martes, 16 de diciembre de 2014

Titicaca



Cuando te conozca
Lago
voy a nadarte hasta el cansancio

Voy a zambullirme en esas coloridas embarcaciones chinas
que llegaron antes que los españoles
y siguen ahí, observando, calmas, el espaciosintiempo

Cuando te toque Lago,
estoy segura:
la piel me cambia de color.
Cuando te nade
cálido, inmenso, azul de ojos cerrados,
todos los poros hiper abiertos

Camino submarino, de a patadas y brazadas
Y después, cando me canse, esperame hecho un nido...

paz, pacita de agua.
En vos voy a parir mis deseos, los hijos de mis deseos,
todos mis deseos de hijos.



Surrealismo en los ojos: Danpeople

jueves, 11 de diciembre de 2014

Reflexiones vegetales de una Flor del Aire*



¿Se puede haber nacido así, tan buscadora? 
Ahora tengo nuevo destino. Voy a encontrarme con lo apenas conocido, siguiendo señales. ¿Cuáles? El cuerpo me avisa. A veces tanto que no quiere dormir y me deja con las raíces colgando de cualquier suspenso. Creo que eso debería alcanzarme para no dudar. 
(Pero existe el miedo, sí. Es innegable) Miedo a perder el abrigo de la última estación que pasé en un parque cálido, a las seguridades cultivadas, miedo al miedo; ese es el peor. También hay algo de miedo a encontrar la plenitud. Sí, aunque suene extraño, tengo miedo de (re)confirmarme: eterna inquieta, eterna buscadora, de raíz aérea, tan de mi especie, tan Flor del Aire…

Los árboles me generan una atracción fatal, creo que los amo, los admiro. A algunos me abrazo cuando me entrego una, dos, tres temporadas. Me gusta sentir la firmeza de sus troncos, la sabiduría de sus anillos, la resistencia de sus cortezas. Alguien me dijo una vez que sus raíces son tan o más profundas que la altura de sus copas. Sus arribas, entonces, son espejos de sus abajos.


Pero yo no soy árbol. Tengo raíz, es cierto, raíces que aman profundo, intensamente aunque no permanezca quieta más que algunas estaciones. Yo amo, abrazo al árbol, lo admiro en su constancia, hasta puedo enamorarme de sus virtudes, tan distintas a las mías. 

Cuando recuerdo esto lloro como una marrana porque una parte mía quisiera quedarse en el abrazo del árbol, echar raigones sólidos a la tierra y armar un nido con tiempo y espacio duraderos.
Mientras las patitas aéreas me cosquillean por nuevos cielos, me piden vuelo, nuevas aguas, nuevas cortezas. Esta contradicción es la usina de mis miedos. Hablo con otras de mi especie y mientras las veo volar, me dicen que no hay que andar contra la esencia. Yo a veces pienso: no es tan simple.

Soy Flor del Aire, no árbol. Es decir que hay algo que tira más, ¿cierto?, idea a la que podría agarrarme para dejar fluir tranquila los cambios. Pero ¡qué lindo viven los árboles! Con vecinos de toda la vida, con tierra amorosa que los abriga. ¡Y qué fuertes sus bases! Lo distinto, siempre, me genera gran admiración. Y soy tan esponja que por momentos tomo demasiado néctar de mis adorados árboles y ahí es donde viene la gran confusión, la duda, la angustia por el despegue que mi otra partecita empieza a pedirme. 


Soy Flor del Aire, no árbol; me repito.
Ahora, ¿las flores estamos destinadas a viajar solas?
No me gusta pensar que sea así la cosa. Cierro los ojos y –al fin- veo… Un viento fresco nos traslada. Somos varias, de piernas bailando sin suelo. 
Estamos cerca, no pegadas. 
Estamos juntas acompañándonos en el vuelo. 

