viernes, 9 de octubre de 2015

poblar en vuelo


Lo escrito está influencia por Latcho Drom. Oda a la estética de un Pueblo. 
Historia del peregrinar Gitano. Se recomienda leer, escuchando.
***

La libertad canta huaynos
con gaitas y panderetas
ofrenda a la Pachamama
aprende del despojo de los que se mudan
como escape a la monotonía
y de los caracoles zapatistas que crean y recrean vida
al borde de los malos gobiernos /
de esas estructuras jerárquicas que promueven la desigualdad
argumentando planes de redistribución
de lo que nos robaron antes para inventarse y sostenerse ahí.

(en cambio)
La autonomía
en su espiritualidad
baila en medio del desierto


Pies descalzos
canta con caja
y resuena castañas

vive en los árboles cuando no hay casas


y voltea paredes siempre que avanza



viernes, 25 de septiembre de 2015

anidar los símbolos


I
Hoy me trajeron dos libros a casa. En realidad, me trajeron muchos más. Pero sólo vi dos hasta ahora. Hice lo de siempre. Jugué el juego de pasar las páginas con los ojos cerrados, hasta que alguna sensación indescriptible detenga mi dedo sobre alguna y entonces ése -y no otro- es el mensaje que tengo que recibir de ellos en este lugar y este tiempo... 

II
(Ahora que me esfuerzo en describir el juego para que alguien lo entienda, o para que a mí me quede el registro simplemente; me acuerdo que hace poco me hablaron del I Ching. 
Fue una noche que andaba obstinada en develar una escena de un sueño muy narrativo que tuve. Un sueño con tantas imágenes que, además de escribir, tuve que dibujarlo. (Y lo guardé en una botella hasta que algo o alguien sienta abrirlo. Pero esa historia del sueño completo y la botella, mejor la cuento después).
-Un gitano andaba caminando por un camino de tierra de América del Sur con tres monedas; tres monedas era todo lo que tenía y quería trocarlas...


-El Ching, dijo la Maga con naturalidad; volviéndose ante mis ojos como un tótem de revelaciones.
-¿Qué es? ¿Cómo? ¿También tres monedas? Quise saberlo todo. El corazón me galopó.

Y en la ronda había dos especialistas. Tomás y Mariana se conocieron así, compartiéndome el Oráculo. Lo que entendí es bastante parecido a lo que hago con los libros, pero con monedas de 5, 10 o 25 centavos... Importa que sean todas del mismo número. Una las arroja 6 veces y anota los números o escudos que salen de cada tirada y hace una raya. A mí me lo contaron así: “los números valen 2 y los escudos o dibujos 3. O sea que si tirás y te toca: 10 centavos + 10 centavos + escudo, el número es 7. Y 7 es impar, o sea 'impartido'. Tenés que hacer una línea única. En cambio si tocan 6 u 8, es par, línea partida”. 
Esas tiradas forman hexagramas con respuestas que pueden buscarse en un libro o acá. Hay un camino más cortito, pero se pierde la zarpada búsqueda entre las líneas. Si la memoria no me falla, cosas que pasa seguido, mi primer tirada dio 22, la gracia y 55, la abundancia).

Una tirada sería así:
6° tirada: 10cvos + 10 cvos + escudo:  7 -----------------------
5° tirada: escudo + 10cvos + escudo:   8  ---------     ----------
4° tirada: 10cvos + escudo + escudo:   8  ---------     ----------
3° tirada: escudo + 10cvos + 10cvos:   7  ----------------------
2° tirada: escudo + escudo + escudo:   9  ---------     ----------
1° tirada: 10cvos + 10 cvos + 10cvos: 6  ---------     ----------

Este ejemplo, inventado para la ilustración, dio: 52, el reposo

III
Volviendo a los libros. Me gusta sentir esa conexión con ellos. La verdad es que necesito sentir conexión con cualquier cosa o persona que me encuentre; si no pasa enseguida empiezo a pensar que ahí no debo estar. Por eso me bajo del juego con los libros humedecidos, los que tienen las hojas pegadas. Porque sí, tienen mensajes para darme; no hay dudas. Pero si les cuesta dármelos y yo que de oficio no soy cerrajera: significa que no es nuestro momento. Porchia me mató y revivió con una frase desde que se la leí en 2007: “Te ayudaré a venir si vienes y a NO venir si no vienes”. (Y sí, las mayúsculas son mías, porque con amarreteadas -o miedos de por medio- me pongo guardiana como perra recién parida).

