lunes, 23 de febrero de 2015

MiOriente choca MiOccidente


Oriente - Salida del Sol
Occidente - La puesta, el cierre.





19 de febrero. Tres de la tarde. 
Acabo de enterarme: es el año nuevo chino.

Ayer cerré la puerta y las nubes descargaron toda la agüita contenida / Ayer cerré la puerta y –literalmente- se largó una lluvia torrencial; de esas que siempre me descomprimen el cuerpo.

Las nubes grisáceas, blancas venían deambulando de la tarde anterior. En la noche del 17 sacudí el trueno entre amigos, sé que ellas necesitaban un empujoncito y yo, su bálsamo liberador.

(Con el agua siempre nos hablamos, desde que yo soy chica y ella, milenaria. Fui creciendo y empezó a acompañarme en los inicios de cada viaje. “Llegar con agua es buen augurio”, me enseñó una mujer ronda de Amaicha y pasé de resoplar a descubrir un brillo nuevo, quizá esa energía íntima que nos tiene unidas desde el 21 de junio del ´87)    

Y esa noche no llovió; hoy digo: gracias.

Las cosas Nunca son a destiempo / El problema son nuestras ansiedades (trato de aprenderlo mientras escribo esto)

El 18 transcurrió sin glorias ni hiatos. El cielo seguía ahí, hablando a través de sus nubes blancas, blanquísimas. Algunos vientos les soplaban y pensé “puede que sí, puede que no. Ojalá que sí, porque si no llueve me va a quedar este nudo en la garganta, esta tormenta comprimida en el estómago, las manos, todos los nervios que me cruzan el cuerpo”.

***

A las cuatro de la tarde ya no se podía seguir pintando.
La humedad no daba tregua.
La sentía cerca, amenazadora, fría.

A las seis la casa volvía a cambiar de formas. Gente entraba y salía. Cajas, muebles, postales de un otro yéndose. Simbolismo de un plural que elegimos deshacer para volver a hacer-nos, conscientes de las marcas nuestras que se quedan con el otro.

En medio de los movimientos, había algo de paz: 
las certezas del amor y el cuidado -al frente-.

***

A las siete me di vuelta y entré a mi nueva casa. Afuera, estaba la vida del otro cargada a un transporte que cobra por hora.

Cerré la puerta y se largó a llover.  Adentro, Mapu estaba tenso; seguro sentía en su cuero felino la inminencia del agua.  
Cerré la puerta y literalmente una cortina de agua explotó contra la tierra, bañó las uvas de mi parra, sacudió los higos, las naranjas todavía verdes, el cedrón.   
El dolor y la seguridad de las decisiones tomadas entre dos sacudieron la puerta del fondo.

Salí a empaparme. Trueno en mano. 
https://www.youtube.com/watch?v=QQUDrlauD8c

Rojo. “El primer color”, de Shaman se escuchó en toda la manzana y agradecí al orden aleatorio de mi lista de reproducción la sorpresa de ese himno metafísico.
Filmé mis pies desnudos, mojándose sobre las baldosas rojas del patio. 

Oscureció…

***

Entré tarde a la cama y soñé escenas de aguas, de bondad y humildades. Mi estado onírico hizo un collage de vivencias disímiles. Y perdoné hasta a los que no saben de disculpas. 

***
La mañana arrancó fresca, tranquila.
Son las tres y media de la tarde del 19 de febrero.
Acabo de enterarme: es el año nuevo chino.

Y con el cuerpo plantado en Occidente, me siento Oriente.


***


Posdata de libre albedrío sobre la relación Oriente - Occidente. 
El mito lakota de las Cuatro Flechas 
(o una explicación de por qué nuestro mundo anda partido en cuatro)

"Según este mito, que me contó mi amigo y hermano espiritual Aurelio Díaz Tekpankalli, jefe espiritual de la Iglesia Nativa Americana de Itzachilatlan, hace mucho tiempo, la humanidad entera era una sola y misma familia, unida por una conciencia común. Los jefes espirituales tuvieron una visión según la cual la humanidad tenía que dividirse en cuatro partes con el fin de que cada una de ella explorase un determinado aspecto de la condición humana. Así, fueron lanzadas cuatro flechas mágicas hacia las cuatro direcciones cardinales y la gente, dividida en cuatro familias, recibió el encargo de ir a buscar esas flechas y de volver al centro común. Los que siguieran la flecha lanzada hacia el Norte deberían explorar y desarrollar la inteligencia racional, los que siguieran la flecha lanzada hacia el Sur, deberían explorar y desarrollar la conciencia corporal, los que siguieran la flecha lanzada hacia el Este, deberían explorar y desarrollar la conexión con el Espíritu, los que siguieran la flecha lanzada hacia el Oeste, deberían explorar y desarrollar el Corazón o los vínculos emocionales entre todos los seres. La visión incluía una profecía: la nueva Humanidad surgiría cuando las cuatro familias volvieran a unirse para poner en común el fruto de su exploración y de su desarrollo. Para los jefes espirituales lakotas de la actualidad, el siglo XXI es el momento histórico en que la profecía va a realizarse"www.concienciasinfronteras.com/PAGINAS/CONCIENCIA/dokusho_orientoccid.html



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