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*Científicamente me conocen como TillandsiaDicen que pertenezco a un género con más de 650 especies. Ando en desiertos, bosques y montañas del Norte, Centro y Suramérica; aunque mi lugar en el mundo es la humedad subtropical de América del Sur. Las raíces me sirven para sujetarme a los árboles, rocas, techos y hasta cables de teléfono a los que a veces me engancho, sin ser parásito. Porque el alimento y el agua lo tomo literalmente del aire, a través de mis hojas. Pocas de nosotras crecemos directamente en la tierra

sábado, 29 de noviembre de 2014

La vida en Ronda


Esta idea la escribo dilatada. Surgió un 24 de noviembre y la dejo salir recién ahora, 28. Estrategias de quien sabe que lo vivido es fuerte cuando pasa por el cuerpo y que darle nombre a esas sensaciones, llenarlas de verbo, le dan consistencia y que es difícil contener las certezas cuando brotan.

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I
¡Listo! Te tengo en todo el cuerpo
Recién ahora, mientras el micro arranca el movimiento que me lleva de vuelta al lugar donde no estoy, hago esto conciente.

¡Listo! Apenas a una hora de despegarme de tu piel/ronda lo siento.
Sí, abrí el pecho.
Estoy entregada a este ser – vida compartida, comunitaria, de luchas integrales que laten adentro. Donde soy toda Josefina. Genuina, sin costados que deben guardarse para otros ámbitos, discutiendo, bailando, pensando argumentos, ideas, propuestas que se funden a ese paso de danza improvisado que descargo en el aire cuando me levanto de la asamblea para ir al baño.

II
De noche, después de horas de hilvanar argumentos, horizontes, mis manos golpean el cuero de un tambor... ¿sin saber hacerlo? Y suceden horas de trance dulce, envuelta en esa libertad de saberme hermanada, en esa confianza de plenitud que se convida. Y brotan coplas de mi garganta y melodías que no conocía porque hacían falta esos otros que también están tocando la lado mío, marcando un ritmo común que vibra desde el repique de los pies hasta el canto agudo, grave, esdrújulo.

Comiendo en círculos, soñando en círculos, creando...


III
Es lunes al mediodía. El micro hizo 100 kilómetros y recién ahora pienso:
“¿Por qué no me quedé?”

Anoche no dormí. Hoy, en viaje, tampoco lo logro. No quiero dormir, tengo miedo que el descanso me borre alguito de las sensaciones que pulso en el estómago.
Sí, voy a quedarme despierta. Tampoco puedo hacer otra cosa.

Mi cabeza vuela por decenas de imágenes que me refrescan la intensidad de lo vivido estos días. “Volver a esa vida primaria”, me dijo alguien cuando le conté mi apasionamiento. Donde trabajo, goce y lucha se comparten, crean, construyen en la misma ronda (que cuanto más grande ¡mejor! Y que le gusta abrirse para sumar más pancitas que tiemblan de libertad).


IV
¡Listo! Estoy - Siendo Otra.
Tengo todos tus olores en mi memoria.
Cierro los ojos y me explotan de agua.
Siento la sonrisa interna, la efervecencia de mis emociones.
Oigo el latido de un brillo nuevo. ¿Se puede escuchar un color?

V
Duele mucho lo que viví estos cuatro días, también es cierto. Crónicas catárticas de injusticias, crímenes, tierras peladas por la miseria, personas fuertes, cansadas... pero la horizontalidad de ese círculo de más de 200 voluntades me devolvió a este asiento de micro renovada, SuperViva.

El asunto ahora es cómo hacer para volver, sostener mi vida de casas separadas por varias cuadras, de cenas qué comparto sólo a veces y que es el convite lo que siempre me devuelve la sonrisa; este trabajo solitario donde investigo encerrada y al que sólo le encuentro sentido cuando viajo y me encuentro con otros y otras.

VI
Dije que esta idea se escribía dilatada.
Pasaron cuatro días de mi llegada y la verdad, no logro estar donde piso.

Agradezco esta emoción sin intermitencias, la incapacidad del olvido, el llanto, las sonrisas de mis compañeros y compañeras que siguen caminando en Chubut, Córdoba, Corrientes, Buenos Aires, Andalgalá. Mi aguita imparable, esta feliz insatifacción que me impulsa al salto, que me salva.


