lunes, 21 de septiembre de 2015

El tiempo del silencio y el tiempo de las flores

septiembre (15, 13 y 21)


15:
¿Qué desearte?
Que te  adornen de belleza
que ojalá te amen tanto como para llenarte la cabeza de flores
(como mis hermanas lo hacen conmigo)
la pancita, de cómplice calor
se rían con tu risa
lloren ríos con tus angustias y tus alegrías
que por el cuerpo te pasen todas las estaciones
y sientas este descascaramiento y follaje cíclicos


13:
arrojarse a nadar ríos ondulantes

Puede asustar la corriente,
el cauce vertiginoso del agua,
tan siamesa de la sangre.

(Oíme, que somos parte de algo grande
70% de agua en el mundo / cuerpo)

Antes de la primera palabra
el cuerpo se enfría
por un segundo, el pecho se comprime
(adrenalina. desnudez. compuerta abierta)

A cien por el ripio, es bueno decirse:
voy a largar, a largarlo todo...”
y la compuerta que amaga a cerrarse con toda la fuerza de la clausura.
Pero no. No nacimos para acumular nudos.

Empiezan a salir
las palabras como bálsamos /
aloe vera fresca sobre una quemadura
suave néctar haciendo de las suyas

los hombros se aflojan
la voz se templa
y ellas, las palabras, agradecen que las saboreemos en nuestras lenguas
y las reguemos donde quieran llegar

como semillas
a las palabras
hay que plantarlas
sin especular cuánto puedan crecer esas raíces

nuestro deber-ser es canalizar la palabra
decir la palabra
amarla y rendirle tributo:
soltándola

***

Sujetar una es contener un ciclo.
Guardarla debajo del colchón
o la garganta:
enferma

Y yo estoy con la primavera a flor de azahar,
con el patio que me explota de pieles nuevas.



Frente a tremenda evidencia
me rehúso a contener cualquier cosa.

El invierno es tiempo de guardar,
pero hoy, ya no...
Por acá son días de rebrote

El sabio calendario agrícola, nos susurra, que ahora es tiempo de la palabra al aire. De abrir las puertas a la brisa perfumada, desabrochar el saco y dejar salir el olor de la piel entibiada al sol.

21
Mamá se da cuenta que soy de varias estaciones, como los limoneros con los que convivo, y dice: “Naciste un 21 de junio y te engendré un 21 de septiembre. En vos están las dos: invierno y primavera. Dual y extrema”.

Esa analogía suya fue me saca varias sonrisas. 
Y ayuda a entender por qué atiendo al tiempo crudo del despojo y me sumerjo a la introspección cuando a los arbolitos no les queda ni una hoja prendida. Por qué despierto como despierto en época de rebrote y necesito -imperiosamente- dejar atrás el silencio para reabrir con un grito de vida / el tiempo de las flores.

Entre invierno y primavera parece haber un abismo, aunque sean ciclos continuos. Y hay algo de esa aparente oposición complementaria que me seduce. Igual que para sentir al día, necesito saber de la noche; es en la latencia y germinación del invierno que engendro la potencia de la semilla por crecer.

Y en los días previos a la primavera (el 17, en una fecha que para muchos en el mundo tiene la forma de un año nuevo), abrí las compuertas de mi invierno. Igual a los limoneros que conocí hace 12 meses, cuando el perfume de los azahares me llevó hasta el fondo del patio y hubo algo entre nosotros que hizo que nos elijamos al instante.

Hoy les digo a mis amados limoneros que en ese momento no sabía que también soy especie de varias estaciones, que seguro ustedes sí lo notaron cuando me vieron y pulsaron su energía para que convivamos. Les cuento lo que mamá dijo recién, ellos bailan un poquito en el viento y me gusta creer que están asintiendo, mientras sacuden las flores del aire que fui colgando en sus ramas, como metáfora de nuestros encuentros.

Estamos cerca a despedirnos, a agradecer el tiempo compartido. 
Pronto van a ser otros cuerpos los que se bañen con sus jugos. 
Convivir con ustedes fue y es una gloria. 
Observarles -silenciosa- en ese recorrido cíclico de etapas, 
es de un aprendizaje hermoso.

***

Me llevo todo este jardín en los ojos,
toda esta sab(v)ia vida en el cuerpo.
De aprender del tiempo necesario del silencio

para que vuelvan las flores.

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