Es cierto que de a poco voy aprendiendo a restaurar libros, pero lo hago siempre que tengan voluntad. 
-¿Y cómo te das cuenta que un librito quiere que lo restaures? Me pregunta alguien, riéndose un poco de esta ocurrencia.
-No sé. Lo siento o no, conectamos o no. No te lo puedo explicar con letras, es conciencia táctil.
¡¿Para qué?! Esa respuesta me vale la gozada del año. Hasta que la risa se vuelve cosa plural, que es como abrir la compuerta de un río contenido. 

CC. Creatividad Común o Cuestión de Conexión: es es la más sincera definición de amor que aprendí a darme hasta el momento (Y de paso, ya me parecen medio hermanas o del mismo clan).
lo compartido, lo colectivo, lo comunitario

IV
Pero estaba hablando de los libros. Y de abrirlos entregada a un estado que ni por asomo es azar. A ése no le creo ni un poquito la pose de sorpresa despreocupada y entonces prefiero develarlo: es conexión o no.  
Creo, en cambio, en el compromiso profundo con el juego. Con ese juego que es de pura y mutua entrega, donde no existe el carteo ni hace falta lapicera para anotar puntos porque quienes lo jugamos, sabemos que no nació para que alguien lo posea o se lo gane. Y esa es, además, la mejor manera de querernos. 

V
(-Ahora después de tanto filonaufragar, ¿vas a ir al grano...?)

Los libros que me trajeron: poesía de un hombre que me conmueve y otro con ejercicios de clown
Libro 1, sin número de página: “Y construí tu rostro / Con adivinaciones del amor, construí tu rostro / me oculté del mundo para tallar tu imagen / para poner dulzura en tu saliva / te describía por mi sangre / Años y años trabajé para hacerte, antes de oír un sólo sonido de tu alma”.

Libro 2, página 65: “Los autos chocadores. Todos se mueven por el espacio libremente. Deben ir al lugar que tienen enfrente pasando por el centro del espacio. En la concentración, hay que evitar golpearse. Hacen esto varias veces, saludando, agrediendo con la mirada, en cámar lenta o veloces. La última vez que pasen por el centro, imaginen que van en un autito chocador. Y, además, podrán golpearse,  pero  rebotando con la protección de goma que esos autos tienen. De ahora en más, se trata ya de jugar a esa atracción de manera libre...” 

(Y mi imaginación completa)
… de saber que podemos golpearnos cuando ya no queremos
(o no necesitamos) hacerlo.

VI
Los libros / las manos / los oráculos / el adolecer de un choque innecesario y la claridad para elegir cuándo y de qué manera jugar a los autitos chocadores, a tallar un rostro, al I Ching, a restaurar lo estropeado por los años o el agua o el miedo.

VII
Que no hay amor verdadero 
ni en el corazón de un poeta ensimismado, 
ni en el de un clown extrapolado.

Y que el azar es miedo hecho verbo. 

Y en este viaje /de entera entrega / 
vale sólo la conciencia de las yemas.

Porque esa, esa es la mejor manera de jugarnos
y anidar 
el nido viajero ¡existe!


lunes, 21 de septiembre de 2015

El tiempo del silencio y el tiempo de las flores

septiembre (15, 13 y 21)


15:
¿Qué desearte?
Que te  adornen de belleza
que ojalá te amen tanto como para llenarte la cabeza de flores
(como mis hermanas lo hacen conmigo)
la pancita, de cómplice calor
se rían con tu risa
lloren ríos con tus angustias y tus alegrías
que por el cuerpo te pasen todas las estaciones
y sientas este descascaramiento y follaje cíclicos


13:
arrojarse a nadar ríos ondulantes

Puede asustar la corriente,
el cauce vertiginoso del agua,
tan siamesa de la sangre.

(Oíme, que somos parte de algo grande
70% de agua en el mundo / cuerpo)

Antes de la primera palabra
el cuerpo se enfría
por un segundo, el pecho se comprime
(adrenalina. desnudez. compuerta abierta)

A cien por el ripio, es bueno decirse:
voy a largar, a largarlo todo...”
y la compuerta que amaga a cerrarse con toda la fuerza de la clausura.
Pero no. No nacimos para acumular nudos.