Instantáneas de un viaje fugaz


Tomamos un micro a Verónica. Una hora y media: $50. De ahí nos levanta un 520 disfrazado de línea comunal hasta Punta Indio. Al ratito nuestros pies estaban sobre un larguísimo brazo de tierra clara y liviana. Lotes inmensos, casas ni muy grandes ni muy chicas y jardines profundos.
Por una callecita recortada de verdes encontramos a Pablo. Cuerpo enfundado en deporte, con remera de neopren y pantalones cortos. Su casa de madera, como muchas acá, está elevada un metro sobre el suelo. Me encantan esas construcciones. Algún día quisiera tener una así. El año pasado construyó otras dos para alquilar a los turistas. Ahí nos quedamos. Le comento a Dani que para dos días el espacio nos sobra y que sería lindo acostumbrarnos a vivir con menos; así, con la dimensión más ajustada. Sin tantas cosas, porque no habría lugar para acumular más que lo necesario para el presente.

Nos suenan los teléfonos. Movistar y Personal nos dan la bienvenida a “Uruguay”, porque como no extendieron la señal, agarramos muy mal la del país vecino. Entonces nos avisan que los mensajes nos van a salir ocho veces más... y recordé que los límites nacionales están hechos para que las empresas te chupen más y más dinero. Sí, viajar te refresca varias cosas...

Siempre que salgo y me instalo en otro lado, le digo casa. Creo que esa facilidad es una virtud. Con pocas comodidas, dependiendo si estoy en camping o bajo techo, me puedo sentir a gusto enseguida. (En camping siempre observo: que haya un enchufe cerca, alguna piedra lisa -si no hay mesas- para cocinar y que el predio tenga algún lugar cubierto por si se viene una de esas tormentas a las que no les das importancia hasta que te vuelan la carpa y ves como un rayo parte el árbol que tenés cerca. A veces sólo un baño grande puede servir de refugio, en otras hay quinchos, una despensa, etc. Bajo techo -casi- todo está asegurado y el enchufe se vuelve prescindible porque si hay velas, no hay viento que te la apague).

Revoleamos las cosas y salimos a buscar al río. Caminamos hasta una calle con final, de casas abandonadas y arbustos que copaban todo. Había un chiquero libertino, sin corral. Por meterme a una de esas casas que me encantan porque la naturaleza les ganó, terminé al lado de un chancho echado que gemía fuerte y jedía peor. Me acorde de las historias de campo de gente que por supuesto nunca conocés: al tipo que la chancha recién parida le comió una mano, al otro que le falta una pata por meterse donde no debía y salí corriendo.
Decidimos buscar otro camino para llegar al agua.

Cuando entré, me enlodé hasta los tobillos. Nos pasamos buena parte de la tarde viendo cómo el barro se secaba en mis pies, pasando de un marrón húmedo a un gris seco. Me sentí en la piel de un elefante: áspera, rugosa, con los pliegues bien marcados. A las 6 de la tarde empezó a subir la marea. 10, 20, 50 metros y casi llegó a nosotros. Da empezaba a leer La mujer habitada, libro que había leído hace mucho y que a mí la semana anterior terminó sacándome légrimas, deseos y sueños extrañísimos. El lo tenía, lo buscó y se metió a nadarlo otra vez. Yo estaba con Naturo, sexta cosa que leo de Guillo de Posfay. Y ya no tengo dudas de que cada encolado que hace con sus manos me va a sacar a un viaje del que vuelvo con la cabeza inquieta y las manos con ganas.

Alcanzamos la paz que los días anteriores nos venían debiendo. De vuelta a la cabaña pasamos por un vivero y una señora nos alcanzó al grito de “¿consiguieron dónde quedarse?”. Creí que nos iba a ofrecer alojamiento y no; ella se acordaba de nosotros por una conversación entre el micrero que nos trajo y el señor al que yo le iba preguntando por el pueblo.
-¿Dónde los vas a dejar?
-Acá nomás. El micro frenó y ahí arrancó nuestra caminata hasta encontrar a Pablo.
Y la señora, como ahora pienso todo el micro, se acordarían de los dos turistas de noviembre que andaban con bolsas de compras, mochila multicolor y un hermoso decsonocimiento del lugar.

