sábado, 29 de noviembre de 2014

La vida en Ronda


Esta idea la escribo dilatada. Surgió un 24 de noviembre y la dejo salir recién ahora, 28. Estrategias de quien sabe que lo vivido es fuerte cuando pasa por el cuerpo y que darle nombre a esas sensaciones, llenarlas de verbo, le dan consistencia y que es difícil contener las certezas cuando brotan.

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I
¡Listo! Te tengo en todo el cuerpo
Recién ahora, mientras el micro arranca el movimiento que me lleva de vuelta al lugar donde no estoy, hago esto conciente.

¡Listo! Apenas a una hora de despegarme de tu piel/ronda lo siento.
Sí, abrí el pecho.
Estoy entregada a este ser – vida compartida, comunitaria, de luchas integrales que laten adentro. Donde soy toda Josefina. Genuina, sin costados que deben guardarse para otros ámbitos, discutiendo, bailando, pensando argumentos, ideas, propuestas que se funden a ese paso de danza improvisado que descargo en el aire cuando me levanto de la asamblea para ir al baño.

II
De noche, después de horas de hilvanar argumentos, horizontes, mis manos golpean el cuero de un tambor... ¿sin saber hacerlo? Y suceden horas de trance dulce, envuelta en esa libertad de saberme hermanada, en esa confianza de plenitud que se convida. Y brotan coplas de mi garganta y melodías que no conocía porque hacían falta esos otros que también están tocando la lado mío, marcando un ritmo común que vibra desde el repique de los pies hasta el canto agudo, grave, esdrújulo.

Comiendo en círculos, soñando en círculos, creando...


III
Es lunes al mediodía. El micro hizo 100 kilómetros y recién ahora pienso:
“¿Por qué no me quedé?”

Anoche no dormí. Hoy, en viaje, tampoco lo logro. No quiero dormir, tengo miedo que el descanso me borre alguito de las sensaciones que pulso en el estómago.
Sí, voy a quedarme despierta. Tampoco puedo hacer otra cosa.

Mi cabeza vuela por decenas de imágenes que me refrescan la intensidad de lo vivido estos días. “Volver a esa vida primaria”, me dijo alguien cuando le conté mi apasionamiento. Donde trabajo, goce y lucha se comparten, crean, construyen en la misma ronda (que cuanto más grande ¡mejor! Y que le gusta abrirse para sumar más pancitas que tiemblan de libertad).


IV
¡Listo! Estoy - Siendo Otra.
Tengo todos tus olores en mi memoria.
Cierro los ojos y me explotan de agua.
Siento la sonrisa interna, la efervecencia de mis emociones.
Oigo el latido de un brillo nuevo. ¿Se puede escuchar un color?

V
Duele mucho lo que viví estos cuatro días, también es cierto. Crónicas catárticas de injusticias, crímenes, tierras peladas por la miseria, personas fuertes, cansadas... pero la horizontalidad de ese círculo de más de 200 voluntades me devolvió a este asiento de micro renovada, SuperViva.

El asunto ahora es cómo hacer para volver, sostener mi vida de casas separadas por varias cuadras, de cenas qué comparto sólo a veces y que es el convite lo que siempre me devuelve la sonrisa; este trabajo solitario donde investigo encerrada y al que sólo le encuentro sentido cuando viajo y me encuentro con otros y otras.

VI
Dije que esta idea se escribía dilatada.
Pasaron cuatro días de mi llegada y la verdad, no logro estar donde piso.

Agradezco esta emoción sin intermitencias, la incapacidad del olvido, el llanto, las sonrisas de mis compañeros y compañeras que siguen caminando en Chubut, Córdoba, Corrientes, Buenos Aires, Andalgalá. Mi aguita imparable, esta feliz insatifacción que me impulsa al salto, que me salva.


2 comentarios:

Cris dijo...

Por suerte la vida nos convida compañeras como vos Jo. Hermoso tu relato. ¿y sabés qué? También estamos en ronda con eso de las emociones.

Josefina dijo...

Ay, Cris, gracias. Sabés que esa certeza ayuda mucho en las vueltas :) saberse con la rondita a donde una va. Te abrazo...