Empiezan a salir
las palabras como bálsamos /
aloe vera fresca sobre una quemadura
suave néctar haciendo de las suyas

los hombros se aflojan
la voz se templa
y ellas, las palabras, agradecen que las saboreemos en nuestras lenguas
y las reguemos donde quieran llegar

como semillas
a las palabras
hay que plantarlas
sin especular cuánto puedan crecer esas raíces

nuestro deber-ser es canalizar la palabra
decir la palabra
amarla y rendirle tributo:
soltándola

***

Sujetar una es contener un ciclo.
Guardarla debajo del colchón
o la garganta:
enferma

Y yo estoy con la primavera a flor de azahar,
con el patio que me explota de pieles nuevas.



Frente a tremenda evidencia
me rehúso a contener cualquier cosa.

El invierno es tiempo de guardar,
pero hoy, ya no...
Por acá son días de rebrote

El sabio calendario agrícola, nos susurra, que ahora es tiempo de la palabra al aire. De abrir las puertas a la brisa perfumada, desabrochar el saco y dejar salir el olor de la piel entibiada al sol.

21
Mamá se da cuenta que soy de varias estaciones, como los limoneros con los que convivo, y dice: “Naciste un 21 de junio y te engendré un 21 de septiembre. En vos están las dos: invierno y primavera. Dual y extrema”.

Esa analogía suya fue me saca varias sonrisas. 
Y ayuda a entender por qué atiendo al tiempo crudo del despojo y me sumerjo a la introspección cuando a los arbolitos no les queda ni una hoja prendida. Por qué despierto como despierto en época de rebrote y necesito -imperiosamente- dejar atrás el silencio para reabrir con un grito de vida / el tiempo de las flores.

Entre invierno y primavera parece haber un abismo, aunque sean ciclos continuos. Y hay algo de esa aparente oposición complementaria que me seduce. Igual que para sentir al día, necesito saber de la noche; es en la latencia y germinación del invierno que engendro la potencia de la semilla por crecer.

Y en los días previos a la primavera (el 17, en una fecha que para muchos en el mundo tiene la forma de un año nuevo), abrí las compuertas de mi invierno. Igual a los limoneros que conocí hace 12 meses, cuando el perfume de los azahares me llevó hasta el fondo del patio y hubo algo entre nosotros que hizo que nos elijamos al instante.

Hoy les digo a mis amados limoneros que en ese momento no sabía que también soy especie de varias estaciones, que seguro ustedes sí lo notaron cuando me vieron y pulsaron su energía para que convivamos. Les cuento lo que mamá dijo recién, ellos bailan un poquito en el viento y me gusta creer que están asintiendo, mientras sacuden las flores del aire que fui colgando en sus ramas, como metáfora de nuestros encuentros.

Estamos cerca a despedirnos, a agradecer el tiempo compartido. 
Pronto van a ser otros cuerpos los que se bañen con sus jugos. 
Convivir con ustedes fue y es una gloria. 
Observarles -silenciosa- en ese recorrido cíclico de etapas, 
es de un aprendizaje hermoso.

***

Me llevo todo este jardín en los ojos,
toda esta sab(v)ia vida en el cuerpo.
De aprender del tiempo necesario del silencio

para que vuelvan las flores.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

El encierro es productivo. Salga al asombro

Tejido que regalé al patio de una casita en el límite entre Tucumán, Salta y Catamarca 

Como los pájaros, no siembro ni cosecho pero vivo hermoso” 
escuché decir a un ceramista salteño

¿Por qué tener una sola visión de mundo si hay varias?
¿por qué comulgar con un sólo patrón cultural,
un sólo festejo de año nuevo
o una acabada definición de nosotros mismos?

¿Qué motiva la encerrona?
-Sí, que me parece absurda.
Y sí, que le saco la lengua.
No a tus creencias, sino a las mías

Si preguntar abre horizontes
despierta rebeldías
y despunta alas
que nos plantan inconformistas en el aire

(¡Claro! ahí entendí... Puede dar un poquitito de vértigo)

***

Si revuelvo, encuentro distintos calendarios y celebraciones.
Si revuelvo y encuentro
me entusiasmo con hacer de mi vida
un revuelto, un remolino, un revoltijo.