En la despensa el carnicero me cuenta que acá la pechuga sola “no sale” porque a las señoras no les rinde y que comen lomo porque ellos no lo remarcan como en las ciudades. Que el pollo de campo ahí ya no existe y que si alguien me lo ofrece, no lo dude, me está cagando. Por la despensera me enteré que la hija menor de la vecina cumple 15. Pablo dice que el año pasado no vino mucha gente y que este febrero fue peor por las lluvias que alejaron a los turistas.


Como los pies me los lavó la marea alta, no me bañé. Y sentí un placer extraño. Durante toda la tarde pensé que era la primero que iba a tener que hacer cuando llegara. El barro se había puesto duro como arcilla. Tomamos unos mates. Hicimos el amor y acordamos que el otro diciembre yo arranco por tierra con Bren y Joh por Bolivia, Perú, Ecuador hasta la Colombia que ya imagino por los relatos de mi amiga y que si tiene que ser, ahí nos encontraremos en marzo.

Sacamos la mesa y comimos rico afuera de la cabaña con los dos perritos que nos siguieron en la playa y me hice amiga: chich y rengo. Da dice que no le gustan y yo le aconsejo que los quiera porque él es perro en el horóscopo chino.

Terminé Naturo a las dos de la mañana con unas ganas dulce de viajar. Sabiendo que la fecha de partida sin vuelta prefijada está maś cerca.

Me desperté a la madrugada con pinchazos fuertes cerca de la vejiga del lado derecho. Era un ovario trabajando. Me vino: volví a acostarme contenta con la noticia. Hace varios meses, después de pasar seis sin menstruar y de que se me regularice, experimento esa sensación.
Se que soñé. No me acuerdo qué. Cosa frecuente. Sólo se que estaba naufragando en caras conocidas: viejo, vieja, amigas, amigos.
Esta vez fuimos tarde a la playa. Sin chicho ni rengo. Conocimos a llavero, el tercero. Dani dijo que escuchó al dueño llamarlo así y no sé por qué, le creí.

De camino, escucho el ronquito adolorido de una cortadora de pasto. Ese mismo ruido me iba a despedir al otro día. En Punto Indio hay mucho pasto para cortar. Es un pueblo de tierra, verdes abundantes y aguas marrones. Miro el Río de la Plata y trato de acordarme, sin lograrlo, al responsoble del verso de que al río le pusieron así porque es plateado. ¡Mierda!, esta es agua marrón, dedse lo profundo a la superficie. Río de la Plata le dijeron porque por acá nos chorearon todo desde que invadieron.

La tarde del sábado la playa es una fiesta de gente. Jugamos a adivinar de dónde vendrían. ¿Verónica? ¿La Plata? ¿Buenos Aires? ¿de acá? ¿tantos, de acá? ¿dónde estaban ayer?

Nos metemos por unas callecitas verdes del otro extremo del pueblo. Voy siguiendo carteles en madera pintados que indican como guiños: resto, helados, camping. Caminamos en zig zag y no encontramos más que la belleza de esos laberintos de flora pesada y exuberante. Fue lo más parecido a sentirme Alicia en el país de las maravillas sin el tipo desagradable que imagino lo escribió.

Los días de vuelta no siempre son tristes. Hacemos unos mates a la sombra en cualquier esquina de la calle principal, sabiendo que el micro va a parar donde estuviéramos.

En la cola del 520 un señor se pasa de amable a terco. Quiere que suba antes que él, cuando yo estoy después. Amabilidades que nos salen caras al género, pienso y enseguida me acuso con que me estoy pasando de troska.
Le agradezco y con un gesto lo invito a que siga su marcha: “Vos sos mujer, dale, vos primero”, “¿qué tiene que ver que sea mujer?”, le contesto lo más sonriente que pude. Vuelvo a agradecerle, señaló la cantidad de asientos vacíos que quedan todavía y remato “suba nomás”. Ahí el don se impacienta y se sinceriza: “¡Es que yo soy antiguo nena!”. Con esa frase parece querer justificar el mundo y que nadie resople. Si nací después, ¿me jodo?.

