viernes, 25 de septiembre de 2015

anidar los símbolos


I
Hoy me trajeron dos libros a casa. En realidad, me trajeron muchos más. Pero sólo vi dos hasta ahora. Hice lo de siempre. Jugué el juego de pasar las páginas con los ojos cerrados, hasta que alguna sensación indescriptible detenga mi dedo sobre alguna y entonces ése -y no otro- es el mensaje que tengo que recibir de ellos en este lugar y este tiempo... 

II
(Ahora que me esfuerzo en describir el juego para que alguien lo entienda, o para que a mí me quede el registro simplemente; me acuerdo que hace poco me hablaron del I Ching. 
Fue una noche que andaba obstinada en develar una escena de un sueño muy narrativo que tuve. Un sueño con tantas imágenes que, además de escribir, tuve que dibujarlo. (Y lo guardé en una botella hasta que algo o alguien sienta abrirlo. Pero esa historia del sueño completo y la botella, mejor la cuento después).
-Un gitano andaba caminando por un camino de tierra de América del Sur con tres monedas; tres monedas era todo lo que tenía y quería trocarlas...


-El Ching, dijo la Maga con naturalidad; volviéndose ante mis ojos como un tótem de revelaciones.
-¿Qué es? ¿Cómo? ¿También tres monedas? Quise saberlo todo. El corazón me galopó.

Y en la ronda había dos especialistas. Tomás y Mariana se conocieron así, compartiéndome el Oráculo. Lo que entendí es bastante parecido a lo que hago con los libros, pero con monedas de 5, 10 o 25 centavos... Importa que sean todas del mismo número. Una las arroja 6 veces y anota los números o escudos que salen de cada tirada y hace una raya. A mí me lo contaron así: “los números valen 2 y los escudos o dibujos 3. O sea que si tirás y te toca: 10 centavos + 10 centavos + escudo, el número es 7. Y 7 es impar, o sea 'impartido'. Tenés que hacer una línea única. En cambio si tocan 6 u 8, es par, línea partida”. 
Esas tiradas forman hexagramas con respuestas que pueden buscarse en un libro o acá. Hay un camino más cortito, pero se pierde la zarpada búsqueda entre las líneas. Si la memoria no me falla, cosas que pasa seguido, mi primer tirada dio 22, la gracia y 55, la abundancia).

Una tirada sería así:
6° tirada: 10cvos + 10 cvos + escudo:  7 -----------------------
5° tirada: escudo + 10cvos + escudo:   8  ---------     ----------
4° tirada: 10cvos + escudo + escudo:   8  ---------     ----------
3° tirada: escudo + 10cvos + 10cvos:   7  ----------------------
2° tirada: escudo + escudo + escudo:   9  ---------     ----------
1° tirada: 10cvos + 10 cvos + 10cvos: 6  ---------     ----------

Este ejemplo, inventado para la ilustración, dio: 52, el reposo

III
Volviendo a los libros. Me gusta sentir esa conexión con ellos. La verdad es que necesito sentir conexión con cualquier cosa o persona que me encuentre; si no pasa enseguida empiezo a pensar que ahí no debo estar. Por eso me bajo del juego con los libros humedecidos, los que tienen las hojas pegadas. Porque sí, tienen mensajes para darme; no hay dudas. Pero si les cuesta dármelos y yo que de oficio no soy cerrajera: significa que no es nuestro momento. Porchia me mató y revivió con una frase desde que se la leí en 2007: “Te ayudaré a venir si vienes y a NO venir si no vienes”. (Y sí, las mayúsculas son mías, porque con amarreteadas -o miedos de por medio- me pongo guardiana como perra recién parida).

Es cierto que de a poco voy aprendiendo a restaurar libros, pero lo hago siempre que tengan voluntad. 
-¿Y cómo te das cuenta que un librito quiere que lo restaures? Me pregunta alguien, riéndose un poco de esta ocurrencia.
-No sé. Lo siento o no, conectamos o no. No te lo puedo explicar con letras, es conciencia táctil.
¡¿Para qué?! Esa respuesta me vale la gozada del año. Hasta que la risa se vuelve cosa plural, que es como abrir la compuerta de un río contenido. 

CC. Creatividad Común o Cuestión de Conexión: es es la más sincera definición de amor que aprendí a darme hasta el momento (Y de paso, ya me parecen medio hermanas o del mismo clan).
lo compartido, lo colectivo, lo comunitario

IV
Pero estaba hablando de los libros. Y de abrirlos entregada a un estado que ni por asomo es azar. A ése no le creo ni un poquito la pose de sorpresa despreocupada y entonces prefiero develarlo: es conexión o no.  
Creo, en cambio, en el compromiso profundo con el juego. Con ese juego que es de pura y mutua entrega, donde no existe el carteo ni hace falta lapicera para anotar puntos porque quienes lo jugamos, sabemos que no nació para que alguien lo posea o se lo gane. Y esa es, además, la mejor manera de querernos. 

V
(-Ahora después de tanto filonaufragar, ¿vas a ir al grano...?)

Los libros que me trajeron: poesía de un hombre que me conmueve y otro con ejercicios de clown
Libro 1, sin número de página: “Y construí tu rostro / Con adivinaciones del amor, construí tu rostro / me oculté del mundo para tallar tu imagen / para poner dulzura en tu saliva / te describía por mi sangre / Años y años trabajé para hacerte, antes de oír un sólo sonido de tu alma”.

Libro 2, página 65: “Los autos chocadores. Todos se mueven por el espacio libremente. Deben ir al lugar que tienen enfrente pasando por el centro del espacio. En la concentración, hay que evitar golpearse. Hacen esto varias veces, saludando, agrediendo con la mirada, en cámar lenta o veloces. La última vez que pasen por el centro, imaginen que van en un autito chocador. Y, además, podrán golpearse,  pero  rebotando con la protección de goma que esos autos tienen. De ahora en más, se trata ya de jugar a esa atracción de manera libre...” 

(Y mi imaginación completa)
… de saber que podemos golpearnos cuando ya no queremos
(o no necesitamos) hacerlo.

VI
Los libros / las manos / los oráculos / el adolecer de un choque innecesario y la claridad para elegir cuándo y de qué manera jugar a los autitos chocadores, a tallar un rostro, al I Ching, a restaurar lo estropeado por los años o el agua o el miedo.

VII
Que no hay amor verdadero 
ni en el corazón de un poeta ensimismado, 
ni en el de un clown extrapolado.

Y que el azar es miedo hecho verbo. 

Y en este viaje /de entera entrega / 
vale sólo la conciencia de las yemas.

Porque esa, esa es la mejor manera de jugarnos
y anidar 
el nido viajero ¡existe!


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