1 de enero: año nuevo romano. Año nuevo: 2015. Antiguamente los romanos daban inicio al ciclo el primer día del mes de marzo, hasta que Julio César instauró la fecha del 1° de enero, en el 47 a. C, haciéndolo coincidir con la asunción de los cónsules de la Antigua Roma. El calendario gregoriano, hoy vigente, es legado del Papa Gregorio en 1582. La expansión de la cultura occidental hizo que este día se celebre en gran parte del mundo, despidiendo al año viejo con grandes comidas y fuegos artificales.

19 de febrero: año nuevo chino. Zhēng yuèy: 4713 años. No existe un día fijo. Las celebraciones comienzan el primer día del primer mes lunar y terminan el día quince, con Festival de los faroles.

21/24 de junio: año nuevo indígena. Inty Raimi (Quechua), Wetripantu (Mapuche): 5523 años.
Se despide al ciclo viejo con un fuego comunitario y se espera al nuevo compartiendo la comida y la palabra hasta que amanece. Coincide con el solsticio de invierno, día de menos luz solar en el sur.

13 de septiembre: año nuevo judío. Rosh HaShaná: 5776 años. Se celebra al atardecer, con la primera estrella y se extiende los dos primeros días (14 y 15).

1 de agosto: día de la Pachamama, la Mamá Tierra y del Espacio – Tiempo en el Abya Yala, suelo latinoamericano. Hay quienes separan las eras de la historia en: Edad Media, Modernidad, otros como Pachakutis (500 años).

***

-Y usted, Gipsi, gipsi, gitana, ave errante, ¿en qué cree?
Me pregunta una vocecita mientras voy haciéndome esta amalgama de creencias. De manera más o menos conciente urdo un tejido circular que entrama la fe del mundo... En ningún punto me quedo y de todos voy siendo... bebiendo lo que cada uno bebe cuando celebra el fin de un ciclo, el inicio de la nueva llama... Y es sabrosa la diversidad de celebrar con chicha o muday, sidra y manzana con miel, carnes, té de ruda, maíz, naranjas y mandarinas. Difrutando cómo disfrutan otros y otras, encontrando el entramado del placer propio, de acuerdo a cada etapa. Sin patria ni matria que condicione corazón, cuerpo y paladar.

Porque en esto quizá esté mi sentir más sincero: me gusta festejar los movimientos sin fechas atadas a calendarios. Esas grandes transmutaciones del cuerpo y el alma con todo lo de imprevisibilidad que poseen; imprevisibilidad que no es otra cosa que pulsión de vida, potencia creativa.

***


(Las fuentes de lo escrito son tan diversas que las olvidé. Pongan "año nuevo..." en buscadores y ya)

martes, 8 de septiembre de 2015

Cosmovisión: viajante

El viaje como estado mental,
como salud en movimiento
El viaje como intuición
como ética del despojo.

El viaje como desvelo, como presente y futuro.
El viaje como deseo, como ananá fresca en la boca.
El viaje como testimonio, como oficio y proyecto.

El viaje como hogar
el viaje como un amor
de viajeros
viajándose

el viaje como misterio y como guía /
mapa de venas calientes /
como río profundo y transparente
como molino de viento

el viaje como quiebre de seguridades de fábrica
como alquimia en la cocina
como aquelarre de brujas de siglo XXI
como la mejor hamacada del mundo

el viaje como disrupción
como grito
como resistencia

y vuelta a la desnudez

Composición onírica: Dan Fotografía

sábado, 1 de agosto de 2015

Abuelo fuego

(a la Pacha, en su día)


Nos elogian el realismo mágico,
pero nos desgarran el tejido,
los hilos donde circulamos las memorias.

Nos alavan la sobrevivencia,
el surrealismo de nuestras resurrecciones,
pero nos asfixian la semilla
de lo que se empeña en volver a nacer

elogian cómo resistimos cuando lo hicimos,
pero nos satanizan la danza, la ronda:
úteros de nuestra creatividad.

Dicen adorar el poder de nuestras ceremonias
pero les temen más que a la peste y las ratas.
Quieren, en cambio, un misticismo de cuadro, 
de museo, de trazo muerto, domesticado.

Les gusta leer, hacer historia de nuestras historias
pero no se arriman ni un instante
a las aguas revoltosas donde hacemos 
nuestra ciencia de habla con la tierra.