Y subo. Me da pena (no sé quién más, si él o yo que termino adelante). Pot un segundo siento que extendí la charla, que otra vez me salta la troska en un simple encuentro del micro y que podría haber callado, sonreir femeninamente al hombre, aceptar agradecida y que capaz me mire la retaguardia.
Después recuerdo que creo que las luchas estrcuturales se dan en el plano cotidiano, en el acto más hormiga. Y que debí ganarle al viejo con alguna explicación razonable de las que se me vienen ahora a la cabeza. Que una ley no hace nada sin un cambio cultural y que el machismo también se esconde detrás de la caballerosidad con la que pocas veces me siento cómoda...




viernes, 3 de octubre de 2014

(5) Sentidos / (5) Fuegos de gracia



(Uno)
Hoy exorcizo la violencia
que echaste sobre mi cuerpo mujer.
Y en este acto de bruja milenaria
el de todas las mujeres que llevo viviendo conmigo, drenándome las venas.







(Dos)
Hoy el grito me cuesta
el desgarro de las 4 cuerdas vocales
Y el miedo llega hasta vos,
repta tu pecho.
Te da una caricia fría en la nuca






(Tres)
Hoy me reivindico:
poderosa en mi sensibilidad
que no es ni cerca equivalente a tus quimeras: 
poder militar, económico y político

Es tan fácil. Sin esquemas, tu imperio: cae.
Y cae por disparo de hembra.



(Cuatro)
Hoy la piel se te eriza como durante tantos siglos
se me erizo a mí.

Yo soy felina de cuero crispado,
con boca de dientes filosos
y 4 patas veloces
que esta vez no uso para escapar.

Porque en el liberador acto del grito
te devuelvo el miedo
antes de matarlo para siempre.

Esta es nuestra gran diferencia.
Sufrís ante el despojo de la armadura y me cuesta entender lo desorbitados de tus ojos ante la escena
Ahora sí, no hay más tiempo.
Te enfrento a tu histórica arma impotente para enterrarla y cavarle un pozo más profundo que tu desesperación.

Y llorá macho. Y ojalá seas capaz de reconstruirte en ese agua.
Es lo mejor que puedo desearte después de tan dolorosa espera.



(Cinco)
Estoy preñada de una memoria ancestral
El juicio nuestro es ético,
en ronda y desde el suelo


Tu violencia ciega olvidó mi poder paridor.
La hembra entraña
la tenemos bien lastimada, es cierto,
pero seguirá pariendo hijas inconformes hasta que la historia nos nombre



sábado, 6 de septiembre de 2014

¿Tiene sentido contar historias?


¿Tiene sentido contar historias?

Les estoy preguntando
A mí, a ustedes

¿Tiene sentido contar las luchas, las in-justicias, los crímenes, las ausencias?

Lo estoy pidiendo a gritos
Ustedes
¿me escuchan?



Hace poco hablé con Ernesto. El es columna vertebral de la causa contra el ingenio Ledesma, que busca justicia por la complicidad de la empresa con la dictadura cívico militar del 76' que sólo en Libertador General San Martín secuestró a más de 400 personas, de las que todavía hoy 33 siguen desaparecidas. El es parte de esa búsqueda de justicia por los crímenes de siglo XIX, del XX y del XXI.
Y ¿saben qué? Está solo.
Sí, detrás de la gran política de derechos humanos.
Hace pocos meses un pendejito pagado, sin mayor conocimiento de lo que estaba haciendo ni de quiénes lo estaban mandando, entró con un cuchillo a su casa a la madrugada a matarlo. A callarlo.
El la dictadura lo secuestraron tres veces, muchas más lo torturaron. Y no “cantó”, no dijo un nombre. Dice que por eso está vivo, por no haber vendido a un compañero.
En todo Libertador le dicen “Profe”. Da clases en escuelas especiales hace años.
Vive con el teléfono intervenido, lo sabe y lo comparte. Todos estamos siendo grabados.

