sábado, 6 de septiembre de 2014

¿Tiene sentido contar historias?


¿Tiene sentido contar historias?

Les estoy preguntando
A mí, a ustedes

¿Tiene sentido contar las luchas, las in-justicias, los crímenes, las ausencias?

Lo estoy pidiendo a gritos
Ustedes
¿me escuchan?



Hace poco hablé con Ernesto. El es columna vertebral de la causa contra el ingenio Ledesma, que busca justicia por la complicidad de la empresa con la dictadura cívico militar del 76' que sólo en Libertador General San Martín secuestró a más de 400 personas, de las que todavía hoy 33 siguen desaparecidas. El es parte de esa búsqueda de justicia por los crímenes de siglo XIX, del XX y del XXI.
Y ¿saben qué? Está solo.
Sí, detrás de la gran política de derechos humanos.
Hace pocos meses un pendejito pagado, sin mayor conocimiento de lo que estaba haciendo ni de quiénes lo estaban mandando, entró con un cuchillo a su casa a la madrugada a matarlo. A callarlo.
El la dictadura lo secuestraron tres veces, muchas más lo torturaron. Y no “cantó”, no dijo un nombre. Dice que por eso está vivo, por no haber vendido a un compañero.
En todo Libertador le dicen “Profe”. Da clases en escuelas especiales hace años.
Vive con el teléfono intervenido, lo sabe y lo comparte. Todos estamos siendo grabados.

Hoy tiene que soportar ver a muchos de ellos, de la Asociación de Ex Presos morirse por la miseria. Mueren por falta de atención de salud, les machacan la vida, los torturan psicológicamente: “Sos un tonto por hablar. Vení con nosotros, arreglá. ¿O querés desaparecer como desaparecieron los del '76?”. Y esa gente que no transa muere de tristeza con velas en sus casas porque nunca les llegó la luz.

Vuelvo a preguntar
¿Tiene sentido contar historias?
Me dirán que sí. Para mantener viva la memoria, para que no vuelva a ocurrir el terror del pasado.
Y hoy discúlpenme, con todo el sentimiento. Hoy les pido no me llenen de palabras hechas la respuesta con que todos nos quisiéramos conformar.
Hoy a mí denme el indulto que todos los días se le regala a la impunidad.
Hace cuatro meses a Ernesto lo podrían haber matado si su hijo no se hubiera despertado y tengo bronca, dolor hirviente. No sé si tiene sentido contar realmente, esta es la respuesta que me doy a mí misma.
Cuento como exorcismo implacable. Cuento a gritos, con el puño nervioso, caliente.
Ernesto se fue a su casa después de las 1 de la noche y siento miedo por él. Pero hoy no es especial más que para mí que acabo de recibir las noticias de los últimos meses.

Cuando se va me aprieto contra el pecho que tengo cerca y lloro porque no puedo contenerme
y escribo para desahogar tanta impotencia.

Miro Norte Profundo, el libro que él se acaba de llevar y por el que vino a verme hasta la casa donde estoy en Libertador y me pregunto ¿qué sentido tiene?

Si se siguen muriendo sin luz.
Si los siguen amenazando, torturando con la inversión de la culpabilidad, si ni siquiera tienen la mínima protección que el Estado debería asegurarles desde el minuto cero.

Ernesto y otros compañeros suyos son testigos claves. Ellos patearon los barrios levantando testimonios de ex detenidos que nunca habían hablado. Ellos son las espinas dorsales de una justicia que en la mayoría de sus escalafones no tiene voluntad de emerger.

¿Tiene sentido contar historias?
¿Cambia la historia si la contamos?
¿Cambió la historia?

Hace cuatro meses a Ernesto casi lo matan y a mí no me sale otra cosa que escribirlo y llorar sobre el trazo hecho pelota.


8/8/14