Toman las pastillas hechas de nuestras plantas,
pero lloran de miedo en nuestras selvas húmedas.

No saben que vivimos en cada porción 
de lo que de esta tierra se llevan.

No quieren saber que nuestro espíritu negro
-hace rato- entró en sus cuerpos. 

Que ellos ya no son lo que eran cuando llegaron.

domingo, 17 de mayo de 2015

el principito sudamericano


I
Puedo contarles muchas historias sobre él. Que (como todos) nació desnudo y (como todos) eligió distintas pieles para disfrazarse hasta animarse a volver a la libertad de la desnudez.
Ex nietzcheano / Surrealista hasta la médula / Discutidor / Autodidacta de las mejores cosas que aprendió a hacer / Que se inventó ser un pesimista sin remedio, una catapulta de Nos hasta que le emergió el SI supremo, un SI escondido detrás de ese soplo que no controla desde los 16 y que seguro, lo empuja palante/

ese SI que le alienta todas las búsquedas en las que hoy anda mientras le escribo este par de palabras que no le debo y por eso se las regalo en sus 31 vueltas al sol.

II
Que amó el fútbol antes que la música y que encima decían que era bueno pero su mamita quería otro futuro para el menor. Que todavía se queda colgado de los alambrados cuando pasa por un club con canchita, que el corazón se le acelera (posta, posta) si se cruza con algún potrero y nostalgea y se pone a hablar de cuando andaba con la pelota. Pero de toque borra la lágrima y transforma la nostalgia en una postal con un click. Porque pegó el estirón y se hizo fotógrafo / se hizo rebelde / se hizo melómano / se hizo picante (seguro por los sabores con los que lo crió Diosmira, la abuela de Tarija, y las larguísimas tardes filosóficas con el abuelo Justino) Que su infancia pasó entre los cassettes de FunPeople de su hermano mayor, los sueños de conseguir un mecenas que le mantenga su vagancia creativa y los enfrentamientos entre las dos barras del Monasterio, barrio donde creció en los '90.

Frank Zarate / Borojo Borojo 

III
El pelo lo tiene crespo desde la raíz. En perfectos rulos afro y negros. Cuando le preguntan, él dice que vienen de la mamá. Pero por más que Elena disimule el suyo peinándolo, yo creo que esa genética viene de más y más atrás... del principio de la historia, de cuando éramos una África grande.

Mamá boliviana, papá salteño. El, hiper platense de los bordes.
Entonces afro, ojos achinados, pálido, flaquísimo. “Un afro coya”. La síntesis se la hizo uno de los tantos personajes que conocimos en una vuelta al norte y sentimos haber presenciado una auténtica revelación.

2010. Bufanda de colores al cuelo, la camisa a la que le estampamos un warhol con stencil, campera azul adidas, calzas mías, zapatillas. “Con esta estética, nadie acá se imagina que cruzo la cárcel en bicicleta para llegar a casa”, pensó en voz alta una vez. Estábamos en el Favero. Fue cuando lo invité a ver Fantasmagoria y se enamoró de “El río” y “Caballos negros”. Esa misma noche, como todas para llegar a la casa, cruzamos el grafftti que alguien hizo en el barrio con la frase de Korneta y los Gardelitos: “No necesito las luces ni los lujos de la ciudad”.

IV
(Todavía estaba en su época nietzcheana)

Hasta que alguna tarde (o mejor, alguna noche porque a partir de la 1 de la madrugada se le regenera la sangre) empezó a decirsePesimismo del intelecto, optimismo de la voluntad”, a tararear Sofía Viola, a creer en la intuición, en la potencia de la gente cuando abandona el poder o el miedo y se sienta en ronda y (sobre todo) a hacerse cargo de sus deseos, de esos reales, los profundos...

Atravesado por dolores que sólo punzan fuerte cuando hay esencia sensible, se animó a reinventarse.
Después de romperse y romperse y romperse... como hay que hacer.
Hundirse hasta el fondo y después... aprovechar el impulso para el salto.