Hoy tiene que soportar ver a muchos de ellos, de la Asociación de Ex Presos morirse por la miseria. Mueren por falta de atención de salud, les machacan la vida, los torturan psicológicamente: “Sos un tonto por hablar. Vení con nosotros, arreglá. ¿O querés desaparecer como desaparecieron los del '76?”. Y esa gente que no transa muere de tristeza con velas en sus casas porque nunca les llegó la luz.

Vuelvo a preguntar
¿Tiene sentido contar historias?
Me dirán que sí. Para mantener viva la memoria, para que no vuelva a ocurrir el terror del pasado.
Y hoy discúlpenme, con todo el sentimiento. Hoy les pido no me llenen de palabras hechas la respuesta con que todos nos quisiéramos conformar.
Hoy a mí denme el indulto que todos los días se le regala a la impunidad.
Hace cuatro meses a Ernesto lo podrían haber matado si su hijo no se hubiera despertado y tengo bronca, dolor hirviente. No sé si tiene sentido contar realmente, esta es la respuesta que me doy a mí misma.
Cuento como exorcismo implacable. Cuento a gritos, con el puño nervioso, caliente.
Ernesto se fue a su casa después de las 1 de la noche y siento miedo por él. Pero hoy no es especial más que para mí que acabo de recibir las noticias de los últimos meses.

Cuando se va me aprieto contra el pecho que tengo cerca y lloro porque no puedo contenerme
y escribo para desahogar tanta impotencia.

Miro Norte Profundo, el libro que él se acaba de llevar y por el que vino a verme hasta la casa donde estoy en Libertador y me pregunto ¿qué sentido tiene?

Si se siguen muriendo sin luz.
Si los siguen amenazando, torturando con la inversión de la culpabilidad, si ni siquiera tienen la mínima protección que el Estado debería asegurarles desde el minuto cero.

Ernesto y otros compañeros suyos son testigos claves. Ellos patearon los barrios levantando testimonios de ex detenidos que nunca habían hablado. Ellos son las espinas dorsales de una justicia que en la mayoría de sus escalafones no tiene voluntad de emerger.

¿Tiene sentido contar historias?
¿Cambia la historia si la contamos?
¿Cambió la historia?

Hace cuatro meses a Ernesto casi lo matan y a mí no me sale otra cosa que escribirlo y llorar sobre el trazo hecho pelota.


8/8/14

miércoles, 30 de julio de 2014

Nadar onírico


Superposición de realidades x Danpeople.


Hoy nado el río turbio de mis ideas
sin pretender cruzarlo.

Me zambullo del golpe

El frío implacable del agua me regala la muerte por un segundo

y ahhhjjj, en instintivo acto de mi especie saco la cabeza a la superficie
y respiro
hasta que todo vuelve a ser vida

Creo que en lugar de las tejedoras jalq' a que tejen sus pesadillas
yo las escribo
esa es mi forma espontánea de exorcizar mis otros planos de conciencia.

Hoy desperté en un punto fijo de angustia.
Hice lo de siempre. Salté de la cama, me lavé la cara y los dientes.
Fui por un poco de agua caliente, perdí tiempo en lo mundano:
el trabajo de escritura monótona por el que me pagan
hasta que pude ver más allá del día

El agua empezó aquietarse
no me rehuí del sentimiento de vacío
y de pronto emergió
como una revelación
esa otra mujer que soy
de escamas acuosas
zigzagueando en el río de mis noches.

Ahí es donde siempre debo llegar
lo sé, pero me cuesta tanto,
me escapo tanto de mi ser.

¿Comprenden?

Es como clavarse una espina y verla,
tenerla servida a la yema de mis dedos
y no querer sacarla.

Cuando la tomo, la expulso
me brota un existir completo

y ese ser es incompatible con la rutina que llevo:
los planes que proyecto en un después que no se si exista.

Volver al agua onírica de la noche anterior
me trae esa lucidez

y es difícil llevarla en hombros cuando arranca el día
con mi nombre de ciudadana,
las tareas que me creo y sostengo.


