sábado, 17 de enero de 2015

Ir siendo


...tenemos sed y paciencias de animal (Juan Gelman)


-Ya no puedo volver a ser la misma.
-Nunca se es la misma. Me dice Vero mientras señala la constelación de Orion, en este cielo estrelladísimo que compartimos con un cigarrillo en medio del campo patagónico.

Le digo que tiene razón, aunque igual -pienso- esta vez es especial, especial como fueron otras.
-Ya no puedo volver a ser la misma.

Salí a buscar y estoy encontrando, descubriendo mucho. Casi no me da el aliento para asimilar tanta intensidad. Mi cuerpo está extasiadísimo, emocionadísimo.

En este ambiente natural en que vivo hace varios días, con las patas llenas de tierra liviana, con la piel algo más curtida que cuando llegué; se va liberando mi animal.
Y como buena mamífera, busco hundirme en la mata para hacerme un poco de guarida y largar algo de este sentir palpitante que no siempre se comparte. Es el encuentro con una misma en medio de las rebelaciones con B bien larga.


Es la necesidad del primer llanto cuando la experiencia moviliza. 
Sí, también podría compartirlo, 
pero esta vez...

(Me voy metiendo en el monte. Lamiendo esta piel nueva que lleva debajo las
memorias de las otras)

Algo en mí se está abriendo
El desgarro es placentero.

¿Cómo no entregarse a este vuelo?




24 de diciembre de 2014


martes, 6 de enero de 2015

Revueltas nuestras

17 y 19 de diciembre del 2014

Voy a echar un río por los ojos.
Sí, toda la agüita que no corrió en años quiso contenerse hasta encontrar campo abierto y hacer nacer un lago hecho de agüitas de personas pequeñitas como nosotras.
¡No! Que te digo que no era llanto mal contenido. 
¡No! Que en ese momento no, pero ahora lo sabemos.
Era agua almacenada, como en las épocas de sequía que guardamos en bidones, ollas y cuanto envase aguante.
Hoy descubrimos: nuestra agüita es preciosa para andar desparramándola por ahí.
¿Si dolió? ¡Claro!, un poco…
Pero miranos ahora mientras hablamos: siendo humanos arroyos, cataratas, mares de llanto vivo.
Desde los lagrimales hasta la pera se nos dibuja un semicírculo por donde ruedan, espesas, las gotas. Y la piel nos brilla a medida que ellas avanzan.

***

Dara Scully


¿A vos te parece que a cosas como estas les podemos llamar dolor?

Estamos transmutando a ríos,
a lagos de aguas de nosotros y nosotras.
El movimiento arrancó, lo sentimos.
Y ahí, al fin, nos vamos viendo.


(Catarsis inmediata. Las aguas nuestras se revuelven profundo y van surgiendo las voces, las preguntas, las calmas que no llegan porque no es momento de eso…Si supiéramos exactamente qué nos está pasando, seguro, lo contaríamos)

Las formas dejan de tener sentido cuando ves desdibujadas las propias.
Risas despiertan en el monte,
en la estepa, los valles y los cerros,
pampas y quebradas partidas por hilos de aguas.

Ellas, las risas, como ecos de tierra sin mal, se hacen fuertes.
Se le suman las montañas, los cardones que hace siglos esperan enfundados en su piel gruesa y sus espinas, las piedras, el polvo fino que vuela en el aire.

***

Todo lo vivo, despierta, se pone de pie.
Y ríe.
En una risa que deviene temblor general.

Temblor de sobrevivencia.
Y reímos
en catártica revancha de lo que le ganó a la muerte.

***

Creyeron que nos habían liquidado

No.
No encontraron todas nuestras cuevas, todas nuestras ciudades sagradas.
Los terrenales no buscaron debajo de la tierra y ahí permanecimos,
agazapados, tibios, lamiéndonos entre todos las heridas viejas.
Nuestros cuerpos son sabios y aprendimos a escucharlos. Cuando la última cicatriz selló la piel, nuestros ojos y estómagos se reabrieron en hambres. 
Es impresionante la fuerza que ganamos después de varios siglos de invernada.

Con un brazo que es 200 mil brazos
nos desperezamos
nos decimos ¡Buen día!
nos lamemos las caras soñolientas.

Así la manada se reencuentra.
Buenos días desde todas las capas de la tierra.

Hay una emoción fuerte que desgarra el aire y rompe las telas de ese mundo viejo que todavía no siente que despertamos.
Las mujeres y los robles, los valles y los mares, los ríos, los cerros, los gatos tigres, los perros lobos, el mar y todas las especies que lo habitan, los lagos, los hombres, el viento y todos los que aprenden a volarlo.

La tierra es un caldo revuelto de risas que alcanza el hervor.
¡¡Buen día!! A esta sobrevida, ¡Buen día!
Y reímos más fuerte,
desde las manos,
las rocas,
las bocas.

La tierra se ondula, se contorsiona,
Las montañas desprenden hijos.

“La risa es un temblor poderoso con el que vamos a recrearlo todo”, nos decimos para animarnos, en medio del llanto incontenible con el que agrandamos el caudal de lagos-mares.
*
*
*
Sí, yo también estoy temblando.
Voy siendo parte de la montaña que camina,
del agua con la que me zambullo al reencuentro.