El principito sudamericano
frente al espejo

Y las cosas empezaron a moverse. Pasó de la guitarra eléctrica al charango que es más amigo de los viajes. (Antes había andado en amores intensos con la armónica -clásica adolescente-, bajo, violín, cajón peruano). Dudo que alguna vez abandone ese alargue de 40 metros que armó para la primera vuelta al norte en 2011. 
Dudo que abandone la computadora, la zapatilla, los parlantitos para dormir escuchando Devendra, la cámara, las lentes, el trípode, las lanas de colores colgadas en cualquier parte. Esa libertad de adorar sin "ismos" la remera de Brigitte Bardot que le regaló mi abuela y la de la lucha antiminera de El Algarrobo. Se que no va a abandonar la percusión en el corazoncito... la irreverencia, la dulce provocación, “esa libertad del cuerpo y el alma que abre de par en par las verdaderas puertas”, nos contó Cortázar en alguna parte de su Rayuela.

V
El cuerpo es la nave”, escuché ayer en un antro de música progresiva platense. Hace 10 años seguro él estaba ahí saltando, de un lado al otro, con su peluca. Anoche, sintiéndome yo también una extraña ahí dentro, entré sabiendo que no iba a encontrarlo. Porque hoy late en otros lados y a otros ritmos. De todas formas la frase me hizo recordarlo. Porque aunque ya no ande esos pasillos, curtió y anduvimos mucho el subsuelo del viejo varieté, pura vida cuando era flamingo. Todo el cemento, toda su música y su poesía.

y volví a casa dispuesta a arrancar este relato y un mensaje suyo, como siempre, se cruza en la escritura. (La certeza de sabernos hermanos del mismo clan hace rato no se nos esconde en azares ni casualidades. Por eso no nos inquieta saber que podríamos cruzarnos y ¡no! Porque justo cuando él baja yo voy a estar subiendo y quizá nuestros micros se crucen en la misma ruta y él esté dormido sobre alguna hoja de “El cielo es de quien lo vuela”, de De Posfay o “Memorias del desierto”, de Dorffman (libros que elegimos para que lo acompañen en viaje) y yo ande soñando con tambores o pedacitos de esa aurora boreal que me compartió hace poco.

¿Y de qué está hecho eso de pulsar la misma cosmogonía?
Que cuando él troca fotos por bolsos tejidos con la cooperativa de tejedoras catamarqueñas / yo hundo una madeja de lana cruda en los colores del monte cordobés. Que cuando yo subo de Madryn a La Plata / él sube de La Plata a Tucumán / Que cuando ve a Miriam dibujar círculos en la tierra, en medio de una caminata antiminera, recuerda nuestro nuevo deseo y yo arranco a darle forma con un grupo de mujeres en un barrio al sur.
Que y que y que... el tejido lo seguimos haciendo. Como buenas arañas patonas, tensando a uno y otro extremo, con sólo una seña sabemos cómo y cuándo sumar los hilos. Y que ahí va otra vuelta... y que esto del viaje no tiene retorno porque nuestros cráneos son una espiral o un fractal.

VI
Les dije que podría contarles muchas historias suyas. Incluso jugar a escribir un libro y encuadernarlo con mis manos. Y él seguro va a querer probar serigrafías en tapa, revelados en hojas de plástico que queman cualquier impresora casera. Y se le van a ir las horas mixturando colores en photshop: alquimias 2.0 / saboreando las texturas de los papeles con las yemas dedos.
¡Casi olvido hablarles de la historia que hay en sus dedos! “Asperos, callosos, de nudillos anchos y líneas marcadas", descubrí una tarde. "Son manos de tierra, no de nene platenses”. De ahí el complemento coya a su mote afro. Sí, podría seguir contándole. Pero se nos va a ir la noche y ya se acerca el día...


Entonces
un principito / afrocoya / sudamericano

Un mirador de esencias / un irreverente de las formas dadas / 
un pibe que crece sin perder la capacidad de la sorpresa / la risa espontánea / 
el comentario ácido / la ternura

sureñísimo / altiplanísimo /
un amante de la belleza en sus más particulares puntitas
admirador de la estética
cultivador de la sana disrrupción

Que cada viaje que hicimos se llenó de paradas para registrar los santuarios al gauchito gil regados en las rutas/ que no sube al tren sin comer los chipá en rosca / que está tan conectado a su mundo onírico como a wifi / Que del 2011 hasta que dejó La Plata en diciembre de 2014, copó su casa de santuarios: Kity, el gauchito gil, la santa choli, una apacheta con piedras de Amaicha.

