño de un baño”. Hasta que alquilaron el galpón amplio que tienen hoy, ordenado entre estanterías, góndolas, un sector de cocina y otros con mesones de trabajo y computadoras.
Otra cultura de consumo y trabajo
Puente del Sur pasó de idea a alternativa posible gracias a la cantidad de productores y consumidores que dijeron “sí”. “Se nos rompían los teléfonos y el primer auto de los repartos, señal de que nos empezaba a ir bien —Gerardo evoca a ese Peugeot beige que dio la vida por la cooperativa—. En un momento éramos más los que lo empujábamos que los que iban arriba…”. Lily mira las estanterías: “Cada vez que se vacía alguna nos llena de felicidad, porque sabemos que cada producto que se va tiene una historia de construcción colectiva, de lucha. Eso te da este trabajo”.
A muchas de las cooperativas cuyos productos distribuyen “las conocimos en ferias de productores; otras se acercaron a ofrecernos lo que hacían”, explica Washington. “E incluso personas del barrio que estaban desocupadas se organizaron para producir porque existíamos nosotros, y sabían que tenían un espacio para dar a conocer el producto, como el caso de la cerveza artesanal y las galletitas”, celebra Gabriela.

Gerardo destaca que el trabajo colectivo “te permite vivir la red de relaciones de cerca. En cada venta vemos a un productor que va a poder seguir trabajando y a un consumidor que te acompaña y confía. Hay familias que te esperan con un mate el día de reparto. Una vez se nos rompió el auto e íbamos a estar meses sin poder trabajar. Varios compradores se acercaron al local, cargaron la mercadería en los suyos y salieron a hacer las entregas o se llevaban las cosas a su casa para que los vecinos de esa zona pasaran a retirarlos por ahí. Ese acompañamiento es muy fuerte. Acá sabés que no estás solo, nunca”.
El barrio, los movimientos de desocupados y las asambleas. El trabajo injusto, los productores, y el sueño de otra realidad. Las ganas y los compañeros. Cada pedacito fue semilla del proyecto que llegó a los diez años; cada nuevo desafío es el alimento. “Los hijos nuestros crecieron con esto; ahora quieren trabajar acá. Y siguen naciendo los cooperativistas”, festejan y señalan la panza de Gabriela.