Vivir en agua es desatender al holograma, es despegarme la piel superflua con que me pinto cuando despierto y recuerdo los obligaciones anotadas en agendas, los deberes de un ser para el que sé:

no soy.  

sábado, 22 de marzo de 2014

NO Cuerpo


Dara Scully*


mails, redes sociales, números de teléfonos:
fijos, celulares
chips, cables, 
tarjetas electrónicas
que viven de comerse nuestros mensajes digitales

ningún medio suele ser bueno
pero es lo que queda cuando no hay posibilidad de
tacto,
oído,
gusto,
vista,
olfato

si no hay sentidos
hay medios

y acá estoy, regalándole a la digitalidad un saludo para vos:
que ojalá hayas disfrutado por acá, 
que ojalá sigas en ese estado "por allá",
en cualquier lugar que para mí es difuso o no existe 
y no importa.

Porque lo único real ahora es este medio
Estos golpes rápidos contra los cuadritos de mi teclado que dicen 
formar palabras 

pero no,
son cuadritos negros hilvanados en un teclado

Podría haber arrancado: 
"Hola, ¿cómo estás? ¿Cómo te trató el viaje?
Pero me pareció más interesante hablarle a lo que nunca le hablo: al medio / a lo que no está /a esos estados del No Cuerpo, a los que el universo digital promete puentes inacabados. 
Y así se ficcionaliza el canto de mi garganta, los pliegues de mi piel en un gesto improvisado, la tibieza de un roce.

y de paso, ¿te llega?
a vos.

un abrazo que escribo sin gustos ni aromas ni sonidos ni imagen 

ni brazos.

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*Siempre que termino de escribir algo hago el mismo ejercicio. Pienso palabras sueltas que sean la estampa de ese relato y las pongo en algún buscador. Me gusta pensar que existe una sinergia mágica entre las ideas que acaban de salir y ciertas imágenes que aparecen regadas en la web. Cuando encuentro una, no lo dudo. Es inexplicable. Imagen y texto se me figuran diciendo algo en común. Y ahí busco como loca al autor o autora, para contarle esto y avisarle que quiero tomar su sentimiento para unirlo al mío. Siempre espero que esté vio o viva, que  entienda esto de manera similar y al encuentro no nos lo mate la maldita tradición del copyright. Ella es Dara Scully. Una mujer del bosque, una mujer del hipercuerpo y las escenas oníricas. Nada mejor para estas líneas que nacieron de pensar su ausencia. http://cargocollective.com/darascully

martes, 11 de febrero de 2014

Oswald de Andrade*

*Brasileño portavoz de la inmensa Abya Yala, 
de nuestra América. 

Escribe y dibuja. 
Y aunque murió, 
sigue hablando.


Escuchar
hacer-nos eco

somos memoria viva,
de ancestral camino 
grabado en nuestras pieles 

Nada puede haberse perdido
sólo olvidamos, dejamos a un costado, 
por el silencio y la opresión

Pero hace rato los vientos están de nuestro lado empujándonos los cambios
y así -tanteando señales, huellas-
vamos reviviendo

¿cómo era?
hablar y amar
decir de una vez y desde lo profundo
amar en la lengua del cuerpo

mover-nos de deseo

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Estas son las palabras que me brotan después de escuchar a Daniela Andujar, interpretando algo del Manifiesto Antropófago de Oswald de Andrade, al que Xuan Pablo González le agregó otros sentires sobre Nuestra América, en esta versión compartida por la vaca: http://www.radiolavaca.org/manifiesto/

(Con buen volumen y luces bajas)

"Nunca fuimos catequizados / Lo que hicimos fue el carnaval, la murga, la burla, la cumbia / Ya teníamos el comunismo, ya teníamos la lengua surrealista, la edad de oro, la risa de colores, la magia y la vida / La relación y distribución de los bienes morales y físicos / No teníamos especulación / Teníamos la adivinación / Y política, que es la ciencia de la dis tri bu ción y un sistema social planetario / Teníamos el trueque y el ayni / Dábamos recibiendo y agradecíamos compartiendo / Antes que Europa descubriera América, América había descubierto la felicidad y se llamaba Abya Yala"