Hasta que salió... “Entre fiestas”, como dijo cuando sin saber nos despedíamos haciendo el segundo librito. Era principios de diciembre. Yo salía para Chubut y era posible que a la vuelta él ya no estuviera. “Hoy arrancó el despegue. Y en este tren y estos paisajes es imposible no pensarte”. El mensaje llegó a mi teléfono a horas de volver a pisar La Plata. Así fue que arrancó este hermano de caminos.
Y lo hizo después de cruzar todas las barreras internas hasta el final de sus miedos.
Hoy (y siempre) Celebro su fuerza de vida.

VII
Viajar. Ese deseo fue el que hizo que nos encontremos en enero de 2009 en Córdoba mientras aprendíamos de constelaciones; ahí donde se ven tan claras, tan encima, que la experiencia roza el vértigo. 
Como a la amiga de banco en primer grado: desde que nos conocimos, nos elegimos. Y en estos 6 años fuimos descubriendo el poder de la transmutación, ese que nos permitió seguir amándonos después de habernos amado, ese que nos develó cuánto podemos curarnos si nos animamos al arrojo, a perderlo todo, incluso a nosotros mismos; en esa zarpada experiencia de No quedar ilesos de los otros.

Cuando esto pasa (y les digo que puede pasar mucho, con muchas personas. Por suerte mi memoria atesora varias de estas vibraciones) no hay más chance de creerse uno, porque en cada parte nuestra pasan a latir esencias - otras, haciendo transfusiones de energía constantes.

VIII
¿Por qué les cuento tanto del principito sudamericano?
Será porque en este momento cumple 31 vueltas a la luna.
Será que sabe de estas palabras y las espera.
Y es lindo dar los regalos a tiempo.
Y celebrar la vida de las personas con las que encaramos mutuas liberaciones /

Liberaciones
en el profundo sentido que nos enseñó Amaicha con sus palabras:
Huayra y Ayni /
Vientos recíprocos /

IX
Ahora sí, te hablo a vos:

corazón internacional
espíritu de jugo de frutas

Buen viaje, buena vida. 
Si no es en ésta, nos vemos en las próximas (aunque sabemos que acá todavía nos esperan nuevas tramas, cruces y tejidos)



jueves, 14 de mayo de 2015

el sentido de estar


Con el sabor cubano de la yuca al mojo en la lengua
subo a un micro rumbo a Santiago del Estero.

La próxima semana una amiga cumplirá años en la casa que compartimos
y no sé si ese día estará en Argentina o Guatemala
(porque) ella también tiene el corazón en medio de las rutas.

Mis hermanos y hermanas argentinas siguen haciendo algo hermoso de sus vidas,
/ castillitos de arena en medio del cemento /

***

Agarrar la ruta, esta vez, me llena de una adrenalina distinta

Será que empiezo a sentir la cuenta regresiva hacia el deseo
de armar valijas ciertas en su incertidumbre /
cercana a perder toda medida de tiempo y espacio preconcebida

Será que por primera vez deseo ardientemente lo que existe
/ al presente /
ese al que antes llamaba “mientras tanto”.

Junio julio agosto septiembre octubre noviembre quiero quedarme acá,
donde amo, camino y duermo
en La Parra, 
ese no lugar que me habita en La Plata.

Para celebrar los años de Bren
admirar el cotidiano en forma de castillitos de la Ne
escribir historias con las estudiantes de primaria de Puente /
abrazar a Pili en la presentación del cuarto libro que germinamos con La Caracola
y seguir cosiendo hojitas de otras historias en mi casa, 
en las plazas, en En Eso Estamos

cerrar los lunes bailando
andar en bici con mi hermana,
buscar mieles con mamá
cocinar con semillitas para Flor y Paz
llenar de naranjas y mandarinas del patio
los bolsillos de En Eso Estamos
improvisar la feria de ropa en esquinas distintas con Vito y todo el frío del otoño
escribir historias del norte durmiendo en el sur

cebarles un mate a Ju y Juanma y decirles lo que saben:
les va a ir bello, bien bello
porque el viento sopla a favor de los que se animan.

Y latimos a cien mil sueños por hora
mientras respiramos profundo y relajamos las piernas 
en la calle 
en bajada 
con la bici
en zig zag
por las diagonales, las plazas, el adoquín, los caminitos de tierra

Porque estamos supervivos
en el aquí y ahora

moldeando el mañana 
igualito a ese sueño que estamos